Diálogo con un “cineasta intuitivo”

Leandro Maceo • La Habana, Cuba

Fernando Pérez no precisa introducción. Su última entrega: La pared de las palabras, desde la lejanía o la cálida recepción de cada espectador, nos presenta bajo su atinada dirección una realidad ignorada no pocas veces por la propia correlación de fuerzas que se establece en una sociedad como la nuestra; habitada por mesuras y torpezas, por placeres y angustias, por cuerdos y locos.

La pared… le ha dado nuevamente la posibilidad de expresar desde el arte que conoce lo que piensa mientras camina; lo que respira mientras reflexiona; lo que anhela cuando no está.

A través de ese suspiro más hondo, de ese grito sujeto a la superposición de primeros planos rompe la inercia y se echa a andar. Se enfrenta a la ilógica, al desenfreno y al padecer más ajeno y cercano. Se inclina ante los límites más insospechados, mientras la vida pudiera parecer un sinsentido o aquella fábula absurda que se fue con aquel viejo conocido que ha doblado la esquina sin rumbo previsible.

Fernando dice no ser portador del don de la oratoria, pero pierde los miedos. Está resuelto a acompañar los primeros pasos de esas palabras sin voz, de ese encuentro devorador con quienes pudieran o no leer lo que se esconde detrás de cada pared que se levanta en el audiovisual, en tanto —dice— presente a toda una amalgama de semejantes.

¿Qué lugar ocupa la dirección de actores en la película?

Para mí era la línea central. Siempre que hago una película trato de definir cuáles son sus ejes  fundamentales y en este caso sabía desde el inicio que el trabajo de los actores era el que iba a inclinar la balanza y marcar el horizonte. Si fallaban los actores la impresión de realidad no iba a lograrse y por lo tanto el espectador no podría identificarse con un mundo muy difícil y complejo de caracterizar como es este de una institución psiquiátrica y de discapacitados. Desde la etapa de prefilmación el trabajo en este sentido fue muy intenso.

En el caso del protagonista, Jorge Perugorría, no solamente fue su preparación física, pues tuvo que someterse a una dieta muy rigurosa que él cumplió hasta los límites permisibles bajo control médico. Incluso, cuando llegó a un estado de meseta en el que no bajaba más, quería continuar y el médico
se lo prohibió. Pero no era su deterioro físico lo mas importante, sino la intensidad de su detrimento espiritual, de no comunicación, y eso lo llevó a un periodo de concentración muy fuerte, el cual le agradezco.

Imagen: La Jiribilla

Por otro lado Isabel Santos, quien interpretó el personaje de la madre de Luis, el protagonista —también sujeto a una ardua preparación— logró sacar vivencias y memorias emotivas para este trabajo.

Imagen: La Jiribilla

Con similar suerte corrió Laura de la Uz, quien tuvo que ir armando y caracterizando el personaje de Orquídea a partir de referencias y visitas durante un tiempo a distintos sanatorios y clínicas para estudiar el comportamiento de casos esquizofrénicos.

No quiero dejar de mencionar a un grupo de diez actores con los cuales conté para interpretar a los pacientes de la institución donde está internado Luis. Aunque los conocía de trabajar con ellos en otras películas interpretando pequeños papeles, por primera vez hicimos equipo en un sistema distinto. No les di a leer el guión. Cada uno buscó la caracterización de su personaje. Fuimos un día a La Quinta Canaria, donde descubrieron ese mundo  y se asomaron a algo que no conocían. Buscaron su par e identificaron cuál sería el patrón que interpretarían. Ellos mismos les pusieron nombre, fueron armando todo, tomaron de uno y de otro, pasaron un tiempo allí y llegado un momento cada uno era su personaje, pero sin saber en qué situación se iban a encontrar. Eso lo supieron el mismo día que iban a filmar e improvisaron de acuerdo a lo que estaba ocurriendo con los actores principales. Creo que fue una labor muy enriquecedora para todos.

Imagen: La Jiribilla

Está además la colaboración de Maritza Ortega, quien no es una actriz profesional. La encontramos en la institución de La Castellana. Ella había tenido experiencia en algunos documentales e interpretó un personaje que en el guión se llamaba Anita, pero que al descubrirla se quedó con su propio
nombre. Improvisamos mucho, no trabajamos los diálogos exactamente como estaban escritos, pues dimos rienda suelta a su espontaneidad y emotividad, y creo que su sensibilidad e inteligencia quedaron reflejadas en la película.

La pared… se levanta sobre una historia sólida, bien concebida. ¿Cómo surgió el guión de la misma?

Surge porque Jorge Perugorría me llama y me dice que tiene una vecina escritora, Zuzel Monné, quien había escrito un cuento y convertido en guión. Él me propone dirigir la película si le permitía interpretar al
personaje protagónico. Conocí a Zuzel, leí el guion, me interesó el tema —el cual nunca pensé tratar porque tenía mucho que ver conmigo y con experiencias personales— y creo que ese fue el impulso. Le pedí a la autora retrabajar un poco el texto para personalizarlo, incorporar otros elementos y juntos lo hicimos. Una vez que estuvo concluida la historia concebimos la película.

La intensión mía era armar una propuesta que fuera clásica desde el punto de vista narrativo, no que tuviera demasiados elementos simbólicos o metafóricos, sino que permitiera trasmitirle al espectador una impresión de realidad, de que eso que estaba en la pantalla podría haber ocurrido u ocurrir en ese momento. El guión se trabajó en esa perspectiva.

¿Es La pared… una película a la incomunicación?

Pienso que tiene varios temas: el de la discapacidad, el dolor, los límites del sacrificio, el cómo una familia puede devenir disfuncional cuando uno de sus miembros es un discapacitado y cómo en el centro de todo eso está el conflicto de la comunicación humana, porque este último está en el centro de la vida. El cómo nos entendemos a nosotros mismos y a nuestros semejantes y cómo podríamos expresar nuestras emociones en su complejidad. Si lo logramos o no, si las palabras nos sirven para ello. Sobre todo cuando el personaje protagónico no puede usarlas. ¿Pero las familias que sí tienen las palabras pueden entenderse?

Imagen: La Jiribilla

Quisiera que aun cuando los tres miembros principales (hermano, madre y abuela) no estén de acuerdo y haya un choque entre ellos, el espectador sintiera que todos tienen razón; porque no siempre las palabras logran expresar esas razones y llegar al entendimiento. A veces la comunicación humana podría ser más intensa a través de las emociones, pero lo olvidamos. La película intenta explorar ese paisaje  contradictorio, no sé si lo logra, pero va en esa vía. También —sobre todo para el espectador cubano— podría establecer asociaciones a una lectura no solo micro de lo que está ocurriendo en esa familia, sino mucho más amplia, más general del contexto nuestro.

Hablamos de su primera experiencia en el cine independiente. ¿Fue ese siempre su propósito?

Antes de que naciera el proyecto tenía la intención de que mi siguiente película fuese hecha de manera independiente. Cuando Perugorría me llama y me comenta su idea vimos que tenía la posibilidad, por sus características, de hacerlo así. No era histórica, no comportaba grandes recursos y así fue que encontramos un financiamiento mínimo.

Desde que este fenómeno surgió con la evolución de la tecnología y la aparición del digital —el cual es una modalidad no exclusiva de los jóvenes— siempre lo defendí como una manera de dinamizar nuestra producción cinematográfica y diversificarla. Sentí que llegaba el momento de no solo defenderla en teoría, sino en la práctica, así como de renovarme en toda esta dinámica. Era también un sueño compartido con Camilo Vives, quien fuera productor del ICAIC y no alcanzó a verlo realizado. Era la hora de empezar a navegar por esas aguas que son turbulentas y que nosotros estamos reclamando que haya un cauce con la participación de los cineastas. Ese cauce se llama Ley de Cine, la cual pueda regular, desarrollar y hacer que fluya con naturalidad el desenvolvimiento del audiovisual cubano.

Hacer cine independiente hoy en Cuba no debe identificarse como algo que va en contra de la industria, sino todo lo contrario. Es una práctica que diversifica las modalidades y que esta debe asimilar, entender y promover. Sé de muchos jóvenes que quisieran hacer una película con el ICAIC.

Es hora de reconocer ese fenómeno indetenible, el cual debe tener sus regulaciones y decretos leyes. Es justo lo que estamos planteando los cineastas de todas las generaciones; y en el horizonte de este  camino, la promulgación de una Ley de cine que realmente actualice al audiovisual cubano con la participación de todos.

Ha dicho haber hecho siempre las películas que ha querido. ¿La pared… también responde a dicha afirmación?

Digo con la tranquilidad más grande del mundo que me reconozco en cada película que he hecho, con lo cual no quiere decir que sean propuestas logradas o no desde el punto de vista estético, pero sí son las que he querido hacer. Puede ser que con el tiempo esté menos conforme con algún resultado, pero cada una es lo que fui y lo que logré hacer en ese momento.

Imagen: La Jiribilla

La pared de las palabras es la película que acabo de hacer y en ella me reconozco. Falta un paso  todavía: la participación o no de los espectadores. A partir de ahora ella comienza a vivir y el tiempo dirá si esa película nueva en la que yo me reconozco podría formar parte también de esa conciencia colectiva que es el espectador cubano, quien es para mí el mejor. Si por algo hago películas es para que este público las vea.

En el cartel se puede leer: “una película cubana de Fernando Pérez”, ¿Responde ello a una cuestión de diseño o lo motiva alguna razón en particular?

Es porque tiene que estar. El afiche lo hizo un vecino (Jorgito), quien estudia diseño en el ISDI, se entusiasmó con la película y quiso hacer el cartel. Una propuesta que me gustó porque es novedosa y distinta. Él me dijo vamos a poner esto y aquello; y yo le dije espontáneamente pon una película cubana y ahora tú me haces pensar en el por qué. La razón no es otra que porque mis películas son cubanas, me siento cubano y este es mi lugar en el mundo. No se decirlo en palabras, solo quería que fuera así.

Aun cuando hablamos de una película auténtica, La pared… vuelve a elementos recurrentes como el mar, La Habana… ¿manifiesta ello alguna especie de enigma que lo habita como creador?

Creo que cada película es única en sí misma. Siempre trato de plantearme cada nuevo intento buscando descubrir cuál es su propio significado y el por qué lo estoy haciendo. Es un estado que he calificado como de la zozobra, donde uno empieza a buscar hasta encontrar dónde está la brújula, algo que lo guíe en el proceso creativo, y así van surgiendo las cosas.

Me siento un cineasta muy intuitivo. Soy racional, tengo un rigor también profesional y parto de los principios de la dramaturgia, pero me dejo llevar por la intuición y muchas imágenes surgen a partir de ello.

También están aquellos elementos que siento que tienen que estar y los busco: el mar, la lluvia, lugares de La Habana que por su visualidad pueden tener una carga metafórica…Todo eso es un cúmulo de vivencias que van conmigo en mi vida diaria y que trato de convertirlas en cine. No es que me siente y diga ahora tengo que poner 25% de mar o de lluvia y un tren que pasa. Son retratos que vienen sobre todo en el trabajo de diseño del guión técnico de la película, con el fotógrafo Raúl Pérez Ureta, quien es los ojos con los que filmo y muchas de esas imágenes le pertenecen.

¿Por qué insiste en que nos deja una película para sentarse a verla?

Siento que hay películas que pueden convertirse en un espectáculo. A mí me gusta también este tipo de cine y de hecho e incursionado en el género de acción también. Pero hay otras que no, que por su carga de contenido y su forma narrativa requieren un estado de ánimo especial del espectador para verlas.

Siento que La pared de las palabras no parte de la idea de ser un espectáculo, es una película que trata de comunicarse con un espectador que esté dispuesto y preparado para aceptarla como propuesta artística. Pienso que la atmósfera y la manera de asomarse a ella son importantes, pues condicionan y determinan su asimilación.

Comentarios

Dónde podemos verla? Se presentó en el festival de cine, pero en estos momentos la están poniendo en algún cine?

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