Notas sobre Mundo paripé, de Inti Santana.

Alegría yace lejana

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba

Algo se ha escrito ya sobre Mundo paripé, disco de Inti Santana producido por Bis Music y Premio Cubadisco 2014 en la categoría de Trova, fonograma donde la calidad de los arreglos no riñe con los presupuestos ideológicos del disco, virtud más bien extraña entre nosotros. No se juega aquí a montar ideas de última hora sobre fórmulas musicales de probada efectividad, sino que se somete creativamente la imaginación musical para respaldar una docena de canciones muy valiosas, que testimonian la trayectoria de vida de un artista interesado, primero que todo, en desentrañar los principales conflictos existenciales de su tiempo. Esta loable intención y su exitosa puesta en sonido, por un lado agregan notable valor al producto y por el otro condicionan negativamente su alcance, en tanto lo desmarcan del planeta pop en que se ha convertido la circulación musical en Cuba.  

Imagen: La Jiribilla

Los que hemos tenido la oportunidad de disfrutar durante varios años algunos de estos temas, bien gracias a conciertos y descargas o a través de compilaciones y antologías, percibimos claramente aquí otra vuelta de tuerca en lo que a elaboración musical respecta, lo cual resulta muy importante si tomamos en cuenta que se trata de una pléyade de formidables músicos, enfrentados a un repertorio complejo, que indaga con frecuencia en lo social y hasta en lo directamente político, sin coqueteos ni concesiones en un sentido u otro, todo ello mediante letras de sintaxis y vocabulario netamente urbano, sin poses intelectuales ni cosmopolitismos impostados. Increpado sobre el tema por el periodista Roberto Reyes, para Trastienda musical, Inti valora el proceso como “un trabajo de canción de autor, donde los temas desde su composición aceptan el reto del arte, no evitan profundidades, donde hay una idea muy personal que defender, una manera de decirla, una estrecha relación entre la letra y la música, una búsqueda de lo inédito, un rechazo al cliché (…)”. De cualquier modo, lo que más llama la atención en Mundo paripé es la coherencia de la selección y organización de los temas, así como la urdimbre de referentes musicales y culturales que arropan a las diferentes piezas. Aun cuando se trata de una denuncia explícita a tanto paripé musical y social que nos acompaña y condiciona hoy, la estrategia discursiva es siempre muy controlada, al punto de que jamás un argumento, por fuerte que sea, elude la excelente factura artística que  caracteriza al fonograma.

En relación con sus posibles referentes, Mundo paripé nos remite una y otra vez al universo compositivo de Noel Nicola, proponiéndonos esa canción ríspida, de sonoridades difíciles, donde lo contextual tiene a veces más sentido que la narración misma. Estas resonancias alcanzan cotas delirantes en un tema como Son oculto, contentivo de la tesis principal del disco y pletórico de formulaciones irónicas sobre un tema tan venido a menos entre nosotros y tan caro a los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova como el papel del artista en la sociedad. En esos mismos términos de negociación con el legado trovadoresco que usufructúa Inti, resulta imposible no relacionar una composiciones con otras ni desconocer la equivalencia entre aquel “quise esconder mi alma pero se me ve” de Nicola y el “hoy me sorprendí picando el colchón, ocultando las miserias de mi alma” que nos propone Santana. Solo que la paráfrasis es aún más rabiosa que el original y aquel sentimiento originario de purificación a través de la culpa y de puesta en sintonía con la naciente sociedad, se trasmuta hoy en gesto heroico, casi suicida, plenamente consciente de su marginalización dentro del nuevo contexto; lo cual queda magistralmente resumido en la frase que cierra el tema y da paso al coro: “de intentar borrar la noche la luna se me gastó”.

Hay también en este disco un regusto por lo bufo, por la caricatura como subrayado esencial de lo vivido, lo cual se hace visible a través de la manipulación irreverente de elementos de la tradición como la recurrencia al coro, negándole de una vez su tradicional carácter de colofón festivo a las más dolorosas penas. Por eso aquí los coros no están demasiado atentos a los pies de rima ni se entregan del todo a la reiteración no incrementativa de una misma frase, sino que tienden a la variación sutil de contenido y forma y abrigan guías tan ajenas a la convención como atentas al mensaje ideotemático principal de la canción. Por si fuera poco, la recurrencia al clarinete como instrumento melódico principal (encomendado al excelente instrumentista Ernesto Vega), implica de por si un distanciamiento de lo estrictamente festivo y evoca directamente aquellas formaciones musicales del teatro vernáculo, donde la música, además de amenizar la velada, cumplía una insustituible función dramática. Y no es que se renuncie del todo a instrumentos brillantes y festivos como la trompeta, el saxofón y el tres, que de hecho se incorporan exquisitamente en varios temas, sino que se transfiere su tradicional predominio a la omnipresencia melosa de la madera, más coherente con la hondura filosófica de lo cantado.

En términos de escritura poética, no puedo pasar por alto un tema como Cerro 20 Miramar,  poema urbano con hallazgos de síntesis verdaderamente envidiables en el que se toma como pretexto la función social del arte para indagar en la dicotomía arte-mercado y las relaciones entre individuo y poder. Aquí la ironía alcanza su máximo grado de exquisitez cuando una historia cotidiana, ambientada en una ruta 20, en pleno mediodía, saca a relucir lo mejor y lo peor de cada viajero y, al mismo tiempo, pone a elegir al artista-intelectual entre el compromiso con su realidad y el atajo siempre visible hacia el jardín azul,  donde acaso “no tenga que librar con el dolor plural”; todo esto en un ambiente musical de bolero, con alusiones sarcásticas a la fórmula orquestal explotada en su día por el cuarteto Los Zafiros.

Se ha hablado mucho de ironía y sarcasmo para referirse el tratamiento que se le otorga a la realidad en algunas de las canciones de este disco pero, curiosamente, todos los textos hasta ahora publicados matizan aquella actitud con el compromiso probado del autor. Importa mucho aquí que las críticas siempre partan del auto cuestionamiento y la exposición transparente de las limitaciones y carencias del que narra, en tanto vocero y a la vez sujeto de los procesos evaluados. Este acto de fe alcanza un punto climático en Yambú de partida, tema donde se opta por abandonar aquello que no se desea traicionar. Aparentemente circunscrita al ámbito de la pareja, la canción va evolucionando y extendiendo sus límites, hasta cuestionarse la partida como fenómeno generacional e indagar, si bien desde la poesía, en las posibles causas del problema.  Aunque tiende a pasar inadvertida por su ritmo más bien lento y su ubicación hacia el final de la lista, me atrevo a sugerir especialmente esta composición y su arreglo, ya que la considero entre lo más sublime del fonograma.

Finalmente, me permito una pequeña digresión para hablar de Inti como uno de los cantautores que más ha peleado por articular un espacio coherente para la promoción de la trova en Cuba, sin ningún complejo de inferioridad con respecto a otros géneros y estilos musicales. Todos los espacios impulsados hasta ahora por él y su inseparable Mary Hue Fong, han pretendido crear escenarios donde el espectador acuda no solo ni exclusivamente a escuchar canciones. Esta vocación de riesgo les ha distinguido de otros emprendimientos, también muy valiosos, pero que circunscriben la canción de autor a escenarios rituales, muy similares a un teatro o sala convencional de  conciertos. En cambio, peñas como Sol Sostenido, que duró seis meses en El Barbarán y La Tanda, que duró seis años en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, del ICAIC, han apostado por ambientes más cercanos al centro nocturno, convocados desde la creación trovadoresca, empeño que bien merecería mayor atención desde lo institucional, como ha ocurrido ya con espacios como El submarino amarillo, el Café Brecht y la Fábrica de Arte Cubano

Habría mucho más que decir sobre las composiciones de Inti Santana y su producción musical, compartida con los maestros Alexis Bosch y Emilio Martiní, a partir de otra valiente apuesta de José Manuel García; pero he preferido apuntar solo las aristas más visibles de un disco que considero valioso y original como pocos y que ubica a su autor entre lo más relevante de la cancionística nacional. Probablemente ni siquiera Inti sea consciente hoy del reto que impondrán a su creación futura las cotas expresivas alcanzadas por este su Mundo paripé.

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