Hacer irreversible cada paso

Elson Concepción Pérez • La Habana, Cuba

Mientras desde el Vaticano el Papa Francisco calificaba el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos como “un hecho histórico”; y por todo el planeta se recibía la noticia con expresiones de júbilo y aprobación; un congresista norteamericano acusaba al presidente Obama de haber “cometido un grave error” y cuatros trasnochados cubano-americanos en Miami, salían a la calle 8 de esa ciudad para hacer una protesta mediática, que incluía ofensas contra el mandatario del país que los acogió al abandonar la tierra que los vio nacer.

Estas dos formas de mirar una misma noticia, son expresión a la vez, de las complejidades de la política y las formas de interpretación.

No hay dudas que la liberación de los tres héroes cubanos —Ramón, Antonio y Gerardo— que, luego del regreso de René y Fernando, permanecían en cárceles norteamericanas por injustas y prolongadas sanciones, ha sido para los cubanos y para muchas otras naciones, el hecho más trascendente y feliz con el que se pueda celebrar esta navidad y el fin de año, y recibir el 2015 con anhelos de que lo acordado ahora, trascienda el tiempo y se materialice en bien de todos: cubanos, norteamericanos y ciudadanos de otros estados.  

La emoción de la noticia. Las lágrimas de felicidad de un pueblo que durante 16 años estuvo exigiendo el regreso de sus hijos a la Patria y ahora verlos llegar y abrazar a Raúl y mandarle saludos y nuevos compromisos a Fidel. Reencontrarse con madres, esposas, hijos, amigos, vecinos, son hechos que perdurarán en los corazones de un pueblo que luchó por sus héroes; de una madre que no quería “partir” antes de volver a abrazar a su hijo y de una joven a la que nunca se le permitió visitar a su esposo mientras estuvo encarcelado.

El regreso de Gerardo, Ramón y Antonio estuvo acompañado de otras noticias de gran impacto nacional e internacional.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas, la mirada más realista por parte del presidente norteamericano Barack Obama respecto a los más de 50 años de bloqueo y otros anuncios de acciones contenidos en su discurso, pueden abrir el necesario sendero de la normalidad en los vínculos bilaterales.

Dominar lo que Raúl llamó “el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”, puede y debe conducir a una política inclusiva, soberana y con verdadero apego al derecho internacional y a relaciones mutuamente ventajosas.

Obama parece entenderlo así cuando se refirió a que “en aquellos aspectos en los cuales no coincidimos, abordaremos esas diferencias directamente”.

Se trata de una diplomacia difícil pero no imposible. Solo que en estos casos no puede ser la prepotencia ni la imposición, las banderas que se levanten para llegar a una meta donde todos seamos vencedores.

No será la primera vez ni la última en la que el raciocinio necesario en todo diálogo, predomine por encima de arrogancias al estilo de la época colonial en la que las metrópolis se sentían “dueñas” de la verdad única.

Es mejor dedicar tiempo, esfuerzos y recursos, a evaluar lo que han significado más de cinco décadas de bloqueo económico y financiero y de falta de relaciones civilizadas entre dos países separados por un mar que bien puede ser de riqueza y comunicación al servicio de uno u otro pueblo.

Dentro de los mecanismos de la política norteamericana, algunos de los pasos proyectados y anunciados la víspera por el presidente Obama respecto a Cuba, todavía tendrán que atravesar por irracionales posiciones de una ultraderecha con poder y con dinero, que pondrá todo tipo de zancadillasal mandatario de la Casa Blanca.

En su discurso sobre las medidas adoptadas y las conversaciones que sostuvo telefónicamente con el Presidente Cubano,el gobernante norteamericano se mostró seguro en la defensa de sus argumentos y en la necesidad de un cambio de política hacia la Isla.

Ahora, luego de tan prometedor comienzo, se impone hacer camino al andar, quizás con la necesidad de que cada paso que se dé, esté cimentado con la certeza de que los avances sean irreversibles.

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