Historias recientes de las dictaduras latinoamericanas

Amanda Velero • La Habana, Cuba

Con la historia del Ecuador de 1981 y la sospechosa muerte del presidente Jaime Roldós descrita por los realizadores Manolo Sarmiento y Lisandra I. Rivera se identificó el jurado del Premio Documental Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau para otorgar ese galardón a la obra La muerte de Jaime Roldós, uno de los 30 documentales en concurso dentro del 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y que también obtuvo el Premio Coral en el apartado de Documental de largometraje.

Imagen: La Jiribilla

De acuerdo con las características del premio colateral que anualmente otorga el Centro Pablo a “las obras que desde los más diversos puntos de vista y búsquedas estéticas hagan un aporte a los procesos de construcción y rescate de la memoria colectiva o individual y contribuyan a la comprensión y visibilidad de los retos actuales de nuestra sociedad, respaldando la apuesta por un futuro mejor”, los miembros del jurado integrado por Ernesto Pérez Zambrano, Carlos Orlando Pérez, Rodolfo Romero, Marian Quintana y Víctor Casaus, decidieron conceder además dos menciones a los documentales El futuro es nuestro, de Ernesto Ardito y Virna Molina y Manos unidas de Roly Santos, por los valores formales y testimoniales de ambos filmes.

Si bien cada uno de estos documentales profundiza en temáticas distintas, muy bien definidas por sus directores, las tres obras premiadas por el Centro Pablo reflejan a partir de diferentes historias las consecuencias de las dictaduras en América Latina durante los años 70 y 80 y el saldo de esos regímenes en el presente. En ese sentido, el jurado resaltó durante la entrega de los premios que tuvo lugar el pasado 13 de diciembre en la Sala Taganana del Hotel Nacional, “la abundancia este año de obras que visibilizan diversos aspectos de las luchas por la democracia y los derechos humanos, así como las marcas que dejaron en la vida de los pueblos latinoamericanos las dictaduras imperantes a lo largo del siglo XX, con énfasis en los archivos fotográficos, fílmicos y noticiosos, públicos o familiares, los que mediante las herramientas del diseño y el video digital adquieren una relevancia mayor como recurso expresivo, además de sus valores testimoniales”.

Asimismo, Ernesto Pérez Zambrano, presidente del jurado, explicó sobre los distintos aspectos a tener en cuenta por un comité con la doble misión de premiar una obra que presente altos valores cinematográficos y al mismo tiempo tenga un compromiso estrecho con la búsqueda de la memoria histórica de los países del continente: “Procuramos buscar aquellos materiales que tuviesen un equilibrio importante entre los contenidos y la forma, que estuvieran propiciando las búsquedas de nuevas maneras narrativas, más contemporáneas, y a la vez presentaran un argumento coherente con el sentido del premio y con las situaciones actuales que viven los países de América Latina y el Caribe, porque nos parece que no solo se trata del recuento histórico estéril, sino de tratar de localizar documentales que posibiliten la reflexión crítica sobre la realidad aunque partan desde la memoria”.

Luego de evaluar un grupo amplio y diverso de documentales presentados en esta 36 edición del festival, el jurado destacó en el acta la presencia de nuevas generaciones de realizadores que asumen con rigor y riesgo estético el ejercicio de la creación y la investigación, fundiendo ambas aristas dentro de filmes que, en reiteradas ocasiones, son narrados en primera persona como una indagación en la memoria colectiva e individual, tras claves para explicarse el presente y plantear interrogantes de cara al porvenir de sus países y del continente.

“Ha venido siendo recurrente desde hace ya algunos años —profundizó más tarde Zambrano— la existencia de documentales realizados por creadores y creadoras más jóvenes que están indagando en el tema de la memoria desde esta cuestión de ir a la búsqueda de los gérmenes de algunas problemáticas latinoamericanas, y en ese sentido es interesante el hecho de que aparezcan documentales que mezclan lo que en las ciencias sociales se viene llamando investigación-acción, y que en este caso pudiéramos definir como investigación-filmación, o sea que, al mismo tiempo que indagan, están registrando esa investigación y luego la filmación se convierte más que en un registro del hecho en una intervención sobre esa realidad, formando parte de los movimientos sociales o de protesta social que buscan en esa memoria anclajes para reivindicar determinados procesos”.

Por otro lado el jurado señaló la poca presencia de obras cubanas y de otras naciones insulares que indaguen de modo reflexivo y crítico en la memoria histórica de sus pueblos, sobre todo “teniendo en cuenta que cineastas de Cuba y el Caribe han prestado atención a esta temática en los últimos años, como se evidencia en certámenes donde participan las más jóvenes promociones de creadores audiovisuales de la región”.

 

 

 

 

 

 

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