Selección de poemas

Norberto Codina • La Habana, Cuba

Una cáscara de cebolla puede ser…

Una cáscara de cebolla puede ser
el atlas donde mi madre quiere descubrir mi paradero,
el destino que la hace llorar de un modo manso
por mi prolongada ausencia
mientras funda con sus provisiones
la sabiduría diaria de la cocina.
Esos recipientes, carnes y legumbres tienen de antaño
su código para los amores desdichados,
los hijos perdidos, los amigos muertos.
El cuenco de la cáscara,
la cifra y el fantasma
son detalles de la penumbra,
atributos de cada una de sus franjas de silencio.
El barro único se renueva
al explorar los impulsos hondos
que se adivinan en aquellos primeros hornos,
en aquellos primeros venablos,
en los pétalos de piedra convertidos
en herramientas de venganza.
Es la ruta del miedo
que descubrimos por los sentidos
al revelar el olor de la adrenalina del enamorado,
el tacto del ciego que teme a la soledad,
el paladar del enfermo que confunde los sabores.
La sequedad del alma que murmura
sus vicios y fracasos,
las pérdidas ásperas y los objetos queridos.
Queridos y tan raros como el marfil
de esa cáscara de cebolla,
delicada película con sus capas
que la mano de mi madre va separando
como la piedra filosofal en el espacio doméstico.

 

Tiempo libre

En la puerta de madera de doble hoja,
entre estos muros ocres,
están ordenadas las palabras en raros caracteres
que celebran la acogida a este extraño paraíso:
«No preguntes».
¿Cómo bregar con la muerte de la persona amada?
Pabellones dedicados al sueño,
a la nostalgia, al curso de las cosas elementales
que pueden desencadenar una borrasca
en el pozo del espíritu.
Noticias y rumores se dispersan sobre un papel delicado,
que flota y queda suspendido sobre el lomo del mundo,
los recodos de la lectura azarosa de los periódicos y los telegramas,
como los científicos que miden la pérdida de hielo
en millones de toneladas al año.
La devoción puede ser taciturna cuando es algo humilde y sin confusiones,
o transparente, por ser pulida y traslúcida.
Los árboles y el césped,
y las bacterias, y los ratones
y las aves acuáticas,
y los frutos podridos y el helecho pujante
declaran su cadencia particular.
Una música triste donde cada compás
es como el sonido cuando crecen las plantas
o mueren los insectos.
Una música para escuchar
en nuestro tiempo libre
aunque no tengamos mucho tiempo franco
como lo tienen el guardabosque o el torrero.
No hay frases sobre pájaros
que nos hagan felices,
ni filamento de la luz
que sea imperecedero.
Es en fin, el poco tiempo que tenemos
para todo lo que amamos.

 

A través de la filigrana del texto

En algún lugar
los prodigios de la luz en la superficie de la esfera,
fin en sí misma, sin aparente sospecha.
¿La esfera es la forma geométrica más perfecta?
Que vamos a dejar para nosotros
si el mundo no está completamente explorado.
Desde la época en la que los poetas como Casal
deslumbrados por las luces de la ciudad
de lo alto de las graderías contemplaban
la pálida y uniforme ausencia de color de sus piedras
donde surgen tonos calurosos, los tonos sepias
que usurpan sus florestas a la luz del verano
Como la resina que se encuentra
en la piel del ciervo,
recreamos en el universo
la tensión de la superficie del agua en un ambiente sin gravedad,
en ese diálogo entre el mundo misterioso del espacio exterior
con su tierra originaria,
donde nuestra presencia se reproduce
del lado salvaje de la vejez.

 

Cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde

Ángel Gaztelu

Es peligroso asomarse al interior, como cavilaron Buñuel y Dalí,
en esas contramarchas y periferias del alma
luminosas y ausentes como la corona boreal.
Solo nos asomamos a una mínima parte
de nuestra substancia interior,
pero basta ese breve atisbo,
íntimo y ligero
como la presencia de un pájaro.
El sonido de su nombre se escucha multiplicado,
suave y húmedo se desliza
en oraciones disonantes,
en letanías que se encadenan
en el cotidiano lidiar de la ciudad,
el ómnibus lejano con su ruido
como de bestia en celo.
Es un santuario fabricado con tus deseos,
leves e inciertos, traicioneros, como son los recuerdos.
Esta noche te sientes sencillamente triste,
con esa tristeza particular te confías
sobre la cama que compartimos
pero que tu respiración puede convertir en
jardín o páramo
donde tu tristeza me reconcilia en parte de ti.
La verdad se reconoce en su naturaleza,
más allá del detritus y las infidelidades,
cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde

 

El concepto de la vida

 

                                        Para María y Félix
Masud, hermanos.

                                         horas de tigre, de zorra,
y de cerdo
                                                   José Martí

Cómo diferenciar el resplandor pasajero
de la luz perdurable,
los frutos maduros de la naturaleza muerta,
de aquellos que se pudren en el campo.
Y el cuerpo atravesado de alambres
los ojos vacíos,
las piernas rotas
que puede ser una víctima o un espantapájaros,
como el joven gay linchado en un descampado
del Wyoming rural, que se confunde en el vapor del amanecer
mientras que yo, en el distante Illinois
en la calle Paulina Norte
de la lejana ciudad de Chicago
desayunaba cándidamente con mis amigos.
¿Qué sentido pueden tener en esas circunstancias exactas
la charla trivial, la hogaza deliciosa,
la lectura de ficciones maravillosas y sublimes?
¿Podemos amar o incluso jugar y especular
con los guarismos y con las estrofas al mismo tiempo
que la familia y los amigos desconocen su paradero?
Desde las entrañas del concepto de la vida
que repercute, supuestamente, en las distintas formas
de la matemática y la poesía,
de lo infinito del ser humano
hay escalofríos y golpes vallejianos
para el espíritu y la razón,
razonamiento severo y agónico para nosotros,
los románticos de siempre.
Misterios regresan como preguntas.
Necias y casi incompatibles con la sustancia humana,
cifras de la sinrazón y el alma
son las horas de tigre, de zorra, y de cerdo.

 

Ficha: Caracas, 1951. Poeta y editor cubano-venezolano. Desde hace veintiséis años dirige la revista de arte y literatura La Gaceta de Cuba. Entre sus libros de poesía más recientes están El leve viaje de la sangre (2013) y En el año del conejo (2014). En 2002 fue merecedor en Cuba del Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro. Ha recibido igualmente, en su país natal, la Orden Batalla de Carabobo en su tercera clase, y el Botón de Honor de la ciudad de Mérida.

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