El disco en Cuba

Entre aciertos y pendientes

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Pretender hacer de manera breve una valoración general del trabajo de las disqueras cubanas, en atención a tópicos como los nichos de la música que todavía desatienden, lo relacionado con los problemas para el quehacer promocional del fonograma, el rescate de obras patrimoniales, etc., resulta harto arriesgado y yo diría que casi imposible de acometer.

Imagen: <a href='http://www.epoca2.lajiribilla.cu/temas/jiribilla' title='temas/jiribilla'>La Jiribilla</a>

Y es que formular una exégesis en verdad rigurosa en relación con los aciertos y desaciertos del actual panorama del disco en nuestro país resulta un empeño mayor, digno de toda una investigación académica, al corte de la llevada a cabo por la musicóloga Xiomara Pedroso para la presentación y discusión de su tesis doctoral en el Instituto Superior de Arte y quien estudió lo que en la materia acontecía hasta 2009. De modo que yo solo pretendo referirme aquí a aspectos puntuales y que se han dado en el actual 2014, los cuales darían para escribir textos por separados.

De entrada, considero necesario dejar por sentado que el hecho de que varias producciones discográficas cubanas hayan logrado ser distinguidas con premios y nominaciones en certámenes internacionales como el Grammy y el Grammy Latino, no debería ser tomado como indicador del estado de salud del disco entre nosotros.

A la par con la anterior afirmación, no puede obviarse lo dicho por Ciro Benemelis, creador del Premio Cubadisco y quien alguna vez expresara: "Cubadisco ha propiciado el desarrollo de la industria discográfica y la promoción de la música cubana, ha llamado a una reflexión seria acerca del papel de esferas complementarias de la discografía como es lo concerniente a los derechos editoriales y autorales; un campo que francamente tiene una inmensa perspectiva. Se puede afirmar que invertimos para el futuro. El producto música cubana, por su calidad y la fuerza que gana cada día en diversos mercados merece este esfuerzo".

Admitir lo acertado del criterio de Benemelis, no debe conducirnos a que no nos percatemos de que las nominaciones y los premios de dicho certamen en muchos casos apenas son divulgados y que, tampoco es raro, que no pocas de tales producciones galardonadas permanezcan durmiendo un largo sueño en almacenes dada su casi nula o baja comercialización.

Sucede que una de las carencias fundamentales que daña al disco cubano es la ausencia en nuestro contexto de entidades  promotoras de músicos, que busquen nuevos talentos, que puedan seleccionar y luego invertir en ellos a través de campañas que ayuden a posicionarlos en el mercado, porque la solución no está en hacer un disco de determinado artista, sino en lograr ubicar ese producto en el consumo del público.

¿Cuántos de los productos discográficos salidos en el transcurso de 2014 en Cuba han tenido a lo largo de estos doce meses un recorrido meritorio o al menos digno? En realidad, si tuviésemos acceso a las cifras de venta podría comprobarse que son muy pocos los que han logrado en el período en cuestión una aceptable distribución y con ello, llegar a realizarse en el mercado.

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Para nadie es secreto que el mercado discográfico en nuestro país es inexistente, por lo que las posibilidades de un fonograma para ser comercializado dependen de lo que pase con dicho producto fuera del territorio nacional o en el llamado mercado de fronteras, es decir, el de los turistas. En ese sentido, resulta sencillamente asombroso que todavía entre nosotros no se hagan estudios de mercado en materia de discos, algo que es elemental en cualquier otro punto del planeta, pues todo producto tiene que adaptarse al contexto para el cual está concebido.

En tal sentido, seguimos sin hacer los llamados singles, que son los que posibilitan hacer un estudio de mercado y tener una idea más o menos clara de si un posible disco con ese artista tendría o no salida. Por lo anterior, en 2014 se ha continuado grabando álbumes y álbumes sin diseñarles una apropiada campaña de comunicación, que incluya video, making, reseñas o comentarios de prensa, y en fin, todo el merchandising con el que hoy se trabaja esta clase de producto. En resumen, el reducido presupuesto del que disponen las discográficas cubanas se gasta en muchos proyectos que con tristeza hay que admitir que, al final, no se revierten ni artística ni comercialmente.

Por otra parte, en 2014 el equilibrio en las producciones discográficas sigue siendo inexistente, así la exclusión o escasa presencia de determinadas expresiones musicales dentro de los catálogos de los sellos cubanos continúa evidenciándose.

Por otra parte, en 2014 el equilibrio en las producciones discográficas sigue siendo inexistente, así la exclusión o escasa presencia de determinadas expresiones musicales dentro de los catálogos de los sellos cubanos continúa evidenciándose.

Por ejemplo, entre nosotros no se hacen fonogramas de música lírica, pese a la rica historia de la manifestación en nuestro contexto y al desarrollo que hoy registra la escuela de canto lírico en Cuba.

Igualmente, a finales de 2014 la independencia de las redes institucionales es un fenómeno que ha continuado en aumento progresivo y sistemático, verificable en el creciente número de producciones independientes que participan en un certamen como Cubadisco.

El hecho de que las producciones fonográficas nacionales se comercialicen de manera mayoritaria en divisas, a precios inalcanzables para el ciudadano común, sigue afectando notablemente la circulación y el consumo del disco cubano. Como ya he señalado en trabajos anteriores: “El carácter dual para el disco cubano origina que a diferencia de las casas disqueras en el extranjero, las cuales en primera instancia producen para el consumo en las naciones donde están asentadas, las nuestras no editan material para ser comprado por el melómano del país sino que persiguen la búsqueda de moneda libremente convertible a tenor con los requerimientos del autofinanciamiento”.

A lo anterior hay que añadir que al concluir el 2014, los equipos reproductores de discos compactos se venden también en moneda convertible, con el agravante de ser a elevadísimos precios, nada proporcionales a la calidad de los equipos comercializados.  Con ello queda claro que hasta la actualidad, no se ha conseguido, ni por asomo, satisfacer la demanda musical de la población, la cual se canaliza a través del mercado informal, favorecido por el auge en la población del empleo de los formatos digitales, el acceso a la informática y las redes no oficiales de intercambio de información.

Como han señalado estudiosos del tema como el cantautor y productor Tony Pinelli, a finales de 2014 en Cuba las personas que trabajan en torno al disco siguen sin contar con un elemental centro de información sobre el mercado musical y que, como ha resaltado Pinelli, aborde aspectos al corte de: precios de concurrencia de la venta de CD en las diferentes áreas geográficas, tanto físico como on-line; saber cuánto cuesta poner nuestros discos en mostradores preferenciales o con afiches y anuncios en los grandes establecimientos, incluidos los postes de audición con audífonos, y cómo conseguir eso; qué estrategia seguir para acceder de forma organizada a plataformas como YouTube; cómo estar presentes con nuestros audiovisuales en los canales internacionales de televisión que promocionan la música; o qué tendencia musical deberíamos estimular para posicionarla lo más posible en el mercado.

La cruda realidad de que en la esfera musical en Cuba no tengamos cómo orientar a nuestras disqueras en aspectos como los antes apuntados, demuestra que en lo fundamental a fines de diciembre de 2014 seguimos produciendo y vendiendo de forma sensorial y no de manera planificada y bajo criterios científicos, a tono con lo que hoy se hace en el mundo. De ahí que de ser testigos de los inventarios llevados a cabo en los almacenes de nuestras discográficas, comprobaríamos que los mismos están llenos de discos que, más allá de su calidad musical, no encuentran salida en el mercado.

En otro orden de ideas, hay que reflexionar en torno a que en el presente se precisa la revisión de la legislación que regula, desde el marco legal, la producción discográfica nacional, en particular todo lo concerniente a la figura del editor, un tema de alta complejidad. Está también la urgencia de que funcionen mejor las casas editoras de música. Vale la pena recordar que muchas empresas disqueras en el mundo obtienen una mayor cantidad de ingresos no por la comercialización de sus producciones sino por lo referido a los derechos editoriales. Ello posibilita que al fichar a determinado intérprete para realizar un fonograma, se le pueda proponer un repertorio apropiado a su estilo, una labor que en la actualidad los sellos cubanos apenas acometen. Se ha visto, además, la necesidad de crear una asociación de críticos musicales destinada a promover un mayor ejercicio del criterio valorativo en la esfera, y a llenar determinados vacíos teóricos que hoy prevalecen, así como una de productores, encargada de regular las tarifas de precios, que hoy son en extremo desiguales.

Así, en diciembre de 2014, seguimos sin un verdadero mercado para el disco en Cuba, con el suficiente grado de solidez como para que en él un producto como el fonograma alcance su realización económica con el dinero del destinatario natural para el cual está concebido como creación artística. Como he repetido en otras ocasiones al abordar el tema, continuamos a la espera de que algún día (nadie sabe si cercano o lejano) en materia de producción discográfica podamos hablar de un mercado nacional con todas las de la ley,  y no de uno en el que los cubanos participamos en calidad de exportadores del producto fonográfico hacia el mercado internacional o el de fronteras, y no en términos de consumidores, pues intervenimos en la oferta y no en la demanda.

Y concluyo estos apuntes con la narración de algo que me sucedió hace poco. En una instalación cultural que dispone de un área para servicio de bar y de gastronomía, fui testigo de cómo al convoyar por el precio de 100 pesos moneda nacional, la venta de un litro de ron, cuatro refrescos y un CD contentivo de una propuesta sonora yo diría que llamativa, no pocos de los compradores devolvían el disco pues, pese a su calidad musical, no era del más mínimo interés para ellos. Sencillamente, ¡sin comentarios!

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