El himno inacabable del amor

Leyda Machado • La Habana, Cuba

Como si la figura misma de Silvio Rodríguez no fuera suficiente, y de hecho lo es, el conciertonúmero 62 de su gira por los barrios—que por inmenso el trovador catalogó como el 620— trataba mucho más que de canciones. Como se sospechaba, esta vez Silvio constituía la motivación, pues sentados en primera fila junto a sus familias Tony, Gerardo, Ramón, René y Fernando disfrutaban de todos esos temas que durante 16 años se convirtieron en himnos, en un aliento de vida y esperanza… Y para verlos allí cantando como cualquiera del públicose reunieron este sábado 20 de diciembre en el parqueo del Estadio Latinoamericano decenasde almas.

Imagen: La Jiribilla

Sin ellos cinco este concierto pudo haber sido muy similar al 37, o al 86. Todos hubiesen entonado las canciones sin importar la versión en que fueran interpretadas; todos hubiesen aplaudido y pedido una más, para escuchar la infaltable “Ojalá”; habrían asistido familias completas, niños en brazos, niños con globos, parejas de toda una vida y amigos de siempre… Pero con la presencia de estos hombres la excusa se convirtió en motivo central, y Silvio en pretexto inigualable.

Para abrir el recital, el cantautor David Torrens —quien ya había sido anunciado como el artista invitado de este concierto—interpretó algunos temas conocidos suyos como “Ni de aquí, ni de allá”, “Sentimientos ajenos”o“Razones”, esta última dedicadaa los Cinco, y tras su emotiva presentación frente a tantos jóvenes reunidos en el Cerro capitalino, vino entonces el  previsible alud de canciones de Silvio y por casi una hora empinamos papalotes, nos estremecieron imágenes de mujeres con y sin sombreros, nos repararon sueños de mariposas y le cantamos su tonada a Elpidio Valdés.

Un poco antes, se escucharon las palabras de presentación de Víctor Casaus, cómplice junto a Silvio de esta gira por los barrios y también de la lucha por la causa de los Cinco: “Esta es una fiesta dentro de otra fiesta mayor, la que estamos viviendo en estos días en todo el país por la llegada de los cinco hermanos que hoy nos acompañan felizmente para siempre. Sus nombres estuvieron detrás de cada canción, de cada palabra, de cada concierto de Silvio, recorrieron los escenarios informales que él ha montado en estos cuatro años de esta gira interminable en Matanzas, en Villa Clara, en Holguín, en La Habana, donde siempre pedimos por su justa liberación y hoy estamos aquí festejando su llegada”.

Imagen: La Jiribilla

Luego el trovador nos regaló también las cuatro canciones que conforman su Exposición de mujer con sombrero, las cuales según ha dicho “comparten una misma motivación: la de una historia de amor que se canta de principio a fin”. Y como una historia de amor inspirada en una carta imaginada nos llegó“El dulce abismo”, el llanto de una Adriana embarazada, los besos postergados por tantos años… y esas lágrimas corriendo mientras Gerardo le cantaba: “Amada, regresaré despierto, otra mañana terca, de música y lirismo. Regresaré del sol que alumbra el dulce abismo...”Con esas imágenes nos llegó la certeza de que todo había valido la pena.

Después subieron ellos al escenario. “El necio” era ineludible, pero nos supo diferente cuando la cantaron entre todos, pues, como dijo Gerardo, esa canción se convirtió en “un himno que en aquellos duros momentos nos hizo levantar el espíritu y que hasta hoy se ha mantenido como el himno de resistencia de los Cinco… Con solo escuchar sus acordes o parte de su letra basta para despertar en nosotros ese orgullo inmenso de ser cubanos y revolucionarios”.

Fue, en gran medida, como escuchar una canción nueva, una de esas que desde el primer instante sabemos marcarán una época. Entonces la letra cobró dimensiones exactas y, mientras miles de gargantas la coreaban, quedó claro que estar allí en ese preciso instante, cantando justamente esa canción, era la verdadera razón que nos había llevado al 62 concierto de Silvio por los barrios.

También nos regalaron a seis voces “La era”, “Pequeña serenata diurna” y “Regresaré”—esta última junto a Vicente Feliú— antes de que Silvio cerrara con “Ojalá”. Mas, para entonces, la deuda ya estaba saldada. Por espacio de casi tres horas la música invadió todo y solo importaba la felicidad de cinco hombres que se reencontraban con su familia y su pueblo.

La gira interminable continuará lógicamente en otros barrios, pero cuando acabaron los acordes de este último concierto del 2014 y los cientos de personas comenzaron a desparramarse por las calles aledañas al Estadio Latinoamericano, tuvimos la certeza y la alegría de haber formado parte de la historia, de ver por fin cumplida la promesa que una vez le hizo Nancy Morejón a Tony de entonar algún día todos juntos el himno inacabable del amor. 

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