Los muchos Calvinos del inigualable Frabetti

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Uno de los escritores que en la última década ha marcado más a los jóvenes y adolescentes cubanos es, sin duda, el italiano Carlo Frabetti (Boloña, Italia, 1945), autor que reside en España y figura entre los más reconocidos en el mundo editorial ibérico por haber ganado, entre otros, el Premio Barco de Vapor y, sobre todo, el fervor de un público que le sigue en cada nueva entrega literaria.

Amigo de Cuba y de las causas justas, activista político y hombre de izquierdas, afín a las ideas más de vanguardia y que defiendan los auténticos valores humanos, desde los años iniciales de la década del 2000 Frabetti ha venido donando generosamente su obra a la Editorial Gente Nueva, casa que le ha dado a conocer entre nosotros.

Imagen: La Jiribilla

Haciendo un breve recuento se debe recordar que las obras suyas conocidas en la Isla, donde hay varias escuelas con clubs de fans suyos, se acercan a la veintena: La magia más poderosa (2003), Ulrico y las puertas que hablan y El gran juego (2004); Ulrico y la llave de oro (2005); Ulrico y la flecha de cristal y su best seller caribeño ya reimpreso en varias ocasiones Malditas matemáticas. Alicia en el País de los números (2006); El cuervo dijo nunca más (2007); Calvina y El ángel terrible (2008); El vampiro vegetariano y La princesa triste (2009); Las islas desventuradas (2010); la recopilación La magia más poderosa y otras aventuras de Ulrico (2011) y Maldita física (2012).

Como novedad, Gente Nueva presentará de nuevo a Carlo Frabetti en la FIL 2015 con una obra publicada en la colección Veintiuno y que, con toda seguridad, mucho dará que hablar a los lectores. Se trata de Calvino, la secuela de su ya conocida Calvina, texto que incluso fue adaptado a la escena y tuvo su debut mundial en la versión del grupo Olga Alonso.

Imagen: La Jiribilla

Igual que en el libro anterior, este matemático aquí juega a su antojo con el lector al arrastrarlo a una simpática y a la vez compleja historia donde se mezclan el misterio, la fantasía, la dura crítica a la realidad, el cambio (u ocultamiento) de personalidades, las diferencias generacionales y su proverbial rejuego con la intertextualidad más flagrante en aras de hacer, mediante cada historia, que el lector tenga referencias del mundo moderno al cual él, con su fino escalpelo, pone en evidencia crítica e inteligente para regocijo de sus seguidores sin edad.

En cierto bosque lleno de enigmas y espejismos de toda índole, un bosque típico de los fairy tales tradicionales, las más rocambolescas, estrafalarias y anti convencionales criaturas salidas de su ingenio creativo  precipitan diversos acontecimientos que nos atrapan desde el propio prólogo del volumen.

Esta vez habrá que descifrar el misterio de la desaparición de una de las 11 “niñas desaparecidas” (exquisita paradoja, pues nos hace preguntarnos: ¿cómo desaparece alguien ya desaparecido?). Estas peculiares entidades infantiles eternamente andan juntas como en un coro, visten de verde y destacan por unos labios pintados de rojo encendido. Suelen acampar en un claro del bosque, espacio donde esta vez se desarrollará una narración en la cual vuelven a aparecer personajes de la novela anterior: Calvino (o Calvina nunca se sabe), Licuro, Luc, el lobo negro llamado Loki, el duende del globo y la inquietante Elisa, especie de engendro que se pasea a su antojo moviendo voluntades ajenas.

Imagen: La Jiribilla

Como su primera parte, Calvino, deviene un libro que divierte inquietando y en él se evidencian los resortes habituales que mueven la narrativa de Frabetti: rejuego con el lenguaje en base a alegorías y referencias significativas para unos (en tanto que ininteligibles para otros); uso de lo ambiguo expresado mediante el cambio de identidad o el travestismo; lo contradictorio; lo esencial contrapuesto a lo aparencial y, por supuesto, un trepidante y cada vez más acelerado ritmo narrativo que desde el primer momento obliga a entrar en la historia y no abandonarla hasta arribar, vapuleados a su antojo, a su imprevisible desenlace, que dejará al lector más inquieto y perturbado, con mayores interrogantes de las que traía al principio.

Si en Calvina se refuerza la presencia de un ambiente gótico cuando un protagonista es convocado a entrar en una casa misteriosa utilizando una falsa identidad, en Calvino el ambiente es otro. Nos encontramos en un bosquecillo de hayas que no es ni una cosa ni la otra, cercano a la “manicomiobiblioteca” ya aparecida en el libro anterior (y donde cada quien se cree un personaje del libro que se aprende —lejana referencia a Ray Bradbury— o el propio libro que cree ser). La historia se moverá en un ambiente menos gótico y más terrorífico, y mucho más, ante la presencia de niñas y mujeres vampiras (que tampoco lo son esencialmente ni por convicción). El equívoco perenne es el motor que mueve la trama, cada vez más llena de caminos desencontrados y discordantes, como tanto le gusta presentar en su laberíntica e inteligente escritura a este narrador de probado oficio y que siempre introduce a quien lo lee en un argumento lleno de cajas chinas de las que cuesta salir.

Es destacable el modo con que en esta nueva novela —y para deleite de sus devotos lectores— Frabetti revisita sus propias obras o cómo mientras lo transgrede recurre valiente a Las ciudades invisibles, ese clásico de Ítalo Calvino. ¿Acaso estas re-visitaciones pueden ser referencias casuales al nombre de su patria y el apellido del autor que tanto le influyó? Entonces la trama se torna más complicada y él vuelve a reforzar su conocida máxima de que nada es lo que parece y alguien (o algo) no es una cosa o la otra sino precisamente todo lo contrario: se puede ser esto y lo otro y aquello, sin exclusiones empobrecedoras de ningún tipo.

La valía que el autor concede a la lectura queda más que demostrada de nuevo —e intencionalmente siempre una vez más— en este delicioso e inquietante diálogo entre Licuro (el enano Ulrico en otros casos) y Lucrecio:

—No… ¿Adónde quieres ir a parar?

—Aquí, al Bosque de los Cuentos. Cuando alguien escribe o lee un libro, va al cine o al teatro, representa un papel o juega a algo, entra en otro mundo, se sitúa en otro nivel de realidad, se convierte por un rato en otra persona, o en varias. En este bosque hacemos lo mismo, pero con un poco más de entrega, de convencimiento, de pasión…

El autor defiende como casi nadie la libertad escritural de quien establece un pacto de complicidad con sus posibles (y/o confesos) lectores en acto creativo y reivindicador para ambos y los saca de su vida “normal” para permitirles el maravilloso don de convertirse en ese otro apenas soñado e intuido, que solo puede brindar el mundo literario.

Con esta intelectualización de su discurso, pese a la recurrencia a las más conocidas figuras del canon tradicional de la LIJ o del horror (princesas, gnomos, vampiros, fantasmas, enanos y otras entidades supra reales), Frabetti ennoblece a su lector al proponerle un discurso más arriesgado y perturbador, que en definitiva le reta (sin ninguna concesión o complicidad empobrecedora) y le hace crecer, o mediante las frecuentes alegorías a otras obras y personajes, le incita a volcarse en la búsqueda de referencias literarias.

Esta literatura de crecimiento, sin proponérselo, instruye al tanto que inquieta y crea una curiosidad insaciable en un lector que ya nunca más se resignará a ser el mismo o beber de la cultura de “mass media” sino que, insumiso, se propondrá ir mucho más allá.

El otro elemento descollante es la crítica feroz que Carlo Frabetti entroniza a la sociedad moderna y su empobrecedora dosis de automatización del pensamiento, consumismo, estandarización del ser humano y embrutecimiento espiritual o del raciocinio, tan frecuentes hoy día en la cultura global.

Es emblemático el momento de la narración cuando unos personajes sostienen este diálogo lleno de polémica:

   —Estoy de acuerdo en que la ciudad es una jungla, y más peligrosa que la selva de verdad; pero aquí pasan cosas mucho más raras… Una mujer y un liliputiense disfrazados de duendes, un ogro vegetariano que vive en una cueva llena de huesos de plástico, un hombre zorro…

—Pues la ciudad está llena de hombres que llevan alrededor del cuello un nudo corredizo de seda, y de mujeres que para parecer más altas se ponen unos zapatos que les dañan los pies y la columna vertebral. Y todos van disfrazados, fingen ser lo que no son, y compran sin parar cosas que no necesitan, y mienten casi tanto como los Raimundillos pillos, porque se mienten incluso a sí mismos.

La idea se refuerza en otro pasaje, cuando se expresa: “—No, los hombres anuncio están en el otro bosque, en el bosque de asfalto. Son esos dementes que se creen las promesas de felicidad de los anuncios y malgastan ocho o más horas al día haciendo trabajos que no les gustan para poder comprarse cosas que no necesitan…”.

Como en sus libros anteriores publicados en Cuba y otros que con su beneplácito y solidaridad Frabetti regalará al lector, Calvino deviene un texto tan poco frecuente como la polémica Calvina. Seguiremos sin saber si el protagonista es niño o niña, en qué situación exacta se encuentran sus perturbados y terroríficos padres, continuará el rejuego de las situaciones y, como siempre, la infancia se sentirá redimida leyendo esta obra que cumple las premisas estilísticas y su convicción de que una literatura inteligente para niños (o menos niños) debe propiciar, más que emociones, la mayor cantidad de inquietudes y reflexión.

A propósito del tipo de lectura que su obra trata de validar, deseo recordar que en la entrevista “El amor de los libres” concedida a Abel Sánchez, Carlo declaraba sobre el tema de qué es (o debe ser) la literatura infantil: “Eso me parece peligroso, si uno se plantea el libro con esa óptica es fácil caer en lo que ha sido la literatura infantil en otras épocas: más que literatura era una prolongación de la pedagogía, aquello de instruir deleitando. Creo que, sobre todo, el libro debe estimular al niño, no darle consignas, recetas o pensamientos preelaborados; sino estimular su imaginación y plantearle paradojas, situaciones insólitas, que le induzcan a reflexionar y a sacar sus propias conclusiones. Hay que huir del adoctrinamiento y de la pedagogía en el sentido escolar del término”.

El colofón sería decir que la editorial Gente Nueva y su proyecto Veintiuno se enriquecen una vez más con un libro de Carlo Frabetti, su autor por excelencia y él más publicado, y quien con su generosidad e intuición habituales la ha definido de este modo: “En unos momentos en que la literatura juvenil al uso apela a la parte más irracional e insolidaria de la juventud, potenciando, entre otras cosas, el individualismo, la competitividad exacerbada y el nefasto mito del amor romántico (que sigue siendo el mito nuclear de nuestra desdichada cultura), una editorial como Gente Nueva, y muy especialmente su colección Veintiuno, son referentes imprescindibles desde sus mismos nombres, que remiten a la necesidad de renovar profundamente la sociedad y de acompañar a los jóvenes en su difícil viaje hacia la madurez”.

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