Teatro al interior de Cuba

Omar Valiño • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Un mejor resumen del 2014 teatral, el lector lo encontrará en esta propia sección de La Jiribilla, en otras durante cada entrega semanal de la publicación y aun dispersas en sus amplios montajes de noticias y comentarios. Imposible sería abordar todo, volver sobre los pasos de un año particularmente intenso en el acontecer escénico.

Para mí, buena parte del 2014 transcurrió en los adentros del país, en eventos de disímiles coordenadas, ejes de confrontación de la práctica de muchos grupos, en particular de muchos de aquellos que no gozan de los reflectores mediáticos.

Imagen: La Jiribilla
Encuentro de la crítica en Pinar del Río
 

Desde mediados de 2010, me gusta llamar a estas citas los pequeños eventos. Se cuentan por decenas en Cuba y juegan una función doble: ofrecen programación al público y facilitan el encuentro profesional entre los propios teatristas y con críticos y especialistas. En general, ocurren en provincias, en condiciones modestas, pero donde los participantes se pueden ver y conversar, e intercambiar sobre sus procesos y búsquedas en común.

Desde mediados de 2010, me gusta llamar a estas citas los pequeños eventos. Se cuentan por decenas en Cuba y juegan una función doble: ofrecen programación al público y facilitan el encuentro profesional entre los propios teatristas y con críticos y especialistas. 

Santa Clara repitió, a inicios de enero, “Magdalena sin fronteras”, la cuarta vuelta cubana de esa red internacional de mujeres que convierte a la ciudad en inmejorable ámbito de intercambio pedagógico sobre la escena, de la mano de Roxana Pineda y el Estudio Teatral de Santa Clara, que cumplió este año su primer cuarto de siglo.

Con su nítida saga de puestas en escena, marcadas por la provechosa contradicción entre la incesante búsqueda y la reproducción de lo conquistado, como Piel de violetas, A la deriva, La quinta rueda, Soledades, El traidor y el héroe, Cuba y la noche, y la ventaja de una casa propia, han conquistado un público, no multitudinario pero sí significativo en la medida en que no responde a espectáculos sobre temas y lenguajes complacientes. Bastaría ver los recientes Hojas de papel volando y Cuba y la noche, encrucijadas de esa pelea entre lo sabido y su demolición.

Aprovechando la cercanía desde la capital de Villa Clara, saltamos a Calabazar de Sagua. Justo en la casa natal del Cuentero Mayor,  Onelio Jorge Cardoso, en ese poblado villaclareño, se lanzó la convocatoria de la campaña “Titiriteros por los 100 Onelios”, para animar a teatristas  y cultivadores del arte titiritero a homenajearlo con espectáculos nacidos de sus cuentos, a lo largo de este año de su centenario. Teatro D’Dos y Teatro Escambray unieron sendas funciones en la Casa de la Cultura del pueblito.

La otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe celebró sus 500 con el coloquio “Camagüey. Medio milenio de cultura”, liderado por Luis Álvarez y Olga García Yero.

San José de las Lajas, capital de la nueva Mayabeque, va consolidando su Mayabeque Teatral para dar a conocer la cercana producción teatral a cuyo encuentro poco, y pocos, vamos.

En la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, anduve esta vez por tierras de los municipios de Manuel Tames y Yateras. A pesar de haberla contado varias veces, la Cruzada me parece una experiencia realmente indescriptible. La masa de teatreros serpentea por llanos y lomas, de modo itinerante. Llega con el arte a escuelas y comunidades aisladas y produce colisiones inolvidables entre actores y espectadores. En tanto se mueve, enseña. Y aprehende.

Imagen: La Jiribilla

En Cienfuegos vimos el 2do. Festival del Monólogo Latinoamericano y Premio Terry, convocado por el Teatro Terry. Fueron 23 puestas en escena de América Latina y Cuba en apenas cuatro jornadas. Un encuentro festivo, útil y productivo que consolida un nodo regional sobre la especialidad.

Las Tunas se coloreó con el Taller Nacional de Payasos, organizado por Teatro Tuyo. A sus 15 años, el grupo ha vuelto a conquistar otro Premio Villanueva de la Crítica con Gris, signo del poder de seducción que emana de su dedicación, toda una referencia para los pequeños colectivos de todo el país.

Matanzas celebró su Taller Internacional de Títeres con una enorme convocatoria de varias partes del mundo confirmándose como capitanía del títere cubano. Y los 20 años de Teatro de Las Estaciones. Con sus estrenos de Cuento de amor en un barrio barroco y El irrepresentable paseo de Buster Keaton, la tropa de Rubén Darío SalazarZenén Calero confirma su absoluta pertenencia a la vanguardia teatral cubana.

Unión de Reyes, el pueblito de la llanura matancera, donde nació en 1925 Abelardo Estorino, continuó convocando, de la mano de Pedro Vera y su Teatro D’Sur a su anual Jornada de Teatro.

Santiago de Cuba nos acogió  en su Festival de Teatro Máscara de Caoba. Cada colectivo de la provincia presentó una puesta en escena. Pero sumó además una programación con montajes de grupos de Guantánamo a Ciego de Ávila, en función del propio diseño del evento y de la selección para el Festival Nacional de Teatro de Camagüey. Ofreció la posibilidad de ver media Cuba teatral en un abrir y cerrar de ojos, esfuerzo panorámico que contiene en sí mismo su valía.

Allí recomenzamos, desde la Casa Editorial Tablas-Alarcos, los encuentros con la crítica. Recuperados después de diez años sin realizarse, teatristas y críticos nos demostramos que, con voluntad, disposición y las mínimas condiciones creadas, la confianza impera y el diálogo resulta útil para ambas partes.

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 Filtro de campaña en Bayamo
 

Ese resultado nos impulsaría a realizar similares encuentros en Bayamo, bajo el denominativo de Filtro de campaña, en Sancti Spíritus bajo el techo del René de la Cruz in memoriam y en Pinar del Río, donde se organizó el Primer Taller de la Crítica.

Quisiera repetir aquí, dada la importancia que le atribuyo a esta línea de trabajo, algunas conclusiones sobre los mismos:

Las coordenadas fueron idénticas. A saber: cada grupo presentaba su espectáculo en una función abierta al público (que, en general, contó con la presencia del resto de los colectivos como espectadores más otros asistentes), y al día siguiente se intercambiaba con la agrupación sobre la base de dicho espectáculo, cuyas búsquedas, procesos y dificultades son expuestas en primer lugar por el director/a y los miembros del equipo.

El provecho de este tipo de encuentros suele verse solo del lado de los creadores. En efecto, ellos pueden aquilatar, entre las diferentes opiniones vertidas (en ningún caso como verdades absolutas), qué trasciende como ventajoso para las concepciones y las resoluciones pragmáticas de cada puesta en escena.

El coloquio es más veloz y abierto que la crítica impresa o hasta la del universo virtual. Los grupos no tienen que esperar por una publicación la mayoría de las veces demorada y, por su carácter, más cerrada en sus disquisiciones. Pueden integrar, de modo rápido, ideas y señalamientos al proceso de revisión del montaje, nunca finiquitado.

Sin embargo, la experiencia misma de la crítica sale también fortalecida. En sí, porque valoriza la pertinencia del ejercicio del criterio, su función en el marco teatral. Para sí, porque lidia en vivo con el magma de la creación, lo cual la obliga a preguntarse sobre las limitaciones de su instrumental y, más allá, sobre sus horizontes de conocimiento. Porque, además, detecta problemas, generaliza, acarrea conclusiones, o hasta filosofa, a partir de los hechos concretos.

Me gusta mucho el acto de levantar cualquier tipo de reflexión, sea estética, técnica, conceptual, política o sobre la logística y los obstáculos materiales, a partir de los cimientos muy concretos de cada puesta en escena.

La amalgama ordenada que la puesta contiene, permite el ejercicio del criterio desde el texto artístico hasta los contextos sociales y de producción en que ella nace y se inserta. Al diálogo entran con libertad las teorías más actuales, las valoraciones de lenguajes y técnicas, más la urdimbre de relaciones que cada espectáculo propone, al tiempo que se huye de retóricas falaces y tecnicismos inútiles.

Los críticos no propugnan cambios en los caminos estéticos elegidos por los grupos. Trabajan desde los resultados visibles en los montajes y desde los procesos que pueden vislumbrase tras ellos. 

Volvimos a Camagüey para el Festival Nacional de Teatro, la gran reunión del teatro cubano. Tecma, de Pinar del Río; Los Cuenteros, de San Antonio de los Baños; Papalote, Las Estaciones y El Portazo, de Matanzas; Estudio Teatral y Escambray, de Villa Clara; Morón Teatro, de Ciego de Ávila, Espacio Interior, el Guiñol y Teatro del Viento, de Camagüey; Teatro Tuyo, de Las Tunas; Andante, de Granma y Estudio Macubá, de Santiago de Cuba acudieron en representación de sus respectivos territorios. Con el aval de mis múltiples recorridos y estancias por toda la Isla, me atrevo a asegurar que algunas otras agrupaciones faltaron.

Imagen: La Jiribilla
Puesta en escena Gris de Teatro Tuyo
 

Pero en todo caso, entre esas presencias y este propio organigrama de vida teatral, es visible que en la isla de Cuba la escena viva no se reduce en modo alguno a la capital: se hace teatro de San Antonio a Maisí.

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