La guitarra del joven soldado

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Con muerte todas las cosas ciertas
grabaron una puerta
en el centro de abril.

                                 Silvio Rodríguez

15 de abril de 1961. Los principales aeropuertos militares en la Isla son bombardeados. “Girón: preludio” se llamaría luego la canción en la que Silvio Rodríguez describe el heroísmo del joven miliciano Eduardo García Delgado, que, a unos instantes de morir, defendiendo Ciudad Libertad del bombardeo yanqui, escribe en una puerta con la sangre que le brotaba por la herida “Fidel”, el nombre que simbolizaba su combate por una patria libre.

Con patria se ha dibujado el nombre
del alma de los hombres
que no van a morir.

                           Silvio Rodríguez

Al día siguiente, 16 de abril, se realiza el multitudinario entierro de las víctimas. Las imágenes fílmicas de aquel día, muestran la peregrinación luctuosa tras los féretros hasta la intersección de las calles 23 y 12, a las puertas del Cementerio de Colón, donde Fidel, en su discurso, advierte de la inminente invasión y declara el carácter socialista de la revolución cubana: 

“Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de EE.UU: (¡Aplausos y exclamaciones de: ¡Pa’lante y pa’lante, y al que no le guste que tome purgante!)”. 

Aquellas imágenes muestran a un Fidel que no cabe en el estrado, su palabra se enciende, en vibrante interacción con el pueblo enardecido. 

“Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes (Aplausos). Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida (Exclamaciones)”. 

Y cuando no se olvida que no hay
libertad regalada, sino tallada
sobre el mármol y la piedra
de monumentos llenos de flores y de tierra,
y por los héroes muertos en las guerras
se tiene que luchar y ganar,
se tiene que reír y amar,
se tiene que vivir y cantar,
se tiene que morir y crear.

                                   Sara González

El encendido discurso terminó llamando a la movilización general del pueblo, declarando al país en estado de alerta. En la madrugada del 17 las tropas mercenarias desembarcaban en Bahía de Cochinos. Luego se sobreponen las imágenes documentales: un ómnibus incendiado con napalm; mujeres y niños quemados al borde la carretera, una antiaérea (“cuatrobocas”) manipulada por muchachos de acaso 15 años, tumban un avión que traza un surco de fuego y humo, por un cañaveral; Fidel imparte órdenes en el central Australia, le pone la mano al hombro a un miliciano, se come la uña del dedo meñique, manotea, señala, el Gallego Fernández (al mando de las operaciones) lo observa esperando la orden. Corte. Se ve a Fidel montado con su escolta, en una tanqueta que arranca bruscamente, tiene que aguantarse para no caer. 

Qué ejemplo
se ha convertido en puñal,
se ha convertido en fusil,
se ha convertido en la trinchera
de la voluntad,
de la palabra amar,
de la conciencia,
y de la muerte.

                                 Eduardo Ramos

A grandes zancadas va Fidel por las arenas de Girón; se acoda a una rama de uva caleta observando como humea el buque Houston, barco madre de los mercenarios que él mismo acaba de hundir disparando personalmente desde un tanque T-34. Las filas de mercenarios, con sus trajes de camuflajes, pasan con las manos en alto o tras la nuca. 

No hay nombres
de los que caen en las costas,
de los que caen en los montes,
del que cayó con el machete,
en el mismo lugar
que tiempos más atrás
cayeron otros,
otros sin nombre.

                                 Eduardo Ramos

Una voz engolada, a la usanza de los locutores de entonces, lee ante la cadena de radio y televisión, el Comunicado No. 4, elaborado por Fidel en el escenario del combate: 

Playa Girón, que fue el último punto de los mercenarios, cayó a las cinco y treinta de la tarde. “La Revolución ha salido victoriosa, aunque pagando un saldo elevado de vidas valiosas de combatientes revolucionarios que se enfrentaron a los invasores y los atacaron incesantemente sin un solo minuto de tregua, destruyendo así en menos de 72 horas el ejército que organizó durante muchos meses el gobierno imperialista de EE.UU. El enemigo ha sufrido una aplastante derrota”.

La voz de Sara González cantaría una y otra vez estas canciones “Girón: la Victoria” compuesta por ella y “Su nombre es pueblo” de Eduardo Ramos, acompañando a los cubanos en sus movilizaciones, reactivando sus luchas y sus caídos, enarbolando la memoria.    

A los héroes
se les recuerda sin llanto,
se les recuerda en los brazos,
se les recuerda en la tierra.

Y eso me hace pensar
que no han muerto al final;
y que viven allí,
donde haya un nombre,presto a luchar,
a continuar.

                                 Eduardo Ramos

La Revolución Cubana, las dictaduras militares y guerrillas en Latinoamérica, la guerra yanqui en Viet Nam, el colonialismo en África, el racismo y la desigualdad en los EE.UU.: los años 60 han llegado con estallidos sociales. Todo este amasijo de sucesos se convierte en pólvora que estremece la conciencia, especialmente en los jóvenes. Esa convulsión social, que trae movimientos de lucha armada, y de protestas, trae consigo, inevitablemente su canto. Lo que diferencia al cantautor de esa nueva época de los anteriores es el asumirse vocero de su pueblo, un activista social, cultural, con marcada actitud política, empieza a ser un luchador que canta.  

La guitarra del joven soldado
es la celosa amante
que lo ha de seguir
en la dicha, y también en el llanto,
pero siempre ayudando a vivir.
La guitarra del joven soldado
es su mejor fusil.

                                  Silvio Rodríguez

El mundo en pie de guerra, el gobierno de los EE.UU. ha descubierto que la Unión Soviética tiene instalados misiles nucleares en Cuba; moviliza su ejército y bloquea la Isla con sus portaviones: está a punto de estallar la Guerra de los Misiles. Un muchachito, delgaducho, lleva un fusil al hombro que pesa más que él, su nombre Silvio Rodríguez, quien recuerda aquel Octubre de 1962:

“Una noche en que me tocó la peor guardia, la de 2 a 4, creo que el mismo día en que por la provincia de Oriente se derribó un U-2, volvió a llegar Quintela de madrugada, ahora diciendo que al amanecer se esperaba un ataque nuclear. Querían partir la Isla en tres pedazos, de modo que corriera mar entre ellos, para después realizar un triple desembarco de marines. La recomendación que nos daban era que no miráramos al este, a eso de las seis de la mañana.

“Después de aquella conversa en la puerta del Mella, nuestros responsables subieron a sus oficinas y yo me quedé solo allá abajo, pensando en la utilidad del máuser que tenía en las manos, mirando a la luna llena con la intensidad de mis casi 16 años, sintiéndome una especie de hombre lobo que sólo pensaba en su familia. En lontananza (calculé que por Carlos III), escuché pasar una conga cantando “Si vienen, quedan”... El relevo llegó un poquito tarde, como era habitual en aquella jodida guardia a mitad de la noche. Lentamente subí las escaleras, seguido por un cachorro del barrio que teníamos como mascota, y una vez arriba me hundí en una de las hamacas. Pensando en lo mucho en que tenía que pensar, me quedé dormido.

“La mañana siguiente, el trajín cotidiano. Del ataque atómico me vine acordar varios días después. Y casi diez años más tarde, escribí esta canción”.

Octubre terrible del sesenta y dos,
llegaste derecho a parar el reloj
y no reparaste en que, en esta región,
tutear a la muerte era ya tradición.
Y octubre se marchó por donde mismo entró.

                                  Silvio Rodríguez

La historia nuestra, la cubana, la latinoamericana ha tenido un gran testigo en el cancionero de la trova cubana y en nuestro cine, ese que con la fundación del ICAIC en 1959, dejaba claro en su ley de gestación:

 “Por cuanto: Nuestra historia, verdadera epopeya de la libertad, reúne desde la formación del espíritu nacional y los albores de la lucha por la independencia hasta los días más recientes una verdadera cantera de temas y héroes capaces reencarnar en la pantalla, y hacer de nuestro cine fuente de inspiración revolucionaria, de cultura e información”.                    

Y la historia y el cine tuvieron en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC un elemento de fusión con la música que compuso el grupo para múltiples películas, documentales, animados.

Fragmento del 27 de noviembre

(José Martí - Sara González)

¡Cadáveres amados los que un día
en sueños fuisteis de la patria mía,
arrojad, arrojad sobre mi frente
polvo de vuestros huesos carcomidos!

 

¡Tocad mi corazón con vuestras manos!
¡Gemid a mis oídos!
¡Cada uno ha de ser de mis gemidos,
lágrima de uno más de los tiranos!

 

¡Andad a mi redor; vagad en tanto
que mi ser vuestro espíritu recibe
y dadme de las tumbas el espanto,*
que es poco ya, para llorar, el llanto
cuando en infame esclavitud se vive!

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