¿Decadencia? o los libros
que vencerán al tiempo

Marilyn Bobes • La Habana, Cuba

Mientras algunos hablan de la supuesta decadencia de la literatura cubana en la Isla se siguen publicando libros que desde diferentes aristas contribuyen a develar nuestra realidad con sus luces y sus sombras y casi sin querer trazan el mapa de lo que fue nuestro pasado y lo que es nuestro presente ya sea por las vías del ensayo, de la poesía y de la ficción.

En el 2014 tuve la oportunidad de leer cuatro libros que me gustaron: tres novelas publicadas por Ediciones Unión y un poemario que se publicó bajo el sello de Ediciones Cubanas.

Me refiero a los títulos La noria, de Ahmel Echevarría, En la mañana viva de Carlos Zamora, Bonsái de Eduardo del Llano y En vías de extinción de Antón Arrufat.

Imagen: La Jiribilla

Las novelas de Echevarría y Zamora fueron galardonas respectivamente con los premios Uneac y Guillermo Vidal, mientras que el poemario de Arrufat, autor que todavía se atreve a presentar a los concursos nacionales para demostrar que continúa vivo y escribiendo, derrotó al resto de los muchísimos libros que se presentaron al Premio Nicolás Guillén.

Por su parte Bonsái, que tuve el regocijo de editar, se perfila en mi opinión como una de las novelas que seguramente optarán por el Premio de la Crítica en el año que comenzará dentro de unos días, debido a la originalidad y el humor con que Eduardo del Llano ha conseguido escribir una obra diferente, muy personal, que encuentra en la imaginación una manera de crear una metarrealidad a la vez que satiriza mediante inteligentes metáforas lo que él percibe como un reflejo de lo inmediato.

Lo curioso es que los libros que más me gustaron en el 2014 no se parecen en nada entre ellos.

La noria, por ejemplo, es una novela experimental, de aliento repetitivo que toma lo postmoderno como punto de referencia para visitar un pasado reciente y realiza un logrado homenaje a esa figura de las letras latinoamericanas que fue Julio Cortázar: un testigo imprescindible de lo ocurrido en el llamado quinquenio gris.

Echevarría rompe con los cánones del recurrente realismo que ha caracterizado a la prosa cubana de finales de los 90 y principios del 2000 para sumergirse en juegos intertextuales, apropiaciones desenfadadas de otros autores y estructuras muy bien racionalizadas. Estas últimas crean una especie de extrañamiento que impiden al autor juzgar lo acontecido y romper las barreras temporales en un ejercicio audaz y lleno de sorpresas desde el punto de vista estético, pero también conceptual.

La novela de Zamora toma los caminos del realismo para contarnos una historia de homosexualismo reprimido y posteriormente ejercido fuera del contexto cubano. Lo hace de una manera muy peculiar, apelando a continuos flash back que establecen un contrapunteo entre el pueblo pequeño donde el protagonista busca la aceptación ocultándose, incluso a sí mismo, su verdadera orientación sexual y el Madrid donde consigue “salir del closet” hasta el punto de servir de guía a su amigo de adolescencia en el mundo gay del cual su antiguo condiscípulo no forma parte.

En la mañana viva es un texto de transparente escritura que utiliza el lenguaje como un simple medio de comunicación con el lector. Una novela sin alardes que, sin embargo convence por su verosimilitud y por el modo con el que Carlos Zamora ha conseguido involucrar a los lectores en una suerte de terapia de choque contra los prejuicios que aun subsisten en Cuba con relación a los homosexuales, aun cuando cada día que pasa sean más los que se suman a asumir esas diferencias como “normales”.

Imagen: La Jiribilla

Faltaría solo el libro de poemas de Antón Arrufat. De él me atrevería a decir que es quizá uno de los mejores en la amplia bibliografía del autor.

Con él experimenté estremecimientos y lágrimas especialmente por la forma en que el autor se acerca a temas tan trascendentes como la muerte, el paso del tiempo y el sentido de la existencia, temas que vienen respaldados por el oficio y la emoción y, sobre todo, por la sinceridad con la que Antón ha sabido dejar testimonio de su propio yo y el de toda su generación que ya ha visto desaparecer a muchos de sus amigos y siente los estragos de la vejez más física que intelectual.

En definitiva podría decirse que el 2014 fue un buen año para la literatura cubana en la que coinciden actualmente casi tres generaciones.

La diversidad de temas y modos de expresión continúa siendo una constante de lo que se publica en Cuba, de manera que el receptor puede escoger los argumentos y estilos que prefiera o, como es mi caso, disfrutarlos todos.

El lector cubano y ¿por qué no? el de más allá de nuestras fronteras puede sentirse satisfecho de la labor editorial aun cuando muchas veces pueda quedar insatisfecho ante otros muchos títulos que se publican y pasarán al olvido casi automáticamente por su falta de interés o valores estéticos.

Yo hice mi selección y otros harán la suya. Ojalá que en todos los años que vendrán tengamos al menos cuatro libros para hacer su apuesta con ese tiempo implacable que es, finalmente, el que tendrá la última palabra. 

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no exiben los concursos

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