Alumbramientos

La Jiribilla • La Habana, Cuba
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Dijo el poeta: “la claridad empieza el alumbramiento más horroroso, la claridad empieza a parir claridad”. Y ese parteaguas que significó en la historia de Cuba el triunfo revolucionario de 1959, también asumió sin tardanza sus partos difíciles aunque impostergables para la refundación de la nación.
 

Imagen: La Jiribilla
 

A través del tiempo constatamos la obra perdurable de instituciones puntales como Casa de las Américas y su premio literario, del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y de la compañía Danza Contemporánea de Cuba, todos cumpliendo sus más de cinco décadas de vida, 55 años para ser exactos, enfrentadas también a las urgencias que los nuevos tiempos imponen a la asunción de su quehacer cultural.

Otras como la EGREM, la Orquesta Sinfónica Nacional, la revista Conjunto, hicieron, con similares exigencias, su entrada en la venerable edad de medio siglo de vida.  

De igual modo otros nacimientos también nos trajeron alegrías: los centenarios de importantes intelectuales cubanos y latinoamericanos como Julio Cortázar, Octavio Paz, José Revueltas, Julia de Burgos, Cundo Bermúdez, Julio Girona, Fernando Alonso; hombres y mujeres cuyo tiempo en el mundo fue fecundo, lo que nos permitió recordarlos con paneles, exposiciones, relecturas de sus textos y comprender que han alcanzado la sobrevida iluminando con hermosa tenacidad los lugares en sombra de nuestro mundo espiritual.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, poeta bicentenaria, mereció uno de los recordatorios más extensos a lo largo de 2014,  desde el mismo febrero al dedicársele la edición 23 de la Feria Internacional del Libro de La Habana junto con Nersys Felipe y Rolando Rodríguez, motivo por el cual pudimos acceder a diversas reediciones de sus obras y a coloquios donde se ahondó sobre su quehacer literario.

Desde la danza fue homenajeada por el Ballet Nacional de Cuba y por el Ballet Folclórico de Camagüey, colectivo que asumió la versión escénica de Sab, mientras  desde el teatro se pudo disfrutar el montaje de su texto El millonario y la maleta,  por el grupo camagüeyano Teatro del Viento.  

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Este año también fue una etapa pródiga en despedidas pues tuvimos que dolernos por las partidas de los escritores Juan Gelman y Gabriel García Márquez, los músicos Paco de Lucía, Juan Formell, Luis Carbonell, Santiago Feliú,  la actriz Hilda Oates, el coreógrafo  Iván Tenorio y el diseñador teatral Jesús Ruiz, artistas consagrados al mejoramiento humano desde la impronta del arte más genuino.

Un punto importante dentro del panorama cultural insular lo fue sin duda la celebración del VIII Congreso de la UNEAC, espacio que propició la convergencia de profundas reflexiones sobre los acuciantes dilemas del arte cubano de ahora mismo, desde la transformación de las instituciones que agrupan a los artistas de las distintas manifestaciones para que sean capaces de responder coherentemente a las demandas de los tiempos que vivimos, hasta la multiplicidad de miradas y enfoques que sobre los más diversos temas puedan ofrecer oportunamente  nuestros intelectuales y artistas, correlatos congruentes de una realidad cada día más demandante y diversa.    

Imagen: La Jiribilla

Las artes plásticas también han sido un territorio fructífero  en hechos relevantes pues fueron numerosas las exposiciones de primeras figuras a las que pudieron accederse desde el trabajo curatorial de varias instituciones.  

La primera de ella que nos gustaría señalar fue la muestra antológica organizada por el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam con motivo de los 30 años de la Bienal de La Habana. Asimismo tuvimos acceso a las producciones de  Roberto Diago, Tomas Sánchez, Ricardo Brey, Agustín Cárdenas, Flavio Garciandia, Vittorio Garatti, León Ferrari, Salvador Dalí, las obras donadas por el coleccionista Gilbert  Brownstone recogidas en la exposición Mi amor al arte, mi amor por Cuba y dedicada a los Cinco Héroes, con su trayecto itinerante por algunas provincias del país. El colofón de este despliegue de las formas y el color estuvo en la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas 2014 al artista Lázaro Saavedra.

La sexta edición del Festival de Música de Cámara Leo Brouwer, los 30 años del Jazz Plaza, el Festival de Música Contemporánea de La Habana, el 24, Festival Internacional de Ballet, el II Encuentro de Jóvenes Pianistas, así como la reapertura del Teatro Martí, propiciaron que la capital cubana haya sido una plaza en la que convergieran importantes artistas de talla mundial, en un diálogo siempre gratificante tanto para los ejecutantes como para el público que tuvo la suerte de asistir a las distintas presentaciones.

Imagen: La Jiribilla

Desde las tablas también se tejieron interesantes confrontaciones entre el arte y la realidad, a partir de insoslayables (re)lecturas, traducciones, o aportes ofrecidos desde el hecho teatral a pesar la característica efímera de su existencia.

Fuimos partícipes de interesantes puestas  desde los inicios mismos del año con las actividades del evento Magdalenas sin Fronteras, las propuestas de Teatro El Público,  Argos Teatro, Teatro D´Dos, de los grupos reunidos en el Festival del Monólogo en Cienfuegos y el Festival de Teatro de Camagüey, Mayo Teatral con la confluencia de distintas poéticas de la región también ofreció un abanico atrayente, así como las jornadas de la crítica en las provincias y los distintos eventos que en el interior del país avivan esta manifestación.  

El cine cubano demostró este año una vitalidad reconfortante lo mismo en el territorio de los largometrajes de ficción como en la documentalística y los animados, con exponentes que amén de conseguir numerosos triunfos en certámenes internacionales lograron en los predios cubanos agenciarse el beneplácito de su público natural, algunos de ellos son Conducta de Ernesto Daranas, obra para la que el 2014 fue el año de más lauros conseguidos,  el animado Meñique de Ernesto Padrón, Vestido de Novia ópera prima de Marilyn Solaya, La pared de las palabras de Fernando Pérez —su primera incursión en el cine independiente—, Fátima o el parque de la fraternidad de Jorge Perugorría, Venecia de Kike Álvarez, Contigo pan y cebolla de Juan Carlos Cremata, los documentales Un viaje al país que ya no existe de Isabel Santos, La isla y los signos de Raydel Araoz y Humberto de Carlos Barba.

Casi todos estos materiales estuvieron presentes en la última entrega del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, evento que fue reconocido con el Premio Iberoamericano de Cine, Fénix, en su primera edición, por su enorme contribución al desarrollo y difusión de la filmografía de la región, y a la formación de audiencias.

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De 2014 pasará al libro de los días perdurables el 17 de diciembre, fecha que tomó para sí las más importantes connotaciones, pues el regreso de Gerardo, Antonio y Ramón, y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. desde la voz de los respectivos presidentes, es un nuevo cisma en la marcha nunca apacible de la historia de la Isla cubana.

Nuevos serán los partos a los que estaremos obligados, la claridad habrá de imponerse en cada uno de los (p)actos con los que vayamos a consolidar el camino de la nación. Los hombres mueren de luz, dijo el poeta, pero hemos sabido que no hay mayor regocijo que perseguirla continuamente y ungir con ella cada espacio ganado a la ignorancia, la desidia, los silencios.

 

 

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