El sacerdocio del teatro o unas palabras
con Iván García

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

Fue en medio del ensayo de Cuento de navidad cuando recibimos la noticia por vía telefónica. Nuestro Iván García, actor de Teatro de Las Estaciones desde 2006, había obtenido el Premio especial de interpretación del Concurso Adolfo Llauradó 2014. Lo cargué en peso ante el aplauso cariñoso y cómplice de sus demás colegas y amigos. Ivancito, como afectuosamente le decimos, es uno de los mayores orgullos del grupo, disciplinado, profesional, solidario en la escena y en la vida, a veces introvertido y siempre sincero. Pensábamos que la prensa plana, radial y televisiva caería sobre su persona, el Llauradó especial es el galardón a la trayectoria de vida como actor en un artista con 35 años, pero no fue así. La sencillez cotidiana de García le ha jugado una mala pasada en ese aspecto, lo mismo sucedió cuando ganó el Premio Caricato por su excelente trabajo protagónico en Si vas a comer espera por Virgilio, a las órdenes del maestro José Milián o al obtener otro Llauradó  en 2013 por sus varios papeles actorales en Alicia en busca del conejo blanco, con nuestro colectivo. Fue entonces que le pedimos unas palabras como testimonio de una felicidad que compartimos todos desde que estrenara con nosotros, en 2007, Los zapaticos de rosa.

Imagen: La Jiribilla
Cuento de amor en un barrio barroco.
Teatro de las Estaciones
 

2007-2014, madurar de una manera lógica

“Mi vida teatral dentro de los 20 años de Teatro de Las Estaciones consta de ocho años y 12 espectáculos, montajes con sus procesos de trabajo tan individuales como diferentes entre sí. Los zapaticos de rosa me hicieron doblegar al Yo actoral ante el elemento titiritero. En Una niña con alas disfruté mi primer trabajo en un laboratorio de creación  y Federico de noche me regaló el desafío de asumir mis primeros siete personajes dentro de una obra. Con El gorro color de cielo conocí el incómodo trabajo dentro del espacio reducido de un retablo. La sorpresa vino con Por el monte Carulé, me obligó a sustituir a Freddy Maragotto, mi actor-modelo, mi favorito, con el implacable miedo de los principiantes. Pinocho corazón madera me regaló mi primer protagónico como actor titiritero y Canción para estar contigo, me entrenó para hacer un musical, nada menos que al lado de una soprano de la estatura artística de Bárbara Llanes. Cuento de navidad me obligó a reír y mirar al público a los ojos, todo para que el respetable ignorara la torpeza de mis pies. El patico feo me conectó definitivamente con el anhelado mundo de la danza. Pedro y el lobo me enseñó el arte de dominar al público desde la interpretación del narrador.  Con Alicia… regresé a mi infancia en el campo, pude jugar mis propias fantasías. El sueño de ser parte activa de un carnaval cubano y bailar como Dios manda se cumplió con Cuento de amor en un barrio barroco, inundado por la contagiosa música y la presencia del cantautor William Vivanco. Pero fue con El irrepresentable paseo de Buster Keaton, mi más reciente trabajo, donde debí desechar todo lo aprendido y empezar de cero, nunca imaginé que eso me sucedería. Con cada nuevo trabajo ha llegado un nuevo taller, un nuevo estudio, una nueva investigación. He ido madurando de manera lógica, permanente y evolutiva; quizá como se debe crecer en una academia de las artes”.

Imagen: La Jiribilla
Pinocho corazón madera. Teatro de las Estaciones

Actor titiritero, un ejercicio de humildad

“Ser actor titiritero me ha abierto un mundo de posibilidades infinitas en mi desarrollo profesional. Puedo interpretar personajes, que de otra manera, estarían muy distantes de mi realidad. Trabajar con el títere es hacer día a día un ejercicio de humildad. Transitar entre emociones llevadas al límite. Estudiar, esa es la base para lograr un arte con calidad, el crecimiento dentro de un oficio que te ayuda a formar tu propio criterio. Es tener la posibilidad de regresar en el tiempo a los espacios de mi infancia y poder recrear la historia de mi vida una y otra vez”.

Los actores estamos preparados para trabajar en cualquier medio

“He hecho teatro para adultos, para niños, radio, televisión y cine, lo cual me ha obligado a no repetir esquemas de trabajo, maneras de hacer. Cada medio tiene su propio lenguaje, formas de expresar que los actores debemos aceptar, estudiar y comprender. Reconozco en la radio la escuela del buen decir, de la organicidad en el diálogo y sobre todo de la imaginación. En una mañana, dentro del estudio de radio, yo puedo interpretar, como mínimo, cuatro personajes, todos sacados de la inmediatez propia del medio, mediante eso que llamamos oficio. De ese oficio yo me aprovecho para transitar por los lugares donde puedo trabajar y salir airoso. No se dice la palabra igual en la radio, la televisión o el cine, y mucho menos en el teatro. La gracia está en saber cómo hacerlo en cada espacio, sumarte y fluir a través de él, como por un río. Personalmente creo que los actores estamos preparados para trabajar en cualquier medio. Cada uno nos enriquece, nos aporta el conocimiento necesario, ya sea teórico o práctico, para nuestra vida profesional”.

Imagen: La Jiribilla
El irrepresentable paseo de Buster Keaton. Teatro de las Estaciones

Buster Keaton o el sentido del sin sentido

“Si me preguntaran de todos mis papeles teatrales cual ha sido el más difícil, diría justamente que el último, en noviembre, cuando estrené El irrepresentable paseo de Buster Keaton. Buster es un personaje real, cercano en la memoria afectiva y visual de las personas. Parece que este tipo de personaje será recurrente en mi carrera, me ha pasado lo mismo con Virgilio Piñera y Federico García Lorca. Es algo peligroso, pues si lo conviertes en una caricatura externa puedes desilusionar al espectador.

Creo que la gracia de un  actor está en agenciarse este Ser, asumirlo, aceptarlo con una visión clara y personal de quién es y qué quieres mostrar de su vida o su obra. Para interpretar a Buster Keaton hicimos un trabajo de mesa denso, difícil, como el mismísimo surrealismo.  Vi en mi casa todos los filmes  que logré conseguir de ese reconocido actor del cine silente. Aun así, al comenzar cada ensayo, me sentía totalmente desnudo e indefenso. Solo cuando logré encontrar dentro del espectáculo mi historia personal, esa que el público desconoce, y la entretejí con la historia de la propia obra, fue que logré avanzar y comenzó a tener sentido el sinsentido”.

El alto precio personal del teatro

“Para definirme en el teatro, se me ocurre trazar un paralelo con una frase que alguna vez escuché en mi tiempo de estudiante religioso: «Si cantas, aunque lo hagas como los ángeles, y no amas tu melodía, enturbiarás el oído del hombre con el sonido hueco». Yo amo lo que hago, es lo único que verdaderamente me ha interesado por sobre todo, tal vez sea eso lo único que sé hacer. Puede que a unos cuantos no le guste mi trabajo, pero hay otros tantos que sí y es por esos y para esos que yo vivo. De mis 35 años de vida, he dedicado al teatro los últimos 20 años. Se paga un precio muy alto a nivel personal cuando te entregas a esta profesión como yo me he entregado. Si me preguntarán que significa para mí el teatro, no dudaría en responder con toda la sinceridad de este mundo: Es un sacerdocio”.

 

*En los últimos días del año 2014, supimos que Iván García Díaz está nominado doblemente en el Premio Caricato de la UNEAC. En teatro para niños por sus roles de Pregonero, Simón y Alí Babá en Cuento de amor en un barrio barroco, de Teatro de Las Estaciones, y en cine por su alabada personificación de Virgilio Piñera en la película realizada por Tomás Piard sobre la obra teatral Si vas a comer espera por Virgilio, de José Milián.

Comentarios

Soy un fiel seguidor de Estaciones, admirador y amigo de Iván. Me alegro contigo y te deseo sigas cosechándo éxitos en tu carrera: lo que has conseguido -lo sé- es gracias a tu tesón y disciplina. Gracias Rubén por regalarnos esta entrevista que deja entrever la persona que Iván es.

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