Estudio de caso

Esther Díaz Llanillo • La Habana, Cuba

Ya que estamos aquí reunidos, me parece oportuno presentarles un caso curioso que seguramente será de su interés:

Era una tarde radiante, de ésas que inspiran caminar por las calles del Vedado o por el Malecón habanero. Yo estaba en mi consultorio con un compulsivo deseo de salir a estirar las piernas cuando llegó el último paciente.

El sujeto en cuestión aparentaba un poco más de cuarenta, vestía con elegancia y era bien parecido. Entró con cierta cautela y lo invité a que tomara asiento frente a mí. Cogí la historia clínica y anoté su nombre y otros datos personales que suelen solicitarse, los cuales, por supuesto, no puedo comunicarles debido a la ética profesional. Una vez completados estos requisitos, le hice la habitual pregunta:

—¿Qué le ocurre?

Y él empezó el relato:

—Yo soy una persona talentosa —me dijo—. Gozo de mucho prestigio y he escrito más de un libro sobre mi especialidad.

—¿Cuál es su especialidad? —indagué.

—Soy matemático, más exactamente: Doctor en Ciencias Matemáticas. Imparto clases acerca de esta materia en la universidad y además investigo.

—Investiga... ¡Qué interesante! ¿Sobre qué?

—Llevo años tratando de encontrar una fórmula muy valiosa, de alcance universal, y finalmente la semana pasada la hallé, revolucionará las Matemáticas.

—Lo felicito. Sígame contando.

—El problema real, el peor de todos, es que mis enemigos, porque yo tengo muchos, se han enterado de mi descubrimiento y quieren robármelo.

—¿Es eso posible? ¿La tiene anotada en algún lugar?

—¡Nunca! Todo está en mi cabeza, pero ellos lo saben.

—Siempre que no se la diga...

—Con esa fórmula voy a resolverle grandes problemas a la humanidad. Ellos intentan robarme mis ideas.

—¿Cómo pueden hacerlo?

—De una sola forma: volviéndose pequeños. ¡Sí, mire... mire esos enanitos que ahora están pasando por debajo de la puerta! ¡Se acercan, me pellizcan, me guiñan los ojos, me hacen cosquillas y tratan de llegar a mi cerebro! Saben que allí, en un área secreta, la tengo bien archivada.

El sujeto daba brincos, trataba de quitárselos de encima y corría por la habitación tropezando con los muebles.

Aprovechando mi sólida experiencia profesional, rápidamente decidí aplicarle una terapia de choque:

Lo agarré por las solapas del sacó, lo empujé hacia atrás y lo lancé sobre el sofá; a continuación di un puñetazo sobre el escritorio que resonó como un estruendo en la cerrada habitación y lo miré fijamente a los ojos, casi con furia.

—¡Ahora usted es también un enanito y ellos no pueden robarle sus ideas ni hacerle daño! –le dije en tono imperativo.

Ustedes saben que en circunstancias extremas esta terapia es muy efectiva. Como consecuencia el hombre enmudeció, entró en trance, permaneció tranquilo y después, poco a poco, su cuerpo fue decreciendo, encogió, se redujo, y finalmente el sujeto saltó desde el sofá y ante mis propios ojos se escurrió por debajo de la puerta.

Por supuesto que no pude darle seguimiento, lo cual es una lástima, pues fue la última vez que lo vi.

Ha sido el caso más interesante que he tenido en mi carrera, y hoy lo traigo a este Simposio como un ejemplo excepcional.

Muchas gracias

 

Cuento incluido en el libro El vendedor de cabezas. La Habana, Letras Cubanas, 2009.
Ficha: Esther Díaz Llanillo: Narradora, investigadora y ensayista cubana. Nació en La Habana, el 2 de diciembre de 1934. Doctora en Filosofía y Letras. En 1959 se le otorgó el premio especial Antonio Barrera de la Cátedra de Literatura Cubana e Hispanoamericana de la universidad de La Habana por el ensayo El arte de novelar de Hernández Catá. Trabajó en la Casa de las Américas desde 1959 a 1961. Desde 1973 hasta 1975 trabajó en investigaciones literarias en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Ha publicado los libros de cuentos El castigo y Cambio de vida, donde se incluyen los cuadernos Cambio de vida y Regresión, los cuales obtuvieron mención en el premio Alejo Carpentier de Cuentos en 1999 y 2000, respectivamente. En el 2004 le fue conferida la Distinción Por la Cultura Nacional. En el 2005, publicó Entre latidos, con Ediciones Unión, y en el 2009 El vendedor de cabezas, con Letras Cubanas.

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