Cabaiguán, 200 años

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

En los años de mi adolescencia y primera juventud viajaba a menudo por la carretera central de Cuba, lo mismo de  oriente a occidente que en sentido contrario.

Entonces no estaba hecha la malograda autopista nacional, llamada por todos como ochovías, e invariablemente la ruta de guaguas interprovincialesdebían pasar por un singular pueblo llamado Cabaiguán, que entre los encantos que tenía, a primera vista, era una larga alameda o paseo o arboleda asfaltada, que multiplicaba la Carretera Central en dos  sendas, a diferente nivel, con bancos y escalones de acceso en diversos puntos.

La vía era casi tan larga como el pueblo mismo —al menos eso me parecía entonces— y para el impenitentecurioso que ya era, el lugar me parecía tan lleno de misterio como discordante, con un increíble aire de mundo, que el poblado en verdad no tenía.

Nopodía saber que muchos años después adquiriría allí buenos amigos y amigas, con los cuales he compartidomuchos de mis mejores momentos de la vida universitaria, unas cuantashoras mundanas de la bohemia criolla y variasnavegaciones y naufragios que la vida de adulto, las profesiones y los adeudos nos imponen.

Imagen: La Jiribilla

Pero en aquel tiempo no había descubierto Cabaiguán. No sabía que era término municipal ―por decreto presidencial― desde el 3 de abril de 1926, momento para muchos de verdadera significación como territorio. Desconocía que ya en 1589 existía un hato llamado Cabaiguán, mercedado por esa fecha por el  cabildo espirituanoy  por donde pasaba el entonces Camino Real «que unía las primeras villas fundadas por los conquistadores en el territorio: La Santísima Trinidad, El Espíritu Santo y San Juan de los Remedios…»1.

Solo sabía que le decían el Pueblo de los Verracos, “dizque” porque pasaba por allíuna vía férrea y en un apartadero, existió, en algún momento, un corral de embarque de cerdos sementales que mostrabansus gloriosasarmas escrotales a los viajeros asomados a las ventanillas del tren.

Hoy la rica historia del pueblo aflora continuamente gracias al grupo de historiadores, poetas y novelistas del lugar, que insisten en indagar y también en rescatar memorias y lugares, hechos y circunstancias.

Gracias a los muchos apasionados, se sabe que en los primeros años del siglo XIX existía en el actual emplazamiento del poblado una cantina que daba alojamiento y comida a viajeros y a cabalgaduras.

UnaGuía de Forastero de la Siempre Fiel Isla de Cuba, antecedente de lo que hoy sería una guía turística, se encargaba de catalogar las villas, caseríos y tabernas que se desgranaban por la geografía nacional.

A finales de 1814 dicha guía mencionaba a Cabaiguán como taberna y la situaba en algún punto que casi todos suponen cercano a la zona donde hoy está el parque infantil Serafín Sánchez, la estación de ómnibus interprovinciales y el extremo oriental del famoso paseo arbolado que convierte en dos la estrecha Carretera Central.

Los cabaiguanenses decidieron, salomónicamente, que celebrarían cada 23 de diciembre la fundación del pueblo, como “punto poblado”,así que Cabaiguánrecién cumplió 200 años.

Ambos detalles ―la fecha de celebración y laexpresión“punto poblado”― son trazas de cómo la imaginación suele encontrar soluciones colectivas, tan veraces como pertinentes, cuandolapasión se enfrenta a los misterios.

Y se dieron a la tarea de celebrar los 200 añoscon dos acciones fundamentales, entre otras que organizaron: rescataron la taberna, a unos cientos de metros del emplazamiento original. Se llama ahora Taberna 1814 “El Crispín” y puede verse en la calle Valle, flamante, con sus vinos,quesos y jamones de la tierra, y en un futuro probable, paellas “a la cubana”.

Tras largos años de controversia, han vuelto a restituir en su glorieta primigenia la imagen de la Virgen de La Caridad de Cabaiguán ―que todos llaman simplemente “La Virgencita”―, a pocos metros de la estatua del comandante revolucionario Faustino Pérez, tal vez para recordar que lo divino y lo terrenal muchas veces son la misma cosa.

Imagen: La Jiribilla

Ambos emplazamientos se justifican por sí solos: una descripción de hace siglo y mediodibujaba —al modo de Jacobo de La Pezuela—una «taberna, tienda mixta y su corto vecindario, que suele componerse de 20 á 25 individuos de toda edad, sexo y condición, se surte de agua potable de un arroyuelo que pasa por la espalda del caserío. Está situado en terreno llano y algo húmedo de la hacienda ó hato de Cabaiguán».

En el caso de la virgencita sucede que a finales de la década del 40 del siglo pasado, un grupo de choferes que hacían rutas por todo el país pensaron en homenajear a la patrona de Cuba, que también lo era de los automovilistas, colocando una imagen en un pueblo que, de muchas maneras, era encrucijada a medio camino de sus itinerarios.

Ambas historias, contadas aquí sucintamente, tienen en el libro Cabaiguán 200. Cultura y tradición, largas páginas de asombro.

Sin embargo,descubro en este punto del relato que no me referí aúnal paseo, que además de motivar el texto que ahora leen, amigos y amigas, sigue siendo, según lo veo, la joya de la corona del lugar.

En próximas memorias andaremos por el umbroso sendero lleno de tanto misterio como de aires de mundo, de un Cabaiguán que ya cumplió sus dos siglos.



Notas:

1. Cabaiguán: dos siglos como punto poblado y ochenta y ocho como municipio/Mario Luis López Isla/Ester Lidia Vázquez Seara.

 

Comentarios

Muy bien, es muy hermoso que quieran tanto a nuestro pueblo, un abrazo desde Cabaiguán

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