Los estilistas del chachachá

Josefina Ortega • La Habana, Cuba
Fotos: Archivo de la EGREM
 
“Si tú sientes un son sabrosón/ ponle el cuño que es la Aragón. /
Si tú escuchas un rico danzón/ ponle el cuño/ que es la Aragón”.

 

Dicen que tocaron su primer baile el 9 de octubre de 1939, allá en Cienfuegos, y que primero se llamaron Rítmica 39, después Rítmica Aragón y finalmente Orquesta Aragón.

En 1950 realizaron su primer viaje a La Habana, donde se instalaron a mediados de 1955, contratados por la cerveza Cristal, para grabar un programa diario en Radio Progreso.

Imagen: La Jiribilla

Su repertorio, como es de suponer, estaba compuesto en un inicio por danzones, boleros, guarachas y hasta pasodobles, pero con el fabuloso éxito del cha cha chá, la Aragón, con su sonoridad propia y su timbre inconfundible, se convirtió en la principal difusora del nuevo ritmo creado por Enrique Jorrín.

Se asegura que llegaron a grabar más de 40 números en placas de 78 rpm, sistema usado por esos días, y luego con la RCA Víctor lo hicieron con cuatro números que harían época: “El agua de Clavelitos”, “Mambo inspiración”, “Nunca” y “Mambo sensacional”.

Fue suficiente para lanzar a los aragones a los primeros lugares de la preferencia del público bailador.

Y tanto que el sello Capitol se dispuso a llevarlos de inmediato a sus estudios de California, mas la RCA Víctor se apresuró entonces a firmarles un contrato, con el cual conduciría la difusión internacional de la orquesta, que ya en febrero de 1956 realizaba su primer viaje al exterior para animar los carnavales de Panamá; en 1957 actuaron en Venezuela; y en 1958 hicieron una gira por Guatemala y EE.UU.

En la bodega se baila así

Mucho ha llovido desde la fundación de la Aragón, y sin embargo, en estos días de agasajos por sus más de siete décadas, para todo cubano que se precie de haber bailado como un trompo “no hace mucho todavía”, —me es permisible la defensa—, en los finales de los 50 y los 60 del pasado siglo; la remembranza de seguro le habrá jugado, como a mí, una buena pasada al traerle de regreso una y otra vez fragmentos de aquellas inolvidables piezas de nuestra infancia y juventud.

“Soy un chico delicado/ que nací para el amor, /ese coche me ha estropeado/ pare en la esquina señor”; “nosotros que nos queremos tanto/ debemos separarnos, / no me preguntes más. / No es falta de cariño, / te quiero con el alma, / te juro que te adoro, / y en nombre de este amor, / y por tu bien, te digo adiós”; “en la bodega se baila así/entre frijoles, papas y ají”…

Eran sus días de oro cuando sonaban como una sinfónica en miniatura, con una música bien popular, pero con elevada facturación artística. Llegaron a convertirse en una orquesta de multitudes, siempre con más de un éxito instalado en el hit parade no solo de Cuba sino también de otras latitudes. Eran tres voces al unísono, las recuerdo bien, de la televisión, la radio, los bailes y hasta de algunos dulces quinces: Pepe Olmo, el rompecorazones del grupo con una muy dulce voz; Rafael Bacallao, quien nos enseñó a bailar con sus pasillos únicos, y Rafael Lay Apesteguía, también director y violín solista, virtuoso del instrumento.

Con apenas 13 años ingresó en la nómina del fundador Orestes Aragón Cantero, y, en un lapso de ocho, por enfermedad del primero, tomaría el mando de la agrupación a la que con una disciplina ejemplar y un sentido del concepto musical-popular bien determinado, la hizo grande entre las grandes.

También realizó indiscutibles contribuciones a la ejecución de géneros como el bolero y el cha cha chá, manteniendo a la vez su admirable quehacer como arreglista y compositor de algunos números muy aplaudidos, como “Cero codazos y cabezazos” y “Sí, envidia”, entre otros muchos.

 

Imagen: La Jiribilla

Como estandarte

Les llamaban los estilistas del cha cha chá.

Y según los especialistas en cuanto a sus particularidades como orquesta: “Es propio de las sonoridades de la Aragón, la definición de los planos rítmicos y melódicos. Cada uno de los instrumentos tiene bien definida su función musical, complementándose unos a otros, lo cual se plasma desde los arreglos musicales (…), constituyendo la base de la sincronización y timbre característicos de esta agrupación”.

Todavía evoco fascinada la flauta mágica de Richard Egües; las voces de Olmo, Bacallao y Lay; el bongó de Orestes Varona; el contrabajo de José Beltrán; el piano de Pepito Perelló; el chelo de Tomasito Valdés, … y, por supuesto, la excelente conducción de Lay, fallecido en 1982, a causa de un accidente automovilístico, y a quien su hijo, Rafael Lay Bravo, Rafaelito, como le llaman, sustituiría en 1984, “con el desafío de mantener —como afirma la periodista Ileana Rodríguez Pelegrín— el prestigio de una agrupación insigne a la cual el público exige fidelidad absoluta a los fundadores”.

El estilo peculiar de la Aragón se ha mantenido, al decir de su actual director: “Porque sigue funcionando, además de que se va convirtiendo en una cuestión no patrimonial pero sí como estandarte”.

Imagen: La Jiribilla

Con el favor del público

En 1965 la Aragón integró el Music Hall que realizó una gira de meses por varios países europeos: Unión Soviética, Polonia, República Democrática Alemana y Francia. Participó en varios festivales internacionales de Jazz como el Royal Hall, de Inglaterra. Se presentó también en Colombia, Puerto Rico, México, Nicaragua, Canadá, EE.UU., Japón, Grecia, Italia, Egipto, Sierra Leona, Angola, Argelia, Benin, e infinidad de países de todos los continentes.

En 2002 fue nominada al Granmy Latino por La charanga eterna, como mejor álbum tropical tradicional.

Nacida en Cienfuegos en 1939, la Aragón se convertiría, sin duda alguna, como dijera el especialista y amigo Rafael Lam, en “la orquesta que hinchó las velas de la música popular cubana”.

Pero lo cierto es que sus músicos fundadores, en un inicio también, cosas de la época, carpinteros, panaderos y hasta planchadores de tintorería, ni por un momento imaginaron siquiera que sus sucesores llegarían a festejar con el favor del público su cumpleaños 75.

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