Cantores...

Guevara, tú vuelves al camino con la adarga al brazo

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Créeme,
cuando te diga que el amor me espanta,
que me derrumbo ante un te quiero dulce,
que soy feliz abriendo una trinchera.

                                   Vicente Feliú

La naciente Revolución cubana fue aislada por la OEA en 1960; los gobiernos del continente, bajo mandato imperial, rompen relaciones con Cuba (salvo México y Canadá). Fidel alza su voz en la Plaza de la Revolución ante un millón de cubanos; allí en asamblea del pueblo, conocida como Primera Declaración de La Habana, se lanza como principio raigal, como destino la solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo. La Isla de los barbudos se convierte en refugio de los revolucionarios perseguidos. En tan temprana fecha como 1963 parte el primer contingente cubano militar (integrado por 686 efectivos) hacia Argelia, respondiendo a la solicitud de ayuda del máximo dirigente argelino, Ahmed Ben Bella, ante la agresión perpetrada por el ejército marroquí al territorio argelino. 

Imagen: La Jiribilla

Créeme,
cuando te diga que me voy al viento
de una razón que no permite espera,
cuando te diga no soy primavera
sino una tabla sobre un mar violento.

                                  Vicente Feliú

El 3 de octubre de 1965 queda constituido el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba, como el órgano representativo de la Revolución cubana. Miles de rumores corrían por el mundo en esos días acerca del Comandante Ernesto Guevara. En ese acto, Fidel lee la carta de despedida que le ha dejado el Che al partir hacia el Congo a luchar. Cuba quedó paralizada escuchando aquel “Hasta la victoria siempre”:

“Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos. (…) En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté: esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”.

Imagen: La Jiribilla

El internacionalismo cubano llegaba con el Che a su más alta expresión y comenzaba a irradiarse por el continente. Tras el fracaso de la guerrilla en el Congo, el Che emprende su anhelado proyecto de la revolución latinoamericana, y se infiltra con un pequeño grupo de combatientes en Bolivia.

Amada, supón que me voy lejos,
tan lejos que olvidaré mi nombre.

Eliseo Reyes, el Capitán San Luis, inspira esta canción “El dulce abismo” de Silvio Rodríguez. Con 16 años subió a la Sierra Maestra; formó parte de las tropas del Che en la invasión que trajo el triunfo de enero, alcanzando los grados de capitán. Nombrado jefe de la seguridad del estado en la provincia Pinar del Río, se destacó dirigiendo la lucha contra bandidos. Una madrugada de 1966, con 26 años, besa a sus hijos y a su mujer y parte de casa. El 25 de abril, de 1967, en un combate desigual encuentra la muerte en Bolivia. El Che, en su Diario apunta: “Hemos perdido el mejor hombre de la guerrilla…”.  

Amada, la claridad me cerca.
Yo parto, tú guardarás el huerto.
Amada, regresaré despierto
otra mañana terca
de música y lirismo.
Regresaré del sol que alumbra
el dulce abismo.

La guerrilla del Che en Bolivia, es parte de un volcán de movimientos de liberación que van surgiendo en todo el continente. Muchos serían los trovadores que, en los años siguientes, partirían a cumplir misiones internacionalistas, con el fusil al hombro, y al otro, la guitarra. Pablo Milanés, Augusto Blanca, Lázaro García, Frank DelgadoSilvio Rodríguez recuerda uno de esos momentos duros con Vicente Feliú

“Vicente fue a Angola dos veces conmigo, y no estuvo en el Playa Girón, pero sí en la Sierra Maestra, en el Turquino. Para cualquier actividad contingente, para cualquier actividad revolucionaria, para cualquier combate, para cualquier barricada que haya que levantar, no quiero un compañero mejor que Vicente Feliú. Para mí es el Ideal. Recuerdo una anécdota que retrata su carácter, una vez nosotros andábamos por Bacusao —un lugar que queda en Cabinda, en la selva de Mayombe, muy complicada, porque en aquella carretera emboscaban todos los días, y mataban a mucha gente—, cuando fuimos a pasar por uno de los lugares más difíciles, donde unos días antes habían caído un Capitán llamado Aramís y otro compañero, el que va con nosotros —actualmente es Coronel, Pérez Caso— saca un poema que había escrito Aramís y quiso leerlo allí. Pero no se podía parar porque había que pasar a una velocidad tremenda, pues los enormes farallones a los lados de la carretera eran muy propicios para las emboscadas. Vicente iba en la parte de atrás del jeep, entre el mago Ayra y yo, y era el único que, por la posición que ocupaba en el carro, no podía tener una respuesta combativa en caso de que nos tiraran. Todos íbamos con los AK hacia fuera, menos él, que iba en el centro. Yo recuerdo que Vicente dijo: “Yo voy a leer el poema”. Estaba cayendo un aguacero que no se veía a tres pasos, fortísimo, y nos impedía ir a demasiada velocidad. Éramos un blanco casi perfecto: si nos llegan a estar esperando, nos hacen picadillo.

En el lugar de la carretera donde cayó Aramís estaba la mancha de aceite, porque habían destruido un blindado, y en el preciso momento en que pasábamos por allí, los compañeros que iban detrás, como tributo al capitán, lanzan una ráfaga. Pero ellos no nos advierten que iban a tirar, y entonces se arma tremendo tiroteo dentro del jeep, porque todos pensamos que nos estaban tirando. Me acuerdo que el único que no disparó fui yo, que saqué la cabeza para ver si veía al enemigo, porque yo no veía a nadie —además, no vi ningún impacto en el carro tampoco. “No nos están dando”, pensé, pero miré para afuera, aunque como había una lluvia tremenda, no podía ver nada. Todo eso sucedió en pocos segundos. Y en lo que duró el fuego, mientras todos pensábamos que estábamos en el centro de la emboscada, la voz de Vicente no se quebró; siguió leyendo el poema, todavía más alto y con más energía, debajo del tiroteo, y cuando terminó, le puso un punto final con un “¡Cojones!”. Haber hecho eso en aquellas circunstancias… Me parece que no hay mejor forma de retratarlo que contando esto.”

¿Quién no ha reparado en que
la muerte es una puta caliente sobre todos los que sienten?
¿Quién no ha entregado una canción,
al menos una, a la muerte, por no seguir su itinerario?
¿Quién va a morirse esta mañana? ¿Quién?
¿Quién va a morirse esta mañana
de hoy?

                                  Vicente Feliú

La Operación Carlota, Angola; la Operación Baraguá, Etiopía y otras misiones participaron más de 385 mil combatientes cubanos, y de ellos cayeron, cumpliendo con su deber internacionalista, más de dos mil  combatientes.
Mandela,
que encuentro tan fecundo
poder cambiar tu mundo
y el modo tan hermoso
de quererlo eternizar.

Nelson Mandela,
y como pólvora regaste el amor
que te sostiene en una prisión
que te va a liberar
.
                                 Pablo Milanés

El trovador cubano Frank Delgado nació el 19 de octubre de 1960. Pertenece a la generación llamada segunda de la Nueva Trova, junto a Santiago Feliú, Gerardo Alfonso y Carlos Varela, entre otros.
Frank fue combatiente internacionalista en Etiopía y Angola, experiencia de la cual brota, muy especialmente, la canción “Veterano”. 

Me conseguí una foto de Agostinho Neto
y le puse una missanga como amuleto,
se me pegó la zozobra del combatiente,
cuidándome del mosquito, de las serpientes,
de la muerte que se embosca entre las lianas,
o en los pasos inseguros de los blindados
cuando avanzaban en caravana.

El trovador sabe de la vida colgando en el hilito de un combate, admira al guerrillero —como quien dice—, de colega. Estuvo en las peligrosas caravanas, en las que una mina hacía estallar un camión en plena carretera, o una emboscada te precipitaba hacia la muerte de un disparo sorpresa en la frente.

Conozco la cofradía de los valientes,
los que en el fragor avanzan siempre hacia el frente,
los que esconden sus hazañas tras la modestia,
a otros que se apuntaron más de la cuenta,
algunos que con la guerra se enriquecieron
y los domingos organizaban safaris,
también amigos que no volvieron,
pero lo que dio mi gente en esa batalla,
perdónenme el adjetivo,
pero no cabe en la calamina de una medalla.

Ve al Che Guevara de cerca, sencillo, recto, que exige exigiéndose, sin el menor síntoma de acomodamiento a pesar de su posición como uno de los grandes jefes de la Revolución.  

Con la adarga al brazo  
Autor: Frank Delgado

Apareciste en la mitología de mi amor,
de la mano de mi madre                      
con un acento raro y una boina tornasol.
Un día me contó que ya no estabas
y se le quebró la voz.

Aprendí tu diario y tus mañas de orador
como la Biblia Moderna,
y con “Che Comandante”
y la “Suite de las Américas”
ya completé el rosario
y el Ave María de mi religión.

Guevara, tu vuelves al camino con la adarga al brazo,
pintado en los pulóveres de los muchachos
o vigilante desde la pared.
Por eso te llevo en mi cartera como un buen resguardo
o como la casera estampita de un santo,
para que me proteja y me hale las orejas,
si algún día malo me olvido del Che.

Tus hijos comieron del mismo pan que comí yo,
fuimos al mismo colegio,
viviste con el pueblo en su misma condición,
por eso estás al lado de Camilo
y a la izquierda de Changó.

Y a los que te utilizan como tema del sermón
y hacen todo lo contrario
no les permitiremos más discursos en tu honor,
ni que usen tu retrato
si van a predicar lo que no  son.

Guevara, tu vuelves al camino con la adarga al brazo,
pintado en los pulóveres de los muchachos
o vigilante desde la pared.
Por eso te llevo en mi cartera como un buen resguardo
o como la casera estampita de un santo,
para que me proteja y me hale las orejas,
si algún día malo me olvido del Che.
 

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