La eterna Aragón

Liliana Casanella • La Habana, Cuba

La madre de las charangas cubanas cumplió 75 años el pasado 30 de septiembre. Más de medio siglo ininterrumpido en la preferencia del bailador no es poca cosa, máxime en un país donde, por tradición, han proliferado las orquestas de excelencia. La agrupación cienfueguera continúa siendo motivo de alegría, sinónimo de disfrute y garantía de un sonido de altos quilates.

Imagen: La Jiribilla
 

Bajo la égida de Rafael Lay Apezteguía, el conjunto consolidó un sello particular que mucho tiene que ver con el desempeño de sus fundadores, los arreglos de Lay y del virtuoso flautista Richard Egües, amén del alto nivel de comunicación logrado por sus integrantes y perpetuado por quienes han ido sustituyendo la nómina inicial, siempre con el criterio de mantener una labor de conjunto que no privilegia desempeños individuales.

Con el cultivo de las cualidades musicales, bailables e histriónicas de sus miembros, la Aragón logró corporizar el sonido de una escena bailable en diferentes espacios: el baile popular masivo, los centros nocturnos, los medios de difusión, la discografía. Entregó a un extenso y heterogéneo público la música que necesitaba en cada momento y cada época, convocándolo a partir de la diversidad de propuestas que ofrecía su repertorio.

Como afirma Rafael Lam: “La Aragón se convierte en una orquesta de multitudes que logra fundir el salón con la calle […] Fue como una sinfónica popular en miniatura, con una música bien popular, pero con alta elaboración artística”. [1] El sabor de su interpretación suplió con creces el empirismo de varios de sus integrantes primigenios en tanto la genialidad de Lay y Egües encauzó las potencialidades de cada instrumento en un todo único, cuya resultado fue un trabajo inteligente y orgánico.

El estilo aragonero se caracteriza no solo por el perfecto empaste de las voces, sino también por un trabajo de vanguardia que partió de la fusión de múltiples especies genéricas con el chachachá en la base, elemento que los convirtiera sin discusión en los estilistas del chachachá, pues consiguieron enriquecerlo con referentes tan disímiles como el son, el danzón, el bolero, la guaracha, el samba, el charlestón, el rock and roll, etc., en mezclas donde no siempre eran distinguibles los géneros involucrados. También en el bolero introdujeron variantes interpretativas.

Lo anterior cristaliza en un extenso repertorio que ronda las 700 piezas y cuyo rasgo cohesionador es, precisamente, el sello arreglístico e interpretativo de criterio cameral, marcado por una impronta sonera, aprovechada al máximo para incentivar al bailador, enriquecer las coreografías de los géneros tradicionales y convocar las audiencias del chachachá y el danzón junto a las del son y el bolero fundamentalmente. Por otra parte, las versiones realizadas a temas de moda cubanos o foráneos, ya conocidos en el mundo de la canción, funcionaron como una estrategia de permanencia que se apoyó en diferentes tipos de repertorios, bailables o no.

Imagen: La Jiribilla
 

La ductilidad de su desempeño le permitió asumir el difícil rol de agrupación acompañante, y son incontables los encuentros con figuras de gran renombre nacional de los más diversos estilos (Orlando Vallejo, Elena Burke, Moraima Secada, Omara Portuondo, Argelia Fragoso, Ramón Calzadilla, Emilia Morales, Mundito González, Laritza Bacallao, Yaíma Sáenz, Milada, Bárbara Llanes, Yumurí y Leo Vera, entre muchos). Así mismo, el programa radial que mantuvo la orquesta en Radio Progreso recordado por el estilo de presentación impuesto por el locutor Jesús López Gómez quien acuñara la enfática frase de saludo “!Aragonísimos días, amigos!”, fue otro espacio propicio para unir la charanga con intérpretes foráneos como Daniel Riolobos, Alfredo Sadel, Alberto Beltrán, Daniel Santos y Antonio Palacios, por ejemplo. De igual forma, han compartido escenario en tres ocasiones con la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta de los Maestros Roberto Valera y Enrique Pérez Mesa.

No basta una longeva existencia artística para garantizar la trascendencia de una agrupación, se necesita dejar una huella en sus contemporáneos y las generaciones posteriores. La Aragón lo ha logrado con creces.

La evolución también se ha evidenciado en la asunción de nuevos ritmos —no siempre con el beneplácito de la crítica. Tal como habían marcado en su trayectoria, en los 70 la orquesta incorpora el mozanchá, el chaonda, el guachipupa, como reflejo de un panorama de búsqueda, ecléctico y transicional que, de alguna manera, preparó el camino para lo que sucedería en las décadas finiseculares en el ámbito bailable cubano. Este interés hibridante y de actualización permanece con la incorporación de piezas cercanas al estilo timbero, junto a apropiaciones de rap y reggaetón lo cual ha traído como consecuencia que el actual sonido Aragón suscite no pocas polémicas. Lo cierto es que para algunos de sus seguidores resulta harto difícil la modificación de códigos comunicativos establecidos por 75 años, más cuando se asiste a la coexistencia de discursos tradicionales y contemporáneos que difieren notablemente entre sí.

No basta una longeva existencia artística para garantizar la trascendencia de una agrupación, se necesita dejar una huella en sus contemporáneos y las generaciones posteriores. La Aragón lo ha logrado con creces. En la historia de la música popular han dejado inscritas cientos de grabaciones que se reeditan constantemente en Cuba y el extranjero; se publican libros y realizan documentales sobre su trayectoria y su influencia rebasa las fronteras de la Isla para reconocerse en el mundo de la salsa mundial. [2]Numerosas agrupaciones de sobrado prestigio han reproducido intencionalmente algunos de sus rasgos identitarios en obras devenidas claves en su repertorio —piénsese en el tema “Ligia Elena”, del salsero panameño Rubén Blades—; Oscar de León hace público en el documental de Ileana Rodríguez que se hizo famoso “fusilando temas de la Aragón”; César Miguel Rondón reconoce que “para la salsa de Nueva York, Cuba es la referencia definitiva, y la Aragón uno de  los puntos más importantes dentro de ella”, [3]mientras que en la memoria sonora de varias generaciones permanecen múltiples temas, y las referencias a su música opacan la de otros grupos contemporáneos de igual formato y repertorio. No por gusto fue aclamada como la Orquesta del Siglo en una amplia encuesta realizada por la revista Salsa Cubana [4]en el último año de la pasada centuria, cuando su presencia en los medios y los bailes populares era menos frecuente.

Pocos saben de su impacto sostenido en la popularidad que data de la década de 1950 cuando fue considerada la orquesta más destacada del año en múltiples ocasiones, lo cual acaeció nuevamente en la década del 80, reconocida de la misma manera en las encuestas que realizaba la revista Opina. Se han presentado en el Carnegie Hall de Nueva York, el Barbican Center de Londres y el Olympia de París, con una impresionante aprobación de la crítica especializada, o de su selección para la gala de premiación de la IAFF en 2007, honor merecido en ediciones anteriores por una agrupación tan popular como la norteamericana Kool and The Gang. La Aragón obtuvo el Congo de Oro en el Festival de Orquestas de Barraquilla en 1992, fue una de las primeras agrupaciones cubanas inscritas en el Hall de la Fama de la Música Latina y en su honor fue declarada una semana de homenaje en la ciudad de Nueva York, en los EE.UU.; ostenta la Medalla Pablo Picasso que otorga la UNESCO y está considerada Patrimonio de la Humanidad. Ha sido nominada dos veces a los Premios Grammy (NARAS) con los Cds La charanga eterna y Aragón. En route en 2001 y 2002 respectivamente —ambos grabados con Lusáfrica—, y otra al Grammy Latino (LARAS) por su participación en el disco Cuba le canta a Serrat.

Continúan sus exitosas giras al extranjero, visitando regularmente Europa, África, América Latina y EE.UU., donde siguen presentándose con éxito en los más variados enclaves, y comparten escenario habitualmente con disímiles e importantes personalidades del mundo de la salsa y el jazz, entre los que vale la pena mencionar a Gilberto Santa Rosa, Eddy Zervigón, Dave Valentín, Oscar de León, Johnny Pacheco, Wladimir Lozano, Tito Puente y Rubén Blades, con agrupaciones como la Billo’s Caracas Boys, y La Dimensión Latina.

Imagen: La Jiribilla
 

La orquesta se convirtió en canon de su formato y referencia ineludible de la música nacional fuera de nuestras fronteras, con tal fuerza que esta asignación perdura a más de seis décadas, a despecho de quienes la consideran actualmente una suerte de pieza museable y de que su esencia como orquesta bailable haya disminuido en los predios cubanos. Como sucede con otras agrupaciones de corte tradicional, su quehacer es asociado casi en exclusivo a un dogmático concepto que la relaciona inevitablemente con lo viejo o caduco, aunque en el exterior colmen las plazas donde se presentan. La radio y la televisión (con pocas excepciones) continúan recurriendo a imágenes de archivo, aun cuando existen registros recientes de importantes actuaciones en escenarios nacionales e internacionales con sobrada calidad e, inexplicablemente, se reproducen informaciones erróneas sobre su quehacer en los diferentes medios de difusión.

El debate entre autenticidad y tradición necesita ser replanteado en los predios cubanos, solo así podremos preservar nuestra riqueza musical y cultural, y trasladarla a las generaciones venideras para que no se pierda la música que nos identifica, sin que eso signifique en modo alguno cerrarnos a las tendencias de lo universal. Entender la música bailable cubana como un proceso dialéctico, cambiante, abierto y flexible es una de las claves para garantizarle una larga vida.

No es imposible retomar los hilos de continuidad para que, sin perder su estilo, los aragones de hoy nos sigan haciendo bailar al compás de los nuevos tiempos, como se confirmó en el concierto efectuado en el Teatro “Lázaro Peña” de la capital con motivo de su aniversario 75. [5]

 



[1]Lam, Rafael: “La Aragón. De Cienfuegos al mundo”, en Bohemia (La Habana), 10 de septiembre de 1999, año 91, no. 19, p. 55.
[2] Puede consultarse la discografía y aspectos de la historia de la orquesta en los textos del investigador cubano Gaspar Marrero: La Orquesta Aragón. La Habana; José Martí, 2001 y del colombiano Héctor Ulloque: Orquesta Aragón. La Habana, Pablo de la Torriente, 2004.  respectivamente así como en la multimedia realizada por la autora con Ediciones Cidmuc y la EGREM en este año. Veánse también los documentales Orquesta Aragón. La charanga eterna, de Ileana Rodríguez Pelegrín (Ventú Producciones / Empresa Ignacio Piñeiro [2009] en fabricación por Producciones Colibrí) y Caminando Aragón, de Tané Martínez (Nueva York, Metropolitan Pavilion / Colorbox Productions. 2012).
[3] El libro de la salsa, crónica de la música del Caribe urbano. p. 206.
[4] “Encuesta del siglo”, en Salsa Cubana (La Habana), no. 11, 2000, p. 11. Los siguientes nueve lugares estuvieron ocupados por Los Van Van, el Trío Matamoros, el Septeto Nacional “Ignacio Piñeiro”, Irakere, Arcaño y sus Maravillas; el sexto puesto fue compartido por el Conjunto Roberto Faz y la Sonora Matancera; le siguen el Conjunto de Arsenio Rodríguez y el septeto Habanero; en el décimo se colocaron la Orquesta de Antonio María Romeu, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, el cuarteto Las D’Aida, la Camerata Romeu y Los Zafiros. La encuesta fue aplicada a cien especialistas, entre musicólogos, críticos, directores y realizadores de programas radiales y televisivos, periodistas y promotores culturales.
[5] Realizado en octubre de 2014, fue filmado para la televisión cubana por Gloria Torres aunque su edición —por razones de tiempo— solo incluye cinco temas de los ejecutados en la función. Fueron invitados Herrerita y el elenco de Alegrías de sobremesa, para cubrir la parte humorística, la pareja de baile Hermanos Santos, que participa habitualmente en los espectáculos de la orquesta y la compañía infantil de baile Paso a paso.

 

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