El cronista para México

José Martí en El Partido Liberal. Primeros Apuntes

Pedro Pablo Rodríguez • La Habana, Cuba

Ciento cuarentiséis crónicas fue la contribución total de José Martí para el diario El Partido Liberal, publicado en la Ciudad de México. La gran mayoría de esos escritos forman parte de las que antes de venir a la guerra de Cuba en 1895 pensó que fueran reunidas bajo el título de “Escenas norteamericanas” en la compilación de sus obras, tarea que encomendó a Gonzalo de Quesada y Aróstegui.

El cubano fechó la primera crónica en Nueva York el 15 de mayo de 1886, aparecida en el periódico el 29 de ese mes. La última que envió desde la urbe norteña la dató el 28 de abril de 1892 y se incluyó en el ejemplar del 12 de mayo. Así, la firma martiana se mantuvo durante seis años exactos al alcance de los lectores mexicanos con una sostenida frecuencia quincenal pocas veces incumplida por retraso autoral.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, muchos de esos textos no aparecen en la edición de sus Obras completas en 27 tomos impresas en La Habana entre 1963 y 1965 por la Editorial Nacional de Cuba, reimpresas en 1975 y 1991. Como en anteriores  colecciones de los escritos martianos, el editor principal —en este caso Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo de aquel a quien Martí convirtió de hecho en su albacea literario— privilegió las versiones de las crónicas sobre EE.UU. destinadas al diario bonaerense La Nación, probablemente bajo el criterio de que muchas de ellas se repetían en el diario mexicano. 

Semejante apreciación se ha mantenido en la excelente búsqueda hecha por el nicaragüense Ernesto Mejías Sánchez, residente en México por muchos años hasta su fallecimiento, quien compiló un grupo de las crónicas solo aparecidas El Partido Liberal en un libro que tituló Otras crónicas de Nueva York, publicado por Siglo XXI Editores, de México, en 1980, y por el  Centro de Estudios Martianos y la Editorial de Ciencias Sociales en La Habana, en 1983.  Ese acucioso investigador, además de localizar 31textos, nunca compilados antes, incluyó en la obra un índice de esas Cartas, como a menudo encabezaba Martí sus colaboraciones, en el que considera idénticas o con muy ligeros cambios a las que también se incluyeron en La Nación.

De este modo, parte significativa y mayoritaria de las crónicas martianas para México no ha estado al alcance de la posteridad.

Para la edición crítica de las obras completas del Maestro en ejecución bajo mi responsabilidad, se ha decidido  incorporar todas las  versiones de dichas crónicas. La cuidadosa revisión de cada una de ellas ha permitido constatar que jamás son exactamente iguales los textos dirigidos a México y a Buenos Aires. Hasta en los más parecidos hay cambios de puntuación y supresión o adición de palabras, de frases y de párrafos. No caben dudas de que Martí escribió para cada diario con plena conciencia de que lo hacía para públicos parecidos, pero diferentes, aunque se refiriese a temas o asuntos similares.

Imagen: La Jiribilla

Sabemos por su abultada correspondencia con Manuel Mercado que el periodista cubano se valió de este amigo desde los tiempos de su estancia mexicana entre 1875 y 1877 para publicar en El Partido Liberal. Martí había solicitado la ayuda de Mercado para abrirse camino en alguna publicación  de México y al aparecer aquel diario en 1886 consiguió su propósito, de seguro tanto por la influencia de Mercado, ya entonces subsecretario de Gobernación, como por el hecho de que el director y propietario era José Vicente Villada, la misma persona que había introducido al cubano en su Revista Universal en 1875.   

Mercado era quien recibía los textos enviados desde Nueva York y evidentemente fue él quien tomó la decisión de no pasar a la redacción el escrito del 2 de agosto de 1886, el primero en que Martí se refirió a las maniobras anexionistas sobre el norte de México por parte del estadounidense Augustus K. Cutting y que hicieron temer durante varios meses una guerra. Este es el único caso de un texto martiano no publicado. ¿Fue una medida personal de Mercado u obedeció a un cálculo de las autoridades gubernamentales mexicanas?

No podemos precisar una respuesta. Mas lo importante de esta “censura” del amigo sobre Martí es que nos revela el alcance de sus crónicas dentro de la sociedad mexicana durante la era porfirista. El Partido Liberal y su dueño no solo mantenían relaciones de cierta intimidad con el gobierno y en particular con el presidente, Porfirio Díaz, sino que a todas luces se convirtió rápidamente en vocero de la intelligentzia positivista mexicana, conocida como los “científicos”. Publicar en sus páginas era ser reconocido como un periodista más o menos “oficial” o, al menos, oficioso, cuyas opiniones eran compartidas o  admitidas por el poder político.

Y dado que la temática de las crónicas martianas era EE.UU. en sus más diversas facetas, pero con énfasis particular en la política y en sus relaciones con México, no parece descabellado pensar que hubo cierta identificación con las ideas expresadas en ellas entre los sectores ilustrados que dominaban la sociedad mexicana.

No puede olvidarse, por otro lado, que en Martí hubo la intencionalidad expresa, como manifestó en su correspondencia a Mercado, de demostrar con esas crónicas  que EE.UU. no debía ser tomado como modelo a seguir por las naciones de Latinoamérica.

Hasta dónde fue efectiva la perspectiva martiana sobre sus lectores parece imposible de determinar, pero el que su nombre se mantuviera durante tanto tiempo en el periódicoy que el cese de su presencia fuera asunto decidido por el propio Martí para ocuparse por entero a los preparativos para la Guerra de Independencia de Cuba, nos indican algo positivo acerca de la eficacia de su palabra escrita sobre sus lectores.

No puede olvidarse, por otro lado, que en Martí hubo la intencionalidad expresa, como manifestó en su correspondencia a Mercado, de demostrar con esas crónicas  que EE.UU. no debía ser tomado como modelo a seguir por las naciones de Latinoamérica.

Hay otro ángulo que no se nos debe escapar para evaluar cuál fue la recepción en México de este periodismo martiano que trataba un tema tan vital como lo relacionado con el poderoso vecino del Norte, de atención focal para la sociedad, la economía y las relaciones exteriores del hermano país.

Las “Escenas norteamericanas” han sido consideradas como la expresión de la madurez personal y literaria de Martí. Fueron esas crónicaslos escritos del cubano que más circularon por el continente y que lo convirtieron en relevante personalidad literaria seguida con entusiasmo por la nueva hornada de escritores hispanoamericanos. En ellas se despliega en toda su extensión, riqueza y matices su prosa portentosa, repleta de atrevidas y novedosas imágenes, con una narrativa de ritmo a menudo vertiginoso, marcada una y otra vez por el enjuiciamiento crítico de base ética, y con un sorprendente estilo encabalgado.

Imagen: La Jiribilla

Examinar las crónicas de Martí es requerimiento  exigido por el alto grado de desarrollo logrado en el campo particular de los estudios acerca de su persona y de su obra. Aunque en los dos últimos decenios algo se ha avanzado en esta zona de su producción relativamente ignorada durante mucho tiempo, en verdad apenas se han dado los primeros pasos por ese camino necesario.

Desentrañar las características de su peculiar estilo, comprender cuánto y cómo fue leído y cómo influyó en el pensar de sus lectores, y saber qué trascendió entre sus contemporáneos de sus análisis sobre la realidad del poderoso vecino del Norte, son temas llamativos y novedosos a la espera de la paciencia y la tenacidad de los investigadores que con toda seguridad  contribuirán a demostrar cómo y por qué José Martí sigue siendo guía, compañero de ruta y fuerza moral para el presente.

 

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