Los Contemporáneos
en  Revista de Avance (1927-1930)

Antonio Cajero Vázquez • San Luis Potosi, México

 En varias ocasiones, he sostenido que 1926-1927 podría considerarse un bienio decisivoen la literatura hispanoamericana debido, principalmente, a la profusión de publicaciones literarias vigentes y emergentes: en Perú, Amauta y Boletín Editorial Titikaka; en México, Horizonte, Forma, Sagitario y Ulises; en Uruguay, La Pluma; en Cuba, 1927. Revista de Avance. Mientras tanto, en Argentina se hallan vigentes Martín Fierro, Valoraciones, etcétera.En el ámbito hispánico, 1927 sirvió de membrete a la generación más representativa dela poesía española moderna, además se empieza a editarLa Gaceta Literaria (1927-1932), dirigida por Ernesto Giménez Caballero.

Aquí, sin mayor pretensión, me gustaría hacer un somero recuento de la participación de escritores y artistas mexicanos en 1927-1930. Revista de Avance; en particular, de las colaboraciones que los integrantes de Contemporáneos aportaron a la revista cubana dirigida por “Los Cinco”:Alejo Carpentier, Martí Casanovas, Francisco Ichaso, Jorge Mañach y Juan Marinello, primero; luego, desde el número 2, Carpentier deja su puesto aJosé ZacaríasTallet;[1] finalmente, desde el 11, aparece Félix Lizaso en lugar de Martí Casanovas, que parte exiliado hacia México.[2]

Imagen: La Jiribilla

El primer número de 1927-1930. Revista de Avance aparece el 15 de marzo de 1927, en La Habana. En septiembre de 1930, se publica el número 50, y último, en medio de una cruenta acción represiva del régimen macha distaante lo que se conoce como Revolución de 1930.[3] Aun cuando los editores cuidaron su relación con el Estado desde las páginas de la revista, se vieron, o fueron, involucrados en diversas situaciones políticas: al menos tres de los siete que coeditaron la publicación sufrieron el encierro en las cárceles machadistas.

En un texto inaugural, ajeno al tono beligerante de los manifiestos vanguardistas, los editores se apropian de la manida analogía entre la botadura de un barco y un nuevo proyecto, acaso por la conciencia de que no sabían si éste naufragaría en la inmensidad del mar, y porque venía al dedillo con la doble insularidad de la publicación. En este barco no se embarcan más que cinco, con un sencillo rótulo en la proa, “1927”, cuya explicación bien vale reproducirse por su sentido metamórfico, de progresión futura:

No creamos que “1927” signifique nada, sin embargo. El año que viene, si aún seguimos navegando, pondremos en la proa “1928”; y el otro, “1929”; y así… ¡Queremos movimiento, cambio, avance, hasta en el nombre! Y una independencia absoluta — ¡hasta del Tiempo!

Ya está arriba el ancla. A los que nos saluden cordialmente desde otros barcos o desde la playa, nuestro saludo (“Al levar el ancla” 1).

Con esta explicación, Los Cinco evitan, primero, la tentación de alinearse a algún movimiento político o literario de vanguardia vigente. Aun cuando Jorge Mañach escribe en tres partes un artículo titulado “Vanguardismo”, a un mes de haber salido al público, los directores expresan que 1927 no representa “una suerte de petardo ruidoso y saltarín o una algarabía de ‘ismos’ de barricada […] no es una revista estridente de vanguardia” (“Directrices” 70).  A continuación, reproduzco in extenso la polémica posición de los directores, porque al tiempo que exaltan a los jóvenes artistas, organizan una exposición nombrada “1927. Exposición de Arte Nuevo” y alojan en sus páginas a escritores surgidos en las trincheras de la vanguardia histórica (verbigracia Humberto Rivas y Manuel Maples Arce), se niegan a ser tildados de vanguardistas:

1927 no pretende ser una revista de vanguardia, sistemáticamente estridentista y vocinglera. Aspira, eso sí, a un avance cierto, inteligente y seguro en las trayectorias del espíritu; más para ello no estima imprescindible afiliarse, de manera cerrada y exclusiva, determinados “ismos” de vanguardia, aun cuando ve en muchos de ellos un probo e interesante afán porvenirista y se propone, con ahínco y entusiasmo, participar en todo movimiento que revele nuevos módulos en la sensibilidad y en la ideología de la época (“Directrices” 70).

¿Debe entenderse que, para no cerrarse a un ismo determinado, la revista se abrió a todos? Al parecer esa lógica operó en la práctica editorial: caben todos los nuevos, y no tan nuevos, valores plásticos y literarios de Cuba e Hispanoamérica: los peruanos Oquendo de Amat y Magda Portal, el ecuatoriano Pablo Palacio, los españoles Picasso y Maroto, y el francés Jean Cocteau; pero también escritores decimonónicos como José Martí, Pierre Louys; u otros más de entresiglos como Enrique José Varona, George Santayana, Horacio Quiroga o de quienes empezaron a publicar a principios del XX como Alfonso Reyes, Carlos Díaz Dufoo Jr. y Pedro Henríquez Ureña.

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Al grano. Entre los múltiples colaboradores mexicanos en 1927-1930. Revista de Avance, se encuentran artistas gráficos de diversas generaciones y tendencias, varios de ellos ligados a los Contemporáneos: Roberto Montenegro, Miguel Covarrubias, Agustín Lazo, Emilio Amero, Gabriel Fernández Ledesma, Francisco Díaz de León, Fernando Leal, Rufino Tamayo y Carlos Mérida. Por ser el primer colaborador de 1927, destaca el periodista Alfonso Rosado y Ávila, director de la Revista de Yucatán, con “El movimiento obrero mexicano”, en el número 4 del 30 de abril de 1927.[4] También aparecen textos de Mariano Azuela, Alfonso Reyes, Luis Cardoza y Aragón (guatemalteco radicado en México), Baltasar Dromundo y Humberto Rivas (español avecindado en México, hijo del veracruzano José Pablo Rivas).

¿Cómo llegan los Contemporáneos a 1927-1930. Revista de Avance? Por los datos que se deprenden de la publicación, parece que los directores intercambian correspondencia con Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet y Humberto Rivas, quienes pudieron haber vinculado a Carlos Pellicer, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, Jorge Cuesta, Elías Nandino, Celestino Gorostiza, Eduardo Villaseñor y Salazar Mallén. Por ejemplo, enseguida del texto de Rosado y Ávila, en el número 4, se reproduce de la revista Forma un fragmento de “Las escuelas al aire libre”, de Novo, quien aparecía como “Censor” (luego: “Representante artístico de la Secretaría de Educación”) en dicha publicación, con la siguiente nota: “De Forma, la admirable revista de artes plásticas mexicana, copiamos estos párrafos de Salvador Novo, para ejemplo, edificencia y como tema de meditación para el profesorado de nuestra ‘pobrecita e insularísima ‘Escuela de San Alejandro’” (16). Es muy probable que Novo haya sido el remitente del primer número de Forma, por su carácter de censor y por la deferencia con que lo tratan los editores de 1927.

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En “Violación de correspondencia”, de la sección “Almanaque”, se dio a conocer el pasaje de una carta, sin fecha, que Villaurrutia envió a Jorge Mañach; en ella, el autor de Reflejos evalúa algunos ensayos aparecidos en 1927 y, de paso, hace propaganda a favor de Ulises:

desde [Cuautla], una ciudad pequeña que es como el vestíbulo del trópico: ¡Qué grato repasar, en ese destierro voluntario que mis nervios alterados me han impuesto, páginas de fisonomías amigas, cercanas y sabidas de memoria algunas, lejanas y todavía [no] delineadas, pero preferidas ya, como la suya! Casi siempre está muy bien su 1927. Y en este casi encontrará usted la diferencia entre un elogio cortés y otro sincero. Al lado de páginas como las que usted dedica al ensayista Castellanos,[5] precisas, justas, para Castellanos, ajustadas por usted noblemente, ¿cómo aceptar un estudio titulado “Martí, poeta nuevo”?[6] No sin esfuerzo admitimos la primera de las dos calificaciones; imposible admitir la segunda. El epíteto de nuevo no sólo hace daño a quien firma, sino a la misma poesía de vuestro Martí. ¿Por qué no dejarla dichosa en sus pequeños límites, navegando entre dos aguas: romanticismo, modernismo, muy bien analizadas ya —impuras ambas— por el tiempo?

Muy bien lo sajón que ustedes hospedan. Y subrayo la palabra porque he pensado en lo certero de sus frases para explicar a una buena parte de América el sentido pleno que debe buscar —y encontrar— cuando algo sajón se le ofrece. ¡Santayana, y bien traducido, en Cuba![7] Hace poco hablaban de él en España y casi —¡ay!— como un descubrimiento. En México, hace dos o tres años, se tradujeron algunos fragmentos: Ramos, Novo, traductores. La mano de Henríquez Ureña no estaba ausente.

En cuanto regrese a México, le enviaré unas páginas traducidas de Jaques de Lacretelle,[8] joven francés en cuyos libros me reconozco a veces, un momento siquiera, ¡pero tan claramente!, aunque haya entre nosotros diferencias de ausencia. No resisto a no confiarle un nuevo motivo de simpatía, de inteligencia entre nosotros: usted acerca a Castellanos a la hora actual por dos razones que son las únicas que mantienen vivo nuestro Ulises: curiosidad y crítica. Lo que yo llamo de otro alegórico modo: Eva y Cézzane(27-27).

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Curiosamente, en el número 9, del 15 de agosto de 1927, donde Mañach publicó su artículo sobre Castellanos, se acusa recibo de los primeros dos números de Ulises. La bienvenida resulta muy entusiasta y, podría decirse, hiperbólica porque se le achacan alcances continentales y de una penetración que, a mi juicio, nunca alcanzó, sino como eco, en la revista sucesora,Contemporáneos. Cito el pasaje medular que condice mi afirmación:

Una voz más, entonada y valiente, no al unísono con las de las otras juventudes de América; pero sí en consonancia con ellas. Una voz que no se eleva sin esfuerzo hasta la tónica continental del momento. Dirigida por dos escritores representativos de la hora actual de México y contando con la colaboración de las mentalidades criollas de más largo alcance, Ulises viene a recoger las inquietudes dispersas y las nobles ansias germinales que traspasan hoy la entraña del pueblo amigo. Un estremecimiento de parto recorre el espinazo de México, llenando de esperanza a los que tienen sus ojos puestos en el porvenir de la América Latina (239).

Las coincidencias en ambas publicaciones se observan en el rechazo a las estridencias ostentadas por “otras juventudes de América”. Es decir, por más que los colaboradores de 1927 y Ulises compartan intenciones de cambio y novedad con el resto de la juventud americana, no concuerdan en las formas.

En el número 10, se da noticia de los actos de solidaridad y, al mismo tiempo, de protesta por la reclusión de Casanovas y Tallet. Además de la Federación de Artes Gráficas, la Liga de Escritores Revolucionarios, el Ateneo de Ciencias y Artes, y la Asociación Cívica de México, un grupo de intelectuales mexicanos habría firmado una carta dirigida al embajador de Cuba en México, entre los Contemporáneos: Torres Bodet, González Rojo, Villaurrutia, Ortiz de Montellano, Cuesta, Novo, Owen y Gorostiza (245). Al momento del anuncio, el 30 agosto de 1927, los implicados en un supuesto complot comunista ya se encontraban libres.

Las coincidencias en ambas publicaciones se observan en el rechazo a las estridencias ostentadas por “otras juventudes de América”. Es decir, por más que los colaboradores de 1927 y Ulises compartan intenciones de cambio y novedad con el resto de la juventud americana, no concuerdan en las formas.

Otro ejemplo de la correspondencia que, como la de Villaurrutia, citaré completa con el fin de rescatar íntegros los testimonios enterrados en las ajadas páginas de 1927; es la respuesta de Jaime Torres Bodet a Juan Marinello:

Sí, recibo puntualmente 1927 y su lectura me interesa siempre, forman ustedes un excelente grupo de escritores y, por su coherente juventud, están llamados a una significación de la más efectiva trascendencia. Me pide usted colaboraciones para 1927. Tras breve duda, decido enviarle dos poemas. ¿No causará extrañeza que uno de ellos sea un poema, sí, un soneto absolutamente regular? Espero que no, porque presiento la solidez de su cultura. ¿Recuerda usted las admirables páginas que consagra Paul Valéry —en su estudio sobre el Adonis de La Fontaine— a la dificultad en la obra de arte? Su comparación entre la medalla de arcilla y la de mármol, me parece justísima. Ambas podrán ser igualmente bellas, pero una —la de arcilla— se hizo con el blando elemento de la facilidad, en tanto que la de mármol se embellece de la misma dificultad con que el artista la extrajo del duro material de que está hecha. ¿No cree usted que la poesía llamada de vanguardia está haciendo demasiadas medallas de arcilla? Hagámoslas de mármol. Si no fuera un poco ingenuo, hasta me atrevería a citar a Chénier: “Sur des pensersnouveauxfaisons des versantiques”. Usted (Marinello) es uno de los pocos a quienes se puede deslizar al oído este mensaje. ¡Los demás están tan satisfechos de ser fáciles! (“Almanaque” 320-321).

Las colaboraciones de Torres Bodet a las que alude en su carta son “Acueducto” y “Soneto” fueron incluidas en el mismo número 12, del 30 de septiembre de 1927, en que se reproducela carta transcrita arriba.Sobre él, también se reproduce una nota, extemporánea, alusiva a la estancia de Torres Bodet en La Habana, hacia mayo de 1928:

Ha permanecido entre nosotros unos pocos días este admirado amigo nuestro, poeta esencial y escritor en varias disciplinas, que con Margarita de niebla, novela en que coinciden una sensibilidad depurada y nueva y una técnica recientísima, ha logrado una alta realización en la nueva estética.

Lo recibimos como a viejo amigo, no sólo por lo que representa y por la simpatía intelectual que siempre despertó en nosotros, sino también por haber traído a nuestras páginas, desde los primeros momentos, el regalo de su poesía.

1928, parca en los homenajes, lo rindió esta vez con verdadero espíritu de cordialidad y simpatía al camarada admirado, en una cena de amigos —pocos, muy pocos— reunidos en su honor. Al dejarlo a bordo del barco que lo lleva a su México, nos despedimos ansiosos ya del próximo encuentro (“Jaime Torres Bodet” 164).

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Otro paseante en la Isla fue Enrique González Rojo, de quien se escribe una nota en que se anuncia la responsabilidad de la dirección de Contemporáneos en 1930:

De paso ara su tierra mexicana ha charlado en 1930 una hora muy corta, Enrique González Rojo, uno de los editores de Contemporáneos la gran revista amiga. Roma, París, Madrid —pero México. G. R. viene penetrado de novísimas  inquietudes europeas. No ha entregado a ellas su mexicanismo. México es mucho más que Madrid —siente. Bello caso con prestigio de ejemplo.

González Rojo va, con pegajoso optimismo, a dar su hombro —junto al de Ortiz de Montellano— a las nuevas empresas de Contemporáneos. Pronto sabremos de ellas. Y de su verso y de su prosa —novedad, fineza, son diáfano— en páginas tan suyas —y tan nuestras (“Enrique González Rojo” 224).

Por último, aparte del acuse de revistas mexicanas como Forma, Ulises, Contemporáneos, Sagitario. Revista del Siglo XX, Mástiles, 30-30, Circunvalación, Norte, fueron reseñados libros de Villaurrutia, Reflejosy Dama de corazones; Torres Bodet, Margarita de niebla; Ortiz de Montellano, Red; Villaseñor, Éxtasis. Novela de aventuras; Novo, Return Ticket; Cuesta (et al.), Antología de la poesía mexicana moderna. Otros autores y obras mexicanos reseñados en 1927-1930.Revista de Avance: de Azuela, Los de abajo; Maples Arce, Poemas interdictos; Genaro Estrada, Crucero; Carlos Díaz DufooJr, Aforismos, por sólo citar algunos.

Como puede constatarse en esta apurada cala de 1927-1930. Revista de Avance, casi todos los integrantes de Contemporáneos participan con uno o más textos. Un caso peculiar: aunque aparece mencionado en la carta de protesta por el atropello contra Casanovas y Tallet, y en el acuse de Contemporáneos y Mástiles, falta uno de quien no se reproduce ni un texto ni se hace una reseña sobre su obra, Gilberto Owen, quien en 1925 publicó La llama fría y Novela como nube en 1928. Otro que no colabora, José Gorostiza; sí el hermano menor de los Goros, Celestino. Destacala profusión de colaboraciones de dos prolíficos escritores, Torres Bodet, con 6, y Novo, con 4; También es preciso subrayar la presencia plástica de Agustín Lazo, Julio Castellanos, Emilio Amero o Roberto Montenegro, afines a Contemporáneos. Colabora asimismo quien, junto con J. M. Puig Casauranc y Antonieta Rivas Mercado, se convirtió en uno de los mecenas del grupo: Genaro Estrada. Las coincidencias espirituales, si puede decirse así, entre los editores de 1927-1930. Revista de Avance y los de Ulises y Contemporáneos, me parece, motivaron el copioso intercambio que he esbozado y que bien merecería un estudio más profundo.

 

Referencias
“Al levar el ancla”. 1927. Revista de Avance. 1 (1927), 1.
“Almanaque. Ulises”. 1927. Revista de Avance, 9 (1927), 239.
“Almanaque” [Carta de JTB]. 1927.Revista de Avance, 12 (1927), 320-321.
Cuesta, Jorge, “Antonio Caso”. 1927.Revista de Avance, 14 (1927), 36-38.
Cuesta, Jorge, “Réplica a Ifigenia cruel”, “Delgada”, 1928.Revista de Avance, 28 (1928), 316-317.
Cuesta, Jorge. “Elegía”. 1929.Revista de Avance, 36 (1929), p. 210
“Directrices”. 1927. Revista de Avance, 1 (1927), 17.
“Directrices”. 1927. Revista de Avance, 4 (1927),69-70.
“Directrices. Acción de Nuestra América ante los últimos sucesos cubanos”. 1927. Revista de Avance, 10 (1927), 245.
“Enrique González Rojo”. 1930. Revista de Avance, 48 (1930), 224.
Gide, André. “Conversación con un alemán años antes de la guerra”. Trad. Xavier Villaurrutia. 1930.Revista de Avance, 4 (1930), 85-88.
González Rojo, Enrique. “Última lámpara”. 1928.Revista de Avance. 28 (1928), 316.
Gorostiza, Celestino. “[Primer capítulo de una novela en preparación]”. 1928.Revista de Avance, 28 (1928), 318-320.
“Jaime Torres Bodet”. 1928. Revista de Avance. 23 (1928), 164.
“[La excepcional…]”. 1930. Revista de Avance. 50 (1930), 259.
Mañach, Jorge. “Francisco José Castellanos: precursor”. 1927. Revista de Avance, 1 (1927), 215-220 y 223.
Nandino Vallarta, Elías. “La carne vibra”, “Momento”, “Autodefensa”. 1927.Revista de Avance. 5 (1927), 112.
Nandino Vallarta, Elías. “Circunferencia”, “Panorama!”, “Crepúsculo”. 1927.Revista de Avance, 13 (1927), 15.
Novo, Salvador. “Libros de lectura”, “El primer odio”. 1927.Revista de Avance, 8 (1927), 194-195.
Novo, Salvador. “Las escuelas de pintura al aire libre”. Forma, 1 (1926), 16-17.
Novo, Salvador. “Nocturno de la carne”. 1927.Revista de Avance. 15 (1927), 65-66.
Novo, Salvador. “John Erskine”. 1928.Revista de Avance. 18 (1928), 21.
Novo, Salvador “Guadalajara”. 1928.Revista de Avance, 28 (1928), 302-304.
Ortiz de Montellano, Bernardo. “Poesía nueva en cuba”. 1927.Revista de Avance. 10 (1927), 249.
Ortiz de Montellano, Bernardo. “Espejismo”, Lotería”, Líneas”, “Paseo”. 1927.Revista de Avance. 17, 15 (1927), 128-140
Ortiz de Montellano, Bernardo. “Sol de altiplanicie”. 1928.Revista de Avance. 28 (1928), 317.
Pellicer, Carlos. “Grupos de palmeras”. 1929.Revista de Avance. 39 (1929), 301-302.
Pellicer, Carlos. “Poema pródigo”. 1929.Revista de Avance. 39 (1929), 299-300.
Roa García, Raúl. “Martí, poeta nuevo”. 1927. Revista de Avance, 1 (1927), 254-255 y 269.
Rosado y Ávila, Alfonso. “El movimiento obrero mexicano”. 1927. Revista de Avance. 4 (1927), 72-74.
Salazar Mallén, Rubén. “Trígono”. 1929.Revista de Avance. 38 (1929), 270-272 y 284.
Torres Bodet, Jaime. “Dos poemas de Jaime Torres Bodet” [“Acueducto” y “Soneto”]. 1927. Revista de Avance, 12 (1927), 308.
Torres Bodet, Jaime. “El defraudador defraudado o el retórico sofista”. 1928.Revista de Avance. 18 (1928), 8-9.
Torres Bodet, Jaime. “Indagación”. 1928.Revista de Avance. 28 (1928), 313-315.
Torres Bodet, Jaime. “Retrato de un estudiante”. 1928.Revista de Avance. 22 (1928), 11-114 y 135.
Torres Bodet, Jaime. “Sueño”. 1929.Revista de Avance. 40 (1929), 334.
Torres Bodet, Jaime. “Itinerario de la costumbre”. 1930.Revista de Avance. 46 (1930), 146-148.
Villaseñor, Eduardo. “Historia”, “Ella”, “Vigilia”. 1928.Revista de Avance. 28 (1928), 312.
Villaurrutia, Xavier. “1° de mayo”. 1928.Revista de Avance. 18 (1928), 21.
Villaurrutia, Xavier. “Dama de corazones” (fragmento). 1928.Revista de Avance. 28 (1928), 310-311.

 

Notas:

[1] Así se anuncia en el número 2, del 30 de marzo de 1927: “Nuestro amigo Alejo Carpentier se ve delicadamente obligado, por su vinculación con otra revista, a declinar su responsabilidad en la edición de 1927. Quiere esto decir que no figurará ya en nuestra tripulación, aunque promete hacer de vez en cuando la mar con nosotros. // “Los Cinco” quedan, no obstante, cabales gracias al enrolamiento de José Z. Tallet a quien, fieles a nuestra consigna, no tributaremos adjetivos. Sólo diremos, eso sí, que si 1927 hubiera necesitado hacerse a la vela con seis, Tallet hubiera sido otro. Hombre más avezado que él a los horizontes no hay” (“Directrices” 17).
[2] Luego de la aprehensión por supuestos nexos con un “complot comunista” y la posterior liberación de Casanovas y Tallet, el 15 de septiembre de 1927, se anuncia la separación de aquél de la dirección colectiva de 1927. Revista de Avance: “El exilio forzoso de Casanovas nos obliga a prescindir de su cooperación, que no necesitamos ponderar, pues que el lector le vio junto a nosotros en las primeras singladuras —las más riesgosas y difíciles— y sabe ya de su entusiasmo, tesón y eficiencia. // A ocupar el puesto que deja Casanovas viene Félix Lizaso, cuyo nombre figura desde este número entre los editores de 1927” (“Directrices” 237).
[3] Después de denunciar las represión gubernamental contra los estudiantes de la Universidad y el encarcelamiento de otro de Los Cinco, Juan Marinello, los editores libres expresan su posición sobre los hechos como excusa para el cierre de la publicación: “Sin tiempo para más, dejamos consignada nuestra más enérgica protesta contra estos procedimientos que no necesitan calificación. // Se rumora que, por los sucesos ocurridos, se suspenderán las garantías constitucionales, instaurándose la censura previa a la prensa, en cuyo caso 1930, para no someterse a esa medida, suspenderá su publicación hasta que el pensamiento pueda emitirse libremente” (“[La excepcional…] 259)”.
[4] Reproduzco la nota de presentación: “De Alfonso Rosado, mexicano, director de Revista [de] Yucatán, organizador del Sindicato de Periodistas de [la] Ciudad de México, hombre de admirables arrestos, pluma viril y segura, es este meduloso estudio sobre el obrerismo mexicano. —Rosado es huésped de nuestra ciudad y 1927 honrándose en [contarle] entre sus amigos, se honra así mismo con esta colaboración, siendo la nuestra la primera publicación cubana que ostenta esta firma valiosa” (“El movimiento…” 72).
[5] Villaurrutia remite a un artículo de Jorge Mañach. “Francisco José Castellanos: precursor”. 1927. Revista de Avance, 1 (1927), 215-220 y 223.
[6] Véase: Raúl Roa García. “Martí, poeta nuevo”. 1927. Revista de Avance, 1 (1927), 254-255 y 269.
[7] Véase: George Santayana. “La sabiduría de Avicena”. Trad. Jorge Mañach. 1927. Revista de Avance, 4-6 (1927).
[8] No pude dar con la traducción villaurrutiana de Lacretelle en Revista de Avance; sí, con una de André Gide. “Conversación con un alemán algunos años antes de la guerra”. Trad. Xavier Villaurrutia. 1930. Revista de Avance. 44 (1930), 85-88.

 

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