Coreógrafos y bailarines:

Contemporáneos de sus contemporáneos

Pedro Ángel • La Habana, Cuba

El teatro Mella fue escenario de una entrega artística de altos quilates por parte de Danza Contemporánea de Cuba en ocasión de celebrar el aniversario 56 de su fundación, representación agradable pues, a más de una muestra indiscutible de alto dominio del  arte de la danza, la compañía que dirige Miguel Iglesias planteó un sugerente desafío a los espectadores en cuanto a los códigos significantes de cada pieza, de cada gesto; es decir, lo que se baila y lo que se expone; lo que se aparenta expresar y lo que realmente se quiere decir. Todo ello, sin metáforas agobiantes ni laberintos semánticos inalcanzables para el asistente común. Cada obra se iba dejando leer de manera cordial, desde los signos más sencillos y evidentes a los de mayor complejidad, de las lecturas más intricadas e intelectuales a las de un mayor grado de sensorialidad.

Identidad-1, del cubano George Céspedes, es obra de factura mayor, todo un espectáculo que viene a confirmar la valía de su autor, de su capacidad para jugar con el espacio teatral, desplazar de forma hermosa y eficiente grandes grupos de bailarines que se muestran muy bien entrenados. Él exige un baile del cuerpo todo, una entrega total que no cae en las trampas de lo habitual. Su discurso es ingenioso, certero y nunca el nuevo paso cede a la tentación de la facilidad. Toma de otros, sí,  pero de los grandes troncos de nuestra rica identidad danzaria. Su labor exprime las posibilidades que le ofrecen la música y los silencios. Se trata de un torrente creativo con mucho que decir y que abarca las áreas más distintas del tema que ha decidido atacar. Es pieza de excelencia que se deja degustar por todo tipo de espectadores.

Imagen: La Jiribilla

Mercurio (estreno mundial), de Julio César Iglesias, al decir de los directivos de la agrupación, toma su nombre del elemento Hg, el número 80 de la tabla periódica, y hurga en lo veleidoso y maleable del mismo para asociarlo con la condición humana. Mas, llegados a este camino indagatorio, tal vez las pequeñas trampas de los lenguajes nos hayan llevado a leer la visible asociación con el Dios del mismo nombre. Al mercurio de la química también se le llama azogue y una expresión popular asegura que ciertas personas inquietas “tienen azogue en el cuerpo”. El Mercurio dios también porta azogue en su hechura: mensajero, lleva y trae, comerciante y contrabandista, protector de ladrones y ladrón él mismo, elocuente, engañoso, tramposo, pendenciero y amigo de acechar en la noche. Algo de todo ello se adueña de los cuerpos de los bailarines, en su gestualidad,  en la ejecución de los pasos, en lo que se puede leer del texto danzario que marca por momentos el sendero de la trifulca que bien podría ocurrir en un solar habanero. Se trata de una obra “dura”, que exige el vigor de los danzantes, llena de signos alados y con un buen aprovechamiento de la apoyatura musical. La voz de Pedro Luis Ferrer nos canta con efecto resonante — “Pajarito voló…” — ¿Será verdad?

Reversible (estreno mundial) de la coreógrafa colombo—belga Annabelle López Ochoa, resulta un delicioso divertimento que viene a confirmar el bien acreditado talento de su creadora. Su modo de hacer, apropiándose del espacio escénico, dominándolo o, tal vez, domándolo para plantar en él ciertas imágenes danzarias que exigen de los bailarines un serio esfuerzo para vencer los altos grados de dificultad que se les plantean, todo ello sobre una bien pensada selección musical. Reversible se adentra por los vericuetos del los asuntos de género, los avatares de la pareja, las disidencias y los adversarios, los juegos, las rivalidades y los placeres. Sencilla e ingeniosa son las soluciones del vestuario. Hermosos y dignos los desnudos de torso. Admirable la faena de los bailarines con un desempeño de muy alto valor por parte de los solistas. Una excelente pieza para cerrar la noche y dejarnos con las ganas. Así, satisfechos,  llegamos a la ovación final. Durante varios minutos hablaron los aplausos de un público conmovido y complacido.

Es una dicha para los cubanos contar con una compañía como Danza Contemporánea, en plena efervescencia creativa, dueña de un discurso plural y sólido, que puede mostrarse exitosamente en el muy exigente y cambiante mundo de nuestros días porque, justamente, son plenos y válidos contemporáneos de sus contemporáneos.

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