La identidad de los cuerpos reversibles

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

En carta de contestación al jesuita Carlos María Martini, el filósofo Umberto Eco identifica a la danza como uno de los elementos de los que el mundo tiene noción“dado que poseemos extremidades, sabemos todos lo que significa golpear una materia resistente, penetrar en una sustancia blanda o líquida, deshacer algo, tamborilear, pisar, dar patadas, tal vez incluso danzar”.

Es así que con estas nociones la danza se vuelve una mezcla de sentidos, de discursos y colaboraciones mediadas solo por la irrefutable universalidad que ellamisma posee.

Imagen: La Jiribilla

En esta misma premisa Danza Contemporánea de Cuba (DCC)presentórecientemente un programa compuesto por dos estrenos y ya un clásico de la compañía como lo es Identidad -1.

DCC tan naturalmente cubana como universalmuestra en esta ocasión el resultado del trabajo con la coreógrafa belga-colombianaAnnaballe López Ochoa titulado Reversible, así como también otra de las coreografías de una de sus más jóvenes creadores, Julio César Iglesias, de nombre Mercurio.

Identidad -1: cuando los números negativos son la premisa

Definirse es un asunto que obsesiona, hasta el  punto de caer en debates estériles, y en estereotipos estúpidos. En ese sentido la búsqueda de una cómoda diferencia que no afecte a la masa suele ser el modus vivendi general.

Es tal vez por esto que Identidad-1, coreografía de George Céspedes, cae como símbolo de libertad en una ecuación que por momentos parece repetirse para obtener un invariable resultado: la media o la unificación a fuerza de supuestos consensos.

Identidad… fue estrenada en 2013.Desde ese año hasta la fecha, DCC la ha presentado en disimiles escenarios, sola o combinándola; en cualquiera de estas variantes, el texto coreográfico ha demostrado su valía.

En su infinita búsqueda por universalizar el lenguaje danzario, DCC, encuentra una pieza de ese abecedario en su propio patio. Muestra esta obra un elemento definitorio de la compañía, en donde no se re-busca sino más bien se re-conceptualiza lo cubano.

Los números negativos constituyen un reflejo otro de los positivos. Nada mejor explica la relación que se da entre los bailarines en el escenario. Instantes en que cada cual refleja el movimiento del otro, para volver después a su propio espacio.

Imagen: La Jiribilla

Desde el momento iniciático en que los bailarines salen a escena se ve el uso del espacio que hace el coreógrafo. Cada bailarín no está ubicado de manera gratuita o utilizando la simple cuadratura que brindan los escenarios. Los bailarines constituyen líneas humanas perfectamente visibles desde el ángulo de cada espectador, pero con movimientos similares en tempos diferentes. La idea del todo, integrado por inmensas partes sobrevive a lo largo del texto coreográfico. El pequeño y aparente caos ordenado desde la similitud de movimientos que interpretan la significativa cantidad de bailarines, es uno de los logros del coreógrafo y la compañía.

Así como Identidad… intenta hilvanar un discurso propositivo sobre la consonancia ¿nacional? se vale de la ruptura del movimiento; además de la mecanización en los posibles pasos de bailes populares. Esto no es  nuevo en la obra de Céspedes, ya con su Mambo XXXI el coreógrafo utiliza la desfragmentación por oposición, al movimiento fluido y rítmico que caracterizan estos bailes tradicionales cubanos.

Busca el creador incomodar, no caer en un disfrute melancólico o poético del movimiento. Es una excelente fórmula para poner en crisis, que significa catarsis (para algo están los bailarines temblando por minutos), lo ya establecido, que se vuelve norma y por ende, aburrido, ajeno al pensamiento.

Quisiera descontextualizar la tradición para hacernos dudar de su valía, de la horrenda posibilidad que brinda el encasillamiento, el molde, al no evolucionar…

Lo espeso de un material llamado Mercurio

Como especie de pieza corta y dinamitante el primer estreno de DCC, a cargo de Julio César Ramírez, solo llega al anunciamiento de una propuesta. La obra coreográfica de este creador ha estado marcada desde sus inicios por una violencia rampante e identificable con el tiempo en que vive. Solo que en esta oportunidad el coreógrafo no concreta un discurso, que por muy incoherente y violento que se lo plantee, deberá tener un orden, aunque sea al que responde el caos.

Se desperdicia o se mal utiliza el espacio escenográfico en un intento de acorralamiento irresuelto por la rapidez. Caen los bailarines en una facilista postura esquizoide, que por muy duro que sea, es habitual, y más que enunciarla va siendo hora de sino de-construirlaal menos cambiarla.

Solo acierta Mercurio en el vestuario, que coqueteando con una estética minimal y ciberpunk, abre las puertas a una ciencia ficción discursiva que no se desarrolla en los movimientos danzarios, los cuales está ideados para demostrar el tecnicismo de los bailarines y nada más.

No es entonces Mercurio un planeta a descubrir, sino más bien un denso líquido para no salvar. En el intento de provocar, se pierde el decir y el llamamiento a sentir solo queda en un breve alarido que no produce ningún eco.

El cuerpo en reverso

La danza contemporánea ha devenido en medio esencial para una apropiación equitativa de los cuerpos. Aún cuando se mantenga una estilización en la anatomía del bailarín, impuesta casi siempre por el propio rigor del ejercicio, la construcción de lo femenino o masculino no ocurre de manera estereotipada en los textos danzarios más modernos.

Imagen: La Jiribilla

La danza funciona como espacio de creación donde se pueden subvertir cánones desde un mensaje sencillo hasta un filosofar en extremo complejo. El abanico de posibilidades que contiene una coreografía puede poner todos los cánones en Reversible. Tómese por ejemplo, la coreografía del mismo nombre que creara Annaballe López Ochoa con Danza Contemporánea de Cuba.

En esta colaboración de la coreógrafa belga-colombiana con la compañía, el cuerpo, y la diferenciación de este que puede hacer una sociedad como la cubana: machista y patriarcal, se vuelve el medio perfecto para que la creadora devuelva lo que ha estado experimentando durante su visita a la Isla, además de fusionarlo con su poética individual.

López Ochoa no deja escapar ningún detalle en su discurso, así que ambos bailarines aparecen en escena con igual pieza de vestuario, prenda íntima, ínfima, que sirve para equilibrar, para adorar los cuerpos en femenino o en masculino. Pero adorarlos al fin y al cabo.

Identificaciones binarias atraviesan nuestra cotidianidad cuando la construcción de identidades es mucho más rica y diversa. Como diría la investigadora Marta Lamas: hay muchas formas de ser mujer y muchas formas de ser hombre. Así que los pantalones en las bailarinas  y las sayas en los bailarines despeja cualquier tipo de dudas, la también coreógrafa de Sombrerismos, apuesta por crear un nuevo discurso en donde podamos revertir los roles asignados. Y el vestuario de su coreografía es una simple, pero efectiva declaración de esos principios.

La tan promovida sensualidad de los latinos, especialmente de los cubanos, se cuela en Reversible. Demasiada la tentación. El romance es leitmotiv, vía de comunicación expedita con el público cubano.

Por mucho tiempo desde el ballet más clásico hasta la danza más contemporánea se ha hecho énfasis en la “forma” de moverse de las y los cubanos. Movimiento que utiliza la coreógrafa para seguir impugnando o re-conociendo las relaciones hombre-mujer.

Todo puede ser Reversible.Lo normado, lo estipulado. Los roles son solo eso: determinados papeles que “alguien” nos dice cómo desempeñar, más allá de obvias diferencias biológicas que la danza contemporánea se empeña, para bien, en desmitificar.

Hagamos entonces como López Ochoa y las y los muchachos de DCC, la diferencia puede ser eliminada desde el movimiento mismo. La danza es medio,es lenguaje para empoderar al cuerpo sin importar el sexo que deba definirlo.

Tomemos entonces al cuerpo como territorio cambiable, mutable. Hagámoslo altar de las diferencias y las contradicciones. Creemos nuestras propias coreografías a partir de estas que nos acaba de proponer la compañía insigne de la danza en Cuba.

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