Artes Plásticas

Con-tenido: hay que llenar las cabezas de las gentes  

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Onedys Calvo. Factoría Habana
 

Hasta finales de febrero en la Casa Oswaldo Guayasamín, en la parte antigua de La Habana colonial, está abierta al público una exposición de la creadora cubana Sandra Pérez titulada Con-tenido que incluye cinco instalaciones, todas de un alto cuestionamiento conceptual y que para su realización se ha apoyado en la llamada tecnología “de punta”.

Sandra —quien comparte su vida entre México y La Habana— es licenciada en Historia y durante intensos años de búsquedas creativas incursionó como guionista en el séptimo arte, publicó libros de crónicas (con la prestigiosa Editorial Alfaguara), produjo conciertos y discos y —durante 15 años— colaboró de manera cercana con el cantautor Pablo Milanés con quien, dice, compuso “algunas letras de sus canciones”.

Imagen: La Jiribilla

En los últimos diez años, se ha dedicado por entero a las artes visuales y esta es la segunda vez que expone en La Habana porque, según subrayó en conversación exclusiva con La Jiribilla, venimos a la tierra a contar algo: “en la medida en que van pasando los años uno va evolucionando y encuentra nuevas consecuencias de las causas de los orígenes”, que son acicates o puntos de partida para desarrollar la obra.

“El tema de la represión, dice, lo veo desde varios puntos de vista y es por eso que la  exposición se llama Con-tenido porque la contención genera represión y para mí es importante el estudio individual y determinar que somos seres sociales, pero aprisionados por nosotros mismos y eso es el espejo de lo que ocurre en cualquier sociedad de cualquier latitud.

“Intento indagar en torno a de dónde viene el origen de nuestra auto represión y todo apunta a la familia porque son un punto importante los roles que crea: madre, padre, abuelos, el hijo pequeño, el del medio o el grande, o el hijo que llega cuando no hay dinero, etc; la lucha de poder que se establece…  el hijo bastardo cuya madre es la criada de la casa. Todo eso engendra comportamientos a nivel social y también condicionamientos.

“Cuando somos seres adultos lo manifestamos a través de nuestros miedos y con las necesidades de aceptación lo que engendra determinadas conductas. Creo que muchos políticos, no todos, sienten miedo porque necesitan de  aceptación y de poder, pero no veo a esas personas como entes abstractos —aunque a veces se comportan como tales; por ejemplo, la pieza que habla de la represión política la pongo en abstracto porque realmente es muy difícil entender lo que está pasando en todo el entramado social en cualquier ciudad del mundo. Generalmente, se representan nuestras fragilidades y fortalezas como seres individuales, pero si no cambiamos individualmente, creo, no tenemos derecho a exigir que otros cambien: hay que estudiar a fondo el fenómeno pero desde la perspectiva teórica, social, personal y de nuestra propia historia familiar. Creo que siendo mejores, podemos cambiar el total”.

Imagen: La Jiribilla

¿Desde qué perspectiva ha abordado el tema femenino?

Uno de los grandes desafíos que ha tenido la humanidad es reprimir el lado femenino de la vida; y lo vemos con la Inquisición y las famosas brujas, que no eran más que mujeres poderosas y de gran intelecto, pero eso no convenía.

A inicios de mi carrera —a nivel pictórico—hay toda una búsqueda del lado femenino de la vida, pero no solo como mujer sino, también, la defensa del lado femenino en el hombre. Es decir, que en nuestros comportamientos somos, de muchas maneras, hembra-varón, pero en lo personal considero que somos, simplemente, seres; soy muy feliz de ser mujer, de haber traído un hijo al mundo, de crear una vida. Sí, hay que luchar por la igualdad de la mujer pero no somos iguales ¡y que viva la diferencia! No tengo tanta testosterona como un hombre, sin embargo, hago una obra bastante fuerte y de dimensiones grandes y, por lo tanto, necesito hombres que me ayuden. Hay quien ha afirmado que hago una obra ‘como de macho’. No es cierto; lo que sí es una realidad es que necesito un equipo en el que tiene que haber hombres enérgicos para hacer los montajes y dominar ciertos materiales.

En noviembre de 2013 en la galería de Luz y Oficios, también en la Habana colonial,  expuso su primera muestra personal en Cuba, titulada ¿Quién soy? en la que incluía, dibujos, pinturas, e instalaciones. ¿Quién es, entonces, Sandra Pérez?

Una persona curiosa que cree que para reorganizar las cosas en cualquier estado social o personal hay que estudiar de dónde venimos, cuáles son las raíces y cuáles de esas raíces han devenido en cosas buenas y cuáles en malas —aunque el concepto de bueno y malo lo aplico aquí para que sea más entendible aunque es algo muy complejo. A partir de ese estudio y de dónde venimos y cuales han sido las causas por la cuales estamos donde estamos podemos reorganizar o rehacer y transformarnos y transformar la sociedad: no estudiar las consecuencias sino las causas.

La exposición ¿Quién soy? habla de eso. Desde el contexto personal con el tema de la familia —porque todos venimos de un vientre que nos quiere o no—, nos desarrollamos en una escuela —donde se nos quiere o no—, tenemos roles de poder desde que estamos en ese vientre y determinamos algunas acciones que, después, funcionan  en nuestra vida de adultos: a partir de ahí nos convertimos en seres sociales y creamos nuestra propia personalidad. También hay un estudio de la historia, es decir, nosotros somos un país con personas que llegaron aquí de una determinada manera y todo eso es el resultado de la transformación que ha tenido la nación a través de su historia.

Imagen: La Jiribilla

¿Puedo afirmar que estas investigaciones que avalan su trabajo tienen un sustrato antropológico?

Antropológico y ontológico. Esa es la misión del artista, del ente sensible que somos, lo que nos permite estudiar y, después, manifestar todo ese proceso a nivel formal. Somos la memoria colectiva y ese caudal lo transformamos en obra para reconocernos en ella.

¿Cuál fue el hilo conductor que unió las tres manifestaciones presentes en la muestra Quién soy?

Lo conceptual y esa inquietud que tengo por el estudio del origen humano y de la cultura occidental y de otras culturas; llevo años analizando el tema de las religiones que han sido acicates para el hombre. Creo que en la búsqueda de quiénes somos.

Cuando habla de religiones, ¿a cuáles se refiere?

Me refiero a los seres humanos que han nacido con la sensibilidad suficiente para mostrarnos caminos —puede ser Jesús, Buda, Lao-Tsé, Ifá— y también cómo estos grandes personajes han sido manipulados y, a partir de ahí, se han generado mecanismos de coacción que no tienen nada que ver con su pensamiento libre, maravilloso, sensitivo y realmente humano y de avanzada.

El estudio tiene que ver con los contextos de estas personas que vinieron a alumbrar el camino del hombre, pero que derivó en un retorcijón que generó lo contrario; el estudio se basa en eso: en cómo el ser humano a partir del miedo y de la necesidad de ser aceptado genera una serie de mecanismos, a partir de los cuales el poder crea todo lo contrario de lo planteado por esos grandes pensadores. No se respeta a los maestros cuando se manipula y eso es una gran fragilidad para una sociedad.

Imagen: La Jiribilla

Crónicas  de un sueño fue un libro de su autoría editado por Alfaguara…

Lo escribí en el año 1995 y habla de mi generación, que nació en los 70 y creció con canciones, por ejemplo, a las 5:45 de la mañana, en una beca ponían por los altavoces música de Chico Buarque, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez… una generación que hacía la fila para entrar en los comedores escolares leyendo a William Shakespeare, estudiando a César Vallejo, o disfrutando de Vicente Huidobro; que tenía un gran idealismo y en aquel momento poseía una imagen ideal o idealista del constructivismo socialista: fue una generación que creció bajo esos preceptos y que con la caída del campo socialista se queda en la nada, sin piso.

Creo que fue una generación que nunca tuvo piso porque no llegaba a la tierra… la necesidad de ser grandes intelectuales, matemáticos, científicos, doctores, investigadores era más importante que plantar una semilla y ver germinar un árbol. Era un momento muy loco porque en medio de esas grandes pretensiones intelectuales, usábamos un solo par de zapatos y con ellos íbamos a bailar todos los fines de semana: pero era una generación a la que eso no le importaba, lo material no era lo prioritario; habitábamos un microcosmos y al llegar los duros años 90, todo se rompió  y uno queda sin ese sueño, sin ese viento, sin esa agua y en una tierra que no había sido plantada. Sin asidero.

¿Cómo continuará la obra?

Lo más significativo de cumplir 43 años es la experiencia. Todo lo que he hecho me sirve para mi trabajo en las artes visuales porque hoy el arte se concibe de una forma muy abarcadora.

En los últimos diez años he estado pintando y estudiando arte porque es la manera formal con la que me siento más identificada; desde que nací, soy una poeta y esa condición es un ingrediente determinante para mi arte. Creo que una de las cosas que le falta, a veces, al arte contemporáneo es la poesía y que exista un contenido —sin separación—.

Mi obra no es una obra bonita o para embellecer un espacio; me ha favorecido el haber estudiado Historia y el haber hecho poesía porque el artista de hoy tiene que investigar y siempre tratar de ir un poco más allá: no estar tan metido en el mundo del mercado y estarse cuestionando qué es lo que vende —aunque entiendo que eso es una necesidad—. Hay que llenar las cabezas de las gentes.

Imagen: La Jiribilla

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