Cantores...

Facundo Cabral: "No quiero ser ciudadano"

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Si yo pudiera ser, solo por una vez
lo que tú crees que soy, lo que tú crees que soy.
Paloma de Picasso y vino de Machado
espejo de Walt Withman y balcón de Gustavo
clavel de Federico su luna y su campana
la noche de aquel día que estalló en su ventana.

Con su filosofar profundo quiso ser poesía, y pasito a pasito su canción lo fue logrando, dando luces al alma…hasta que un día el odio y la casualidad se lo llevaron.   Facundo Cabral nació el 22 de mayo de 1937 en la ciudad de La Plata, Argentina. Murió, asesinado, en Guatemala, el 9 de julio de 2011.

Imagen: La Jiribilla

Caracol milenario que camina los sueños
color de otras esferas que enamora el silencio
esencia de los mares que crece la montaña
el pan de los pastores la luz de la cigarra.

Su canto heredero del folclore, tenía, tiene, el meditar del ser humano eterno, del que piensa y piensa en el mundo, en la naturaleza, el que se sienta en un pedrusco del camino a beberse el trinar de los pájaros, a hurgar entre la hierba el paso lento de un lagartijo, o imaginarse apresado en la telaraña —algo que pudiera ser una parábola de la existencia.

La más hermosa brisa por la que vuelve el viento
la eternidad grandiosa que vive en un momento
la pasión más divina que libera el Quijote
la razón del invierno que seduce al coyote.

Cabral tuvo una infancia dura y desprotegida, convirtiéndose en un marginal al punto de ser encerrado en un reformatorio. Al poco tiempo consigue escapar y según cuenta encontró a Dios en las palabras de Simeón, un viejo vagabundo.

En 1959 ya tocaba la guitarra y cantaba folclore, siendo sus ídolos Atahualpa Yupanqui y José Larralde. Un buen día solicitó trabajo en un hotel; el dueño lo vio con su guitarra y le dio la oportunidad de cantar. Así comenzó su carrera dedicada a la música, siendo su primer nombre artístico “El Indio Gasparino”. 

El diablo es tan correcto como el hambre,
perfecto y ordenado como el fraude,
a veces tiene panza y si no tiene,
es calvo como todos sus placeres.

El diablo tiene cola, mas la esconde
en grueso portafolio color negro,
donde lleva también los documentos
que lo autorizan a matar al pueblo.

En 1970, graba No soy de aquí, ni soy de allá y su nombre es conocido alrededor del mundo, comparte grabaciones en nueve idiomas con cantantes de la talla de Alberto Cortez, Pedro Vargas y Neil Diamond, entre otros.

Me gusta el mar y la mujer cuando llora,
las golondrinas y las malas señoras,
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en abril.

Me gusta el vino tanto como las flores
y los amantes, pero no los señores,
me encanta ser amigo de los ladrones
y las canciones en francés.

No soy de aquí, ni soy de allá,
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color
de identidad.

Influenciado en lo espiritual por Jesús, Gandhi y La Madre Teresa de Calcuta, en literatura por Borges y Walt Whitman, su vida toma un rumbo espiritual de observación constante de todo lo que ocurre a su alrededor. Así su carrera como cantautor toma el rumbo de la crítica social, no abandonando su ya habitual sentido del humor.

En 1976 enmarcado como cantautor de protesta, debe dejar Argentina por la situación interna de represión, secuestros y asesinatos realizados por los militares y las bandas paramilitares creadas por el gobierno y se exilia en México, donde continúa componiendo y peregrinando; nómada incansable, lleva su pensamiento y su arte alrededor del mundo. 

El diablo pone el alma en las tribunas,
y escucha los discursos de los muertos,
se arrastra con orgullo por la historia
y se acuesta con pobrísimos recuerdos.

El diablo se levanta muy temprano,
cansado del confort que lo encadena
y corre por las calles presuroso
de compartir su astillo y su pena.

Como buen cantor, puso el dedo en la llaga del opresor y, como voz de pueblo, era mal mirado por los que tienen los poderes mediáticos. En 1984 regresa a Argentina con su nombre consagrado, donde ofrece un recital en el Luna Park, siguiendo Mar del Plata, donde cada noche cantaba para seis mil personas.

El 5 de mayo de 1994 comienza una gira internacional, junto a Alberto Cortez con el título Lo Cortez no quita lo Cabral entrelazando humor y poesía con las canciones que hicieron famosos a ambos.

Facundo Cabral publicó varios libros, entre ellos: Conversaciones con Facundo Cabral, Mi Abuela y yo, Salmos, Borges y yo, Ayer soñé que podía y hoy puedo, y el Cuaderno de Facundo. En reconocimiento a su constante llamado a la paz y al amor, en 1996 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo declaró “Mensajero Mundial de la Paz”.

Yo no sé quién va más lejos
la montaña o el cangrejo;
pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo.

Quién sabe si el apoyarse
es mejor que deslizarse
pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo.

Más que el oro es la pobreza
lo más caro en la existencia
pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo.

Solamente lo barato
se compra con el dinero
pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo.

Qué me importa ganar diez
si sé contar hasta seis
pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo.

Tras una noche de concierto, Facundo Cabral fue asesinado el 9 de julio de 2011, alrededor de las 5:20 am, en Ciudad de Guatemala, víctima de un atentado aparentemente dirigido al empresario Henry Fariña, el cual conducía en su auto al cantautor al Aeropuerto Internacional, La Aurora, desde el hotel donde se hospedaba.  Iba para Nicaragua a continuar su gira de presentaciones. El atentado fue perpetrado por varios sicarios que se dirigían en tres vehículos y armados con fusiles de asalto, en el Boulevard Liberación. Cabral falleció en el acto por un impacto de bala en su cabeza. 

Perdóname señor,
pero a veces me canso,
pero a veces me canso
de ser un ciudadano.

“No quiero ser ciudadano”. Crítica ácida, con la que denuncia la pobreza, el hastío, de los que viven anulados en la sociedad consumista contemporánea. En el fondo de su alma, cuando no da más, el hombre eleva al cielo su mirada y pregunta ¿no hay más que esto? ¿Romperme el lomo para alcanzar la agrisada zanahoria que pende del hilito? ¿Y la paz, y los versos cotidianos, y la risa, y la fraternidad humana?

Como si se tratara de probar la verdad que encierran sus canciones, Facundo murió precisamente víctima de la violencia que provoca la enajenación social generada por la injusticia del mundo capitalista contemporáneo.    

 

No quiero ser un ciudadano 
Autor: Facundo Cabral

Perdóname señor,
pero a veces me canso,
pero a veces me canso
de ser un ciudadano.

Me cansa la ciudad,
las oficinas,
me cansa la familia
y la economía.

Perdóname señor,
estoy harto de este infierno,
de este mercado mediocre
donde todos tienen precio.

Perdóname señor
pero yo me iré contigo
por tus montañas,
tus mares y tus ríos.

Perdóname señor,
pero a veces pienso
que tienes para mí
algo mejor que esto.

Perdóname señor,
no quiero ser un ciudadano,
yo quiero ser un hombre, señor,
como me has creado.

 

 

 

 

 

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