Laura Antillano y la pasión de contar

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Una de las autoras más destacadas de la LIJ en Venezuela y América es, desde hace varias décadas, Laura Antillano. Nuestra amistad surgió luego de varios azares concurrentes que, sin nosotros saberlo, habían marcado un encuentro desde mucho antes de producirse.

Imagen: La Jiribilla

Tanto Laura como yo nos conocíamos por referencias, pero fue al fin en un Congreso de Lectura organizado por el Comité Cubano del IBBY en el 2001 que se produjo el “añorado encuentro”, que se repetiría un año después cuando tuvimos la suerte de compartir un jurado del Premio Casa de las Américas, con el argentino Luis María Pesceti.

Descendiente de una familia caraqueña de valioso linaje cultural, Laura ha sido una ferviente defensora de la cultura de su tierra: periodista, promotora, tallerista literaria, escritora para niños, ensayista, poetisa, narradora y vinculada a medios como el cine, la radio, entre otros; es una activa y entusiasta persona que siempre tiene más de un proyecto bailándole a flor de labios y entre los sueños.

Hemos compartido desde eventos, maratones del cuento, una penosa enfermedad que nunca minó su ánimo y hasta el anhelo de hacer más de un libro y fraguar proyectos entre Cuba y Venezuela.

La considero una hermana entrañable, a la que se respeta por sus méritos y se la quiere por cuanto ha aportado, aporta y aportará a la cultura del continente.

Imagen: La Jiribilla

Laura posee, como todo autor que se respete, una voz peculiar y sui géneris, que se cimenta en el estudio, un oficio bien ganado con años de escribir para quienes ama y entiende y por escribir, también —y no menos importante— desde el sentimiento.

Asegura que las historias para niños responden a la posibilidad de un lector con intereses particulares que corresponden necesariamente a su estado de desarrollo emocional e intelectual y que el lenguaje debe manifestar su riqueza expresiva en torno a ese lector o lectora, lo que lleva a la posibilidad de situarnos en el niño que fuimos, ahora desde la escritura, o en el que seguimos siendo. Estas historias deben ser, por tanto, auténticas, con un vuelo de fantasía, esperanza y veracidad al mismo tiempo.

Por eso, al escribir, Laura se ubica en el lugar de la niña o el niño, retoma a la niña que fue y cada uno de sus protagonistas, hembras o varones, tienen algo muy suyo, o de gente cercana, querida o conocida.

Emilio en busca del enmascarado de plata o Si tú me miras, publicadas ambas por Gente Nueva, evidencian esta máxima de Laura: “un buen libro para niños tiene de la diversión y la delicia de descubrir el sentido de la fantasía, la ética y la dignidad, pero no en términos de pedagogía. Debe ser esperanzador, veraz en el sentido de evitar la trampa, no la fantasía, sino la trampa, la mentira, la artificialidad”.

Emilio en busca del enmascarado de plata cuenta de un niño que anhela a su padre ausente y se identifica con el héroe de la novela radial homónima, de tal manera que sueña con conocerlo. Entre sueños y afanes, Laura, en voz de Emilio, desgrana sus miedos, frustraciones, carencias y vacíos, en un conmovedor relato.

Si tú me miras —primer libro publicado en Cuba y primera edición mundial— trata de una ictióloga divorciada, que se agobia por el trabajo y los avatares de la vida moderna, va de vacaciones a isla Margarita con dos hijas adolescentes, chicas modernas y de temperamento vivo y audaz.

Lo que eran unos simples días de playa, se complica con hallazgos que hacen una narración entretenida, de gran ritmo: descubren que una compañía agota recursos naturales de la región, hay una rara mujer sospechosa de vender drogas, los enigmas de un torreón ubicado en la parte más antigua del hotel donde las protagonistas se alojan y apariciones misteriosas y toda clase de ruidos y, por último, el modo en que se devela la identidad del antagonista de la madre, quien viene a ser un elemento muy importante en la narración.

Un libro tierno, alegre, original, moderno, magnífico en más de un sentido, que gusta a los jóvenes, una novela de amor con trasfondo de denuncia social, temas ecológicos y tramas paralelas de cierto aire misterioso o de suspenso.

Hay intertextualidades con autores americanos y con Cubagua, novela indigenista relacionada con el argumento y la historia del sitio donde ocurre Si tú me miras. Hay intriga, suspenso, emoción, modo cinematográfico de narrar. Las intertextualidades la enriquecen y también el tono coloquial, en el que varios personajes y la propia narradora omnisciente cambian el punto de vista, ya sea con su mirada, como con cartas, mensajes, etc., lo cual la hace muy ágil, atrevida, moderna y esencialmente, apta sobre todo para los más jóvenes, pues sus gustos, problemas, incertidumbres, están aquí reflejados.

Ahora, la autora reverdece nuevamente laureles con un nuevo libro en Gente Nueva, que ya para la FIL 2015 estará en manos del lector cubano. Se trata del álbum ilustrado Mi abuelo en Navidad, que tuve el gusto de editarle y que deviene entrañable retrato familiar y humano del universo espiritual en que se mueve la infancia cuando anhela para sí algo diferente.

Aunque la cuerda del relato es tradicional, las ilustraciones del artista Alein Somonte y el estilo de Laura hacen de este libro una historia que encantará a los lectores de cualquier edad. Toda la euforia de la protagonista ante la señalada fecha se va dando en amables pinceladas que la muestran inquieta, deseosa de abrir los regalos y a la espera del abuelo que vendrá de Maracaibo. Pero cuando este no llega por estar indispuesto, lejos de sumirse en la tristeza, Gabriela descubrirá que en su lugar viene una caja, enviada por su querido anciano, con los más increíbles tesoros, lo cual la hace sentirlo más cercano.

Literatura de la vida real y que refuerza los valores humanos es la que en este libro sencillo y a la vez profundo nos entrega una autora del calibre de Laura Antillano, capaz de conmover, divertir y hacer pensar y, sobre todo, de formar valores en cada persona que la lee, que ya no puede seguir siendo la misma.

Todos sus libros revelan a Laura Antillano como una narradora en plena capacidad, donde la poeta que también es, aflora entre páginas; la pensadora e intelectual comprometida, que imprime a sus tramas un aliento renovador, humanista, de justicia social, ese que aspira a un mundo mejor para la infancia, con el deseo de que cada niño sea el mejor artífice de edificarlo, con la confianza de que el futuro no está escrito y ese mundo esperanzador siempre es posible.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato