Conversación con Piedad Bonnet:

Explicaciones sí pedidas

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Proceso digestivo

Ya he comido mi sopa de clavos, mi pan de
munición,
pan con zarazas,
ya tragué mi ración de raíces y venenos
y mastiqué juiciosamente todo lo que pusiste en
mi plato.
Mira que buena soy. Ya me he comido todo.
Por mi garganta en sangre comienza ya a subir
un borbotón de palabras hinchadas.

Una vez un profesor me explicó que el mejor diseño es aquel que uno se pregunta: ¿por qué no se me ocurrió a mí? Con los versos que encabezan este texto me pregunté lo mismo, así que asumo que la colombiana Piedad Bonnet es tan buena como el mejor de los diseños. En algo si sé que coinciden los diseñadores y la poeta, en lo conciso.

Bonnet quien ya ha dado Explicaciones no pedidas, y ha resultado premiada, en esta ocasión viene invitada como jurado a la edición 56 del Premio Literario Casa de las Américas.

Imagen: La Jiribilla

Su poesía es interrogante más que certeza.

¿El miedo y el silencio son demonios o inspiraciones para escribir?

El miedo es una cosa que nos acompaña siempre y yo creo que lo que hace es abrir caminos. Nos abrimos caminos en la vida con el miedo o hay que saberse abrir un camino con él. El miedo no nos puede paralizar.

El silencio me parece que es una compañía. Necesitamos del silencio para que se desarrollen cosas que están en embrión dentro de nosotros. Para que nosotros nos podamos oír. Para mí el silencio es siempre una palabra en positivo, mientras que el miedo puede ser una palabra siempre en negativo, pero que le tenemos que dar el giro a la positividad.

Usted ha dicho en otras entrevistas que se siente incompleta si no narras sus cosas. En ese sentido, ¿cuánto le faltaría por narrar a la literatura del continente?

"Estamos permanentemente transformando los lenguajes literarios en la búsqueda de eso que nos falta por decir"

Creo que esta pregunta no la podemos formular así porque siempre la literatura tendrá una dosis de incompletitud, y es gracias a que nada está nunca completo; nosotros los escritores seguimos escribiendo, porque siempre hay un vacío entre lo que nos proponemos y lo que alcanzamos, o entre la realidad que queremos y la que podemos abarcar.

América Latina está conformada por países en transformaciones, a veces aceleradas, con una historia llena de traumas y con mucho que decir, porque creo que nosotros sí que tenemos cosas para decir, estamos permanentemente transformando los lenguajes literarios en la búsqueda de eso que nos falta por decir, no creo que podamos decir nunca que hemos terminado, ni siquiera de demostrar una época, ni de analizar un problema, ni de representar la idiosincrasia de nuestros respectivos países.

La incompletitud es el resorte para seguir trabajando.

Usted mantiene una columna de opinión en el periódico El espectador. ¿Pudiera hablar más sobre esta idea?

Lo que pasó es que me invitaron a ser periodista, porque no lo soy. Allá en el periódico escribimos varios escritores, somos por lo menos cinco o seis de trayectoria.

Yo siempre he sido de las personas que escriben cartas imaginarias a los periódicos, o sea, siempre quise decir cosas que no alcanzaba a expresar, o que no podía declarar porque no tenía la vía. Cuando me hicieron la propuesta lo vi como la posibilidad de manifestarme básicamente como pienso que es un intelectual: una persona con un pensamiento en agitación permanente, no casado con unos temas, porque no soy una persona, digamos, especializada, y para el periódico no me interesa dar una visión así, sino que me dejo tentar por las cosas a veces coyunturales y a veces no, que me parece que tienen fuerza comunicativa.

Le dedico mucho tiempo a eso, me quita mucho tiempo para el resto del trabajo, pero me parece que vale la pena porque he ampliado el número de lectores a través de ese medio.

¿Es totalmente intencionado la representación de problemáticas de la mujer en sus obras, o el solo hecho de ser una ya condiciona su escritura?

"Creo que la literatura se construye sobre la falta de certezas, más como pregunta que como respuesta sobre ninguna cosa".

El solo hecho de ser mujer lo condiciona. Yo no soy una feminista combatiente. No pienso que la literatura esté para presentar tesis, ni para resolver problemas, ni para hacer militancias de ninguna índole. Creo que la literatura se construye sobre la falta de certezas, más como pregunta que como respuesta sobre ninguna cosa. Pero claro no puedo eludir mi condición femenina, mis intereses en lo femenino, porque sí los tengo. Las preguntas que me hago sobre el género están ahí pero nunca me he propuesto hacer una cosa deliberadamente femenina.

¿Pero al hacerse estas preguntas, ellas no marcan una intención o nacen de la espontaneidad?

Claro que yo tengo un pensamiento todo configurado sobre el papel de la mujer en esta sociedad, pero eso se puede manifestar en las columnas del periódico, con propuestas, pero ya en la literatura esos temas están planteados como indagación y no como certeza.

Se especula mucho sobre los poetas, sus demonios, su condición especial de ver las cosas, ¿cómo percibe usted, sin llegar a ningún estereotipo, a un poeta?

Pienso que la mirada del poeta es diferente, tiene que tener una enorme capacidad de síntesis y eso empieza en la mirada. El poeta tiene también una capacidad enorme de relación, de ahí sale el lenguaje, en esencia, metafórico de la poesía.

Es posible que muchos poetas tengan sus demonios en actividad, lo que pasa es que la figura del poeta maldito ya no es la que predomina, porque muchos de los poetas somos profesores académicos, tenemos oficios muy normales. Hasta cierto punto nos hemos metido aparentemente dentro de un orden, y digamos nuestro poder de subversión es más secreto, menos evidente, menos explícito.

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