A 40 años de una aplaudida inclusión

Literatura para niños y jóvenes,
el desafío que permanece

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba
Foto: Cortesía de Casa de las Américas

El año 1975 fue excelente para abrir una brecha en el prestigioso premio literario creado por Casa de las Américas hacia la literatura para niños y jóvenes.Escribo en términos de excelencia, apoyado en la memorable visita a Cuba, que como jurado de la  nueva especialidad incluida, hiciera el maese trotamundos argentino Javier Villafañe, ícono de la titiritería en esta parte del planeta, además de ser un querido dramaturgo, narrador y poeta. No recuerdo los nombres de sus compañeros del jurado, debe ser mi fijación con el arte del retablo, que a ratos obnubila mis entendederas hacia otros caminos, solo a ratos. Luego el premio se honró con otro argentino, el maestro titiritero Juan Enrique Acuña, director en ese entonces del conocido Moderno Teatro de Muñecos de Costa Rica. Imaginarán lo que sentí cuando me invitaron (otro titiritero) a conformar junto a la investigadora, periodista y escritora bonaerense Ema Wolf y el ecuatoriano Edgar Allan García, poeta, narrador y ensayista, el tribunal evaluador del Premio Casa 2015.

Imagen: La Jiribilla
Edgar Allan García, Rubén Darío Salazar y Emma Wolf, junto a Jorge Fornet durante el panel sobre la literatura infantujuvenil organizado en Casa de las Américas
 

Los 40 años de la aplaudida inclusión, se celebran esta vez con el envío de 116 títulos a concurso

Los 40 años de la aplaudida inclusión, se celebran esta vez con el envío de 116 títulos a concurso; 15 poemarios de autores de Colombia, Argentina, México, Uruguay, Venezuela, República Dominicana y Cuba, contentivos de temáticas diversas, donde prima un imaginativo sentido de la cultura de nuestra región. Lo mismo sucede con las 28 propuestas de cuentos, a los otros países presentes se suma Perú, más nuevas temáticas que van desde la identidad y la fantasía a problemas de género, costumbres y pronósticos del inatrapable futuro. En el apartado de novela, entran Nicaragua, Ecuador, Puerto Rico, Guatemala y El Salvador, representados por 73 obras en que los asuntos se disparan hacia universos encontrados de la personalidad infantil y juvenil, nostalgias, preocupaciones sociales, éticas,  y sexuales. En teatro solo se recibió un texto, lo cual deja muy mal parada la literatura dramática en relación con las otras especialidades.

Tal vez, estoy seguro, es demasiada amplia la convocatoria de la literatura para niños y jóvenes, incluye cuatro formas de concebir historias, que poseen detalles específicos a la hora de su concepción. Confrontar la síntesis metafórica de la poesía, con las historias condensadas de los cuentos en contraposición con la extensión de las novelas y el diálogo para ser dicho en vivo por los actores del teatro, es un camino donde cabe todo y ese todo son muchas cosas a la hora de ser juez y discriminar, ya no solo por la ausencia del duende iluminado en los materiales enviados, sino también  a la hora de excluir un género creativo por otro. Tarea dura la de los compañeros que me antecedieron en la labor, que ahora siento yo junto a mis colegas, atrapado entre varias propuestas interesantísimas. ¿Debería convocarse bienalmente uno de estos géneros? Creo que sí.

Imagen: La Jiribilla
 

Escribir para niños y jóvenes sigue y seguirá siendo un desafío, un reto, la incitación para trazar historias... Escribir para niños y jóvenes sigue y seguirá siendo un desafío, un reto, la incitación para trazar historias en libros, guiones para cine o televisión, o como en mi caso particular pensadas teatralmente. Los pequeños y adolescentes son algo más que seres menores de edad, nunca minúsculos o microscópicos. Acompañarlos con lo mejor de nuestra propia infancia, rescatada del inexorable paso del tiempo, es proponerles un mundo otro, que tiene imágenes de este porque es arte.Es viajar por la sensibilidad de los príncipes enanos o gigantes, a través de fábulas creíbles e increíbles, cotidianas y fantásticas, contemporáneas o antiguas.

Quien escriba para niños y jóvenes, además de dominar el lenguaje más clásico y el habla popular, tendrá también una especie de licencia para inventar lenguajes creativos,  historias que huyan de los agujeros oscuros donde a veces cae la literatura debido a una escritura defectuosa.Alcanzar un tono propio, imprescindible para contar, donde no se vean las costuras, esa cosa horrorosa que hace a un texto panfletario, mentiroso e inútil. Estilo, estética y creatividad, son tres cosas que no dependen de las intenciones del escritor, sino de las posibilidades reales de su talento.

Todo puede ser trasmitido a los niños y jóvenes, pero ¿cómo se lo trasmitimos?, he ahí el principal dilema y la mayor responsabilidad. Alejar de nuestros textos la vulgaridad y la tontería, es respetar a nuestro interlocutor, cuya sinceridad y virginidad de vida son aún delicados y frágiles atributos. Un escritor debe vivir con los oídos como las antenas de los insectos, al tanto de todo lo que sucede, pero fundamentalmente de las cosas mejores que sucedan,las que harán del niño o joven un hombre mejor, justo, abierto, franco, crítico y transparente.

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