América Latina y el Caribe
a 15 años del cambio de siglo

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Es América, la taza enorme, hervidero nuevo de las fuerzas del mundo…”, expresaba el Apóstol José Martí en una edición de Patria el 8 de septiembre de 1894. Hoy, más de un siglo después, adquiere vigencia esa máxima martiana: Nuestra América renace y enrumba nuevos caminos en busca de la justicia, la igualdad social, la soberanía, la participación ciudadana, el pleno desarrollo y la integración económica, política y cultural. Por ello urge continuamente repensarnos en nuestra condición de latinoamericanos: analizar, reflexionar, dialogar, intercambiar y… por qué no, discrepar en torno a este hervidero que en el presente y más que nunca se agita con una fuerza mayor, una fuerza que proviene de nosotros mismos… Como diría una vez más el Apóstol, “la América sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola”.

Imagen: La Jiribilla

La presente edición del Premio Casa de las Américas 2015 deviene espacio propicio para aunar pensamientos, ideas y búsquedas en torno a nuestra realidad actual. Con este propósito se desarrolló el Panel Propuestas de/para la América Latina y el Caribe a 15 años del cambio de siglo, protagonizado por la socióloga chilena Marta Harnecker; el historiador, profesor y diplomático colombiano Alfonso Múnera, y la escritora y presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL) Zuleica Romay. Intelectuales con una extensa y destacada obra investigativa, conforman, además, el jurado del Premio Casa en la categoría Ensayo de Tema Histórico-Social, condición que les ha permitido palpar el pulso del pensamiento crítico contemporáneo en América Latina.

El cambio de siglo, sin embargo, ha traído consigo otra realidad: el inicio de un largo periodo histórico para el tránsito del capitalismo al socialismo, una meta a la que debe llegarse sin cejar en la determinación de lucha.

Autora de obras como América Latina: izquierda y crisis actual (1990), La izquierda en el umbral del siglo XXI. Haciendo posible lo imposible (1999), Venezuela: una revolución sui géneris (2005) y Reconstruyendo la izquierda (2008), la investigadora Marta Harnecker rememoró la etapa de los 80 a los 90 en Latinoamérica, signada por el neoliberalismo y sus horrores, el reparto desigual de la riqueza, la falta de soberanía y la pobreza.

El cambio de siglo, sin embargo, ha traído consigo otra realidad: el inicio de un largo periodo histórico para el tránsito del capitalismo al socialismo, una meta a la que debe llegarse sin cejar en la determinación de lucha. El escenario del triunfo de los mandatos de izquierda y centro izquierda antineoliberales ha tenido que enfrentar una compleja situación, cuyas condiciones los obligan a convivir con formas de producción capitalista y, en no pocas ocasiones, sin contar con todo el poder del estado a su favor.  

Los gobiernos progresistas de América Latina se han visto acompañados de continuos ataques de la oposición, la cual continuará impidiendo el avance de un programa de reformas sociales y populares que frene su enriquecimiento económico. Se trata, por tanto, de un proceso plagado de desafíos y dificultades, donde pueden presentarse también retrocesos y fracasos.

En medio de este contexto adverso, Harnecker apunta, además, un elemento que suele pasarse por alto en no pocas ocasiones, cuando algunos exponentes de la propia izquierda prejuzgan a los gobiernos antineoliberales: los avances suelen ser muy lentos, y un mal arraigado por siglos no es posible extirparlo de raíz en 10 o 15 años. De ahí la importancia de “la pedagogía de los límites, que se encauza a informar a los sectores populares por qué no se pueden conseguir de inmediato las metas anheladas. Esta debe ser acompañada de un fomento de la iniciativa de acciones y participación populares, mediante la construcción del estado desde abajo, creando espacios que preparen a la población para ejercer el poder”.

Las revoluciones continúan su andar, haciendo caminos, como diría el poeta. Diversas iniciativas se han puesto en práctica, otras tantas se han planteado; muchas han rendido frutos, algunas han fracasado. De su intensa indagación en las nuevas realidades del continente, la estudiosa chilena resumió algunas directrices para avanzar en el proceso de transformaciones en vista al desarrollo pleno de la región y la igualdad social:

Entre las principales, destaca el avance continuo hacia la integración regional; cambiar el juego institucional recuperando los espacios perdidos durante el periodo neoliberal; fomentar la participación de los trabajadores en las empresas estatales para alcanzar una eficiencia de nuevo tipo que aumente la productividad y el desarrollo y bienestar de los trabajadores; crear nuevas instituciones estatales fuera del aparato oficial, como las misiones sociales; acercar el gobierno a la gente; ocupar los medios de comunicación para educar al pueblo en un pensamiento crítico ante la prensa opositora que tergiversa la realidad; crear foros de debate nacional; propiciar el ejercicio de la ciudadanía en la participación de la constitución de su gobierno; transformar a las fuerzas armadas, identificándolas cada vez más con su pueblo, y crear un modelo de desarrollo que respete la armonía entre el hombre y la naturaleza.

Las ciencias sociales latinoamericanas juegan igualmente un papel activo dentro del cambio de siglo: el diálogo transnacional, la construcción de conceptos afines, las similitudes entre el significado de colonialidad y poscolonialidad en América Latina, al mismo tiempo que ocurre la mirada hacia los sujetos subalternos en naciones asiáticas como la India, no son coincidencias casuales. Los cambios están dados por las migraciones e interconexiones entre las diversas comunidades del mundo, que resultan, cada vez más, en un mayor mestizaje. 

Así lo corrobora la ensayista Zuleica Romay desde el examen a las propuestas concursantes en la actual edición del Premio Casa. “La ciencia se ha vuelto más dialógica. He percibido en los libros que he leído un cruce de géneros y disciplinas sociales, además de un grupo de mujeres ensayistas con una racionalidad y equilibrio que antes eran atribuidas solo a los hombres. Hay que empezar a ver las ciencias sociales con un carácter más abierto y plural, sin límites disciplinarios ni geográficos. Se está produciendo una borradura de fronteras que antes la ortodoxia científica respetaba y que hoy, por suerte, no se respetan”.

Lo más interesante es que no se trata de un movimiento uniforme, sino de experiencias políticas que se están viviendo de manera diferente.

El profesor y diplomático colombiano Alfonso Múnera invitó por su parte, más que a dar respuestas, a hacerse preguntas sobre lo que acontece hoy en la región. “Nuestra historia está construida de sueños, y quizá sea eso lo que le da América Latina su carácter juvenil”.

Múnera destacó la profundidad de los procesos revolucionarios acontecidos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, “pueblos que se cansaron del cinismo y la corrupción de una élite. Latinoamérica hoy es realmente un continente en ebullición, cuyos pueblos se están moviendo en todas partes”.

Lo más interesante es que no se trata de un movimiento uniforme, sino de experiencias políticas que se están viviendo de manera diferente. Cada una va buscando su camino, acompañada de una extraordinaria participación popular. De ahí que no pueda existir una teoría general de la transición: la estrategia se traza de acuerdo a las características de cada país.

Sin embargo, desde su profesión de historiador, el intelectual colombiano se ha dedicado a estudiar, sobre todo, la situación de su patria. Resultado de ello son los libros Ensayos costeños: de la Colonia a la República 1770-1890 (1994), Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano (2005) y El fracaso de la nación. Región, clase y raza en el Caribe colombiano 1717-1821 (2008).

Con los presentes compartió los devenires históricos que hoy pesan sobre la realidad colombiana: la construcción de un país profundamente desigual basado en un acentuado racismo, al punto de contemplar con impasibilidad la muerte de niños indígenas por hambre y enfermedades debido a la falta de alimentos y atención médica; el analfabetismo extendido y la desnutrición… “Montamos estados calcados de los europeos en naciones de indios y negros, donde no había nada de homogéneo. ¿Cuál es la historia que hay detrás de la sofisticación de Bogotá y Cartagena?”, se preguntó el académico.

El intercambio provocó cuestionamientos e indagaciones sobre nuestro pasado y presente que ofrecieron coordenadas para trazar un mejor futuro, teniendo en cuenta los errores de ayer y los logros de hoy. No podían faltar en los análisis las menciones al papel de Chávez en la unidad latinoamericana y caribeña; los mecanismos de integración autónomos como la CELAC y el ALBA, representativa de la solidaridad cultural, tecnológica y de conocimiento; Cuba y Venezuela, combinación de recursos humanos y materiales; Telesur como cadena de comunicación fundamental para la unidad de nuestros pueblos y el reflejo de sus realidades, los médicos cubanos, que al decir de Harnecker, “son los mejores embajadores…”.

La conclusión de las inquietudes compartidas en el Panel Propuestas de/para la América Latina y el Caribe a 15 años del cambio de siglo podría resumirse en el siguiente juicio planteado por la politóloga chilena:

“Para avanzar se requiere una nueva cultura de izquierda pluralista y tolerante. Convencer y no imponer, constituir una sociedad que permita el pleno desarrollo del ser humano en el siglo XXI. El mundo está hoy volcado hacia América Latina, porque estamos haciendo cosas, labrando caminos, produciendo cambios”.

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