Crónica por su 75 cumpleaños

Un día en la vida de Miguel Barnet

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

A los 75 años de edad, Miguel Barnet es el mismo que es y ha querido ser y, claro está, una criatura diferente, mucho más completa. Sigue siendo el poeta, el hombre ávido de conocimiento, el curioso implacable, el cubano radical, el autor de títulos imprescindibles comoBiografía de un cimarrón, con 78 ediciones en una veintena de idiomas, el fabulador incesante, el soñador infinito, pero también el animal político y el ciudadano que se impuso a circunstancias adversas y avatares.

Imagen: La Jiribilla

De modo que esos dos Migueles que confluyen en uno, comienzan el día con el pie izquierdo, que contrariamente a lo que se piensa, es el mejor pie para comenzar el día, puesto que de ese lado late el corazón y bullen las mejores ideas.

Son las seis de la mañana y escucha, mientras estira el cuerpo y prepara el desayuno, CMBF —prefiere los clásicos cubanos y echa de menos que tan temprano no esté Ángel Vázquez Millares con arias de ópera— o alguna novedad discográfica en el equipo de música, ya sea Magia negra, de OmaraPortuondo, o Los pinos de Roma, de OttorinoRespighi, y averigua si acaso no hay una grabación de La noche, de Guido López Gavilán, o de madrigales cantados por el Coro Nacional de Cuba, bajo la dirección de Digna Guerra.

La primera etapa matutina transcurre en la Fundación Fernando Ortiz, organización no gubernamental que fundó y preside desde hace 20 años, para promover el legado del sabio cubano y auspiciar investigaciones antropológicas y culturológicas que iluminen identidades y valores. Mano derecha en el empeño, Trini Pérez Valdés lo pone al tanto de proyectos y publicaciones.

Tal vez haga un espacio para la rehabilitación física de su columna vertebral, pero si no, directo ala sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Cuando se gestó la organización, era un jovencísimo poeta, discípulo de Argeliers León y Fernando Ortiz, a quien Alejo Carpentier y Nicolás Guillén estimularon. Trabajó en esa casa de El Vedado por largos años hasta que, luego de ocupar diversas responsabilidades, fue electo su presidente en 2008 y reelecto en 2014.

El poeta presidente se bifurca, complementa y multiplica, más cuando igualmente debe atender a tareas de su condición de miembro del Consejo de Estado y del Comité Central del Partido, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. La UNEAC es un torbellino: concertación de acciones, análisis de problemas, búsqueda de soluciones.  Eso sí, predomina el trabajo en equipo, con el Secretariado, los ejecutivos de Asociaciones y Comités Provinciales, y la Secretaría Ejecutiva que asume la  administración y la logística.

Pero en su espíritu está la lucha contra los procedimientos y las rutinas burocráticas. Miguel defiende en la práctica la idea de que la vanguardia artística y literaria sea de verdad una vanguardia diversa y asentada en legítimas jerarquías, pero sobre todo una vanguardia plenamente identificada con la transformación revolucionaria de la sociedad.

A eso dedica buena parte de su jornada cotidiana, que comprende también desde la puesta al día de los acontecimientos nacionales e internacionales hasta la preocupación personal por la salud de tal o cual artista o escritor, recibir a este o aquel creador o periodista cubano o extranjero y dedicar unos minutos de cariño a gente muy humilde como a la Gitana, una pequeñísima y simpática mujer que trabaja en la institución. Menos mal que el poeta Lázaro Castillo y la secretaria Maysa le organizan la agenda, porque si no, Miguel colapsaría.

El día de sus cumpleaños —28 de enero—, por la tarde, poetas de dos generaciones leen sus versos en la sala Villena, o hay una puesta en escena en una de las salas habaneras, o se prepara para viajar a Villa Clara o Pinar del Río a presentar un libro o reunirse con jóvenes estudiantes. Un momento para intercambiar criterios con Abel y otro para que Joaquín Baquero le cuente cosas de la calle. Un momento para Frank Pérez, el más antiguo de sus amigos de juventud, y otro para dialogar con Jay Rodríguez, productor asociado de la película Fátima... Y luego a ver cómo se escapa para saber si el nietode su hermosa familia adoptiva ha vencido el catarro.

De noche le viene el deseo de adelantar un poema. Nada de computadoras, la vieja escuela del lápiz y el papel en blanco, ejercicio solitario y tenaz. Ojalá pudiera emprender el camino de  una nueva novela. Tal vez escriba los primeros párrafos de un artículo de urgencia. Suena Una rosa de Francia o la voz del tenorGiusseppe di Stéfano. Recuerda los versos que cierran su primer libro:

No puedo esperar más
digo y vuelvo a repetir ahora
que cada día que pasa
quiero más este viento debajo de las hojas

Un próximo día de combate y poesía se anuncia en el sueño.

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