Divertimento(s)

Cai Guo-Qiang: Milongas de fuego

Fotos: R. A. Hdez
Suelo comparar al artista que hace dibujos en el interior
con un artista que está haciendo el amor, mientras que los proyectos
de explosión al aire libre son más como las revoluciones
que tienen lugar en la sociedad: entre el cielo y la tierra, o entre el mar
y la costa. La cultura y la historia de La Boca, desde el pasado
hasta el presente están atrapados en el mismo vórtice”.

 

Allí donde cuentan que comenzó todo, se hizo la luz. En la entrada de Caminito, en La Boca del “Buenos Aires querido”, testigo privilegiado de un tiempo en el que los viajeros llegaban con sus sueños a cuesta, arrabal de ranchos y pulperías, se muestran aún los coloridos conventillos de chapa surrealista; allí desembarcó esta vez otro viajante, Cai Guo-Qiang, cultor de un arte luminoso y efímero que deslumbró al mundo con la ceremonia de fuegos artificiales para la gala de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.

Durante la noche, en la ribera del Riachuelo, sobre la Avenida Pedro de Mendoza, se juntaron la pólvora, el tango y la luz. Obra de arte a gran escala que, con un arsenal de 43 mil explosivos detonados en el cielo y sobre el agua, conformó el espectáculo La vida es una milonga: Tango en fuegos artificiales para Argentina, un enfoque aproximado del célebre artista chino a la esencia de la música y la coreografía tanguera.

Imagen: La Jiribilla

En el mismo sitio inspirador de tantas míticas letras del más internacional género musical argentino, el mago de las luces de artificio empleó una avanzada tecnología para coordinar, entre destellos, un evento que logró capturar la sensualidad milonguera y trazó un recorrido poético por la historia del tango.

La Vuelta de Rocha se transformó en una milonga al aire libre donde, cada uno de las decenas de miles de los presentes fue a la vez espectador y protagonista, junto a los fuegos, los bailarines y los músicos.

“Los proyectos de fuegos son efímeros y desaparecen en un instante.
Los espectadores presentes usan sus cuerpos y mentes
para registrar la energía y comprender los elementos del trabajo
que los conmueven. Hay eventos diurnos –que tienen lugar bajo el sol
y se hacen con humo–, nocturnos –que se hacen con luz–, y en la penumbra
entre noche y día, que establecen una nueva relación tiempo-espacio.

 

Cai Guo-Qiang, reconocido internacionalmente como uno de los artistas más relevantes del arte contemporáneo, estudió escenografía en la Academia de Teatro de Shanghái y su trabajo ha pretendido combinar diversos métodos artísticos incluido el dibujo, la escultura, el audiovisual y el arte interpretativo.

Le tuvimos en La Habana, en el año 2009, cuando participó en la inolvidable muestra Punto de Encuentro, una de las 12 colectivas que animaron la X Bienal de La Habana, y que por iniciativa del pintor cubano Alexis Leyva Machado (Kcho) alentó el debate sobre "la dialéctica entre integración y resistencia de las identidades", tema de esa edición de la Bienal.

Cai, artista de la pólvora, defendió en la capital cubana el uso del explosivo por la espontaneidad que le otorga a sus creaciones, a partir de la instalación que consistía en una enorme barca (creación de Kcho), ubicada en la plaza aledaña al convento de San Francisco de Asís, en La Habana Vieja: “Este bote, afirmó entonces, simboliza la amistad entre nuestros países, porque primeramente estuvo colocado en el mar, y el mar simboliza a todos, a China, a Cuba...”.

“Mi barco es símbolo de un sueño y la explosión es la realización de ese sueño”, fueron las palabras que antecedieron a su demostración en el centro histórico de la Isla. “Escogí un barco porque mi ciudad natal es costera y Cuba está rodeada de mar. Así que esto es un punto común que tenemos… Les he traído un sueño”.

 “Mi primera visita a Buenos Aires tuvo lugar en marzo de 2014.
La historia de Buenos Aires como puerto me inspiró profundamente,
especialmente el legado inmigrante del barrio de La Boca, con sus ricas
tradiciones culturales. Surgió de inmediato la idea de crear un tributo
a la historia argentina y al tango. El pasado creativo de La Boca
todavía reverbera en cada calle y esquina. Mi propuesta combina el poder
de la historia, la danza y las artes visuales contemporáneas.”

 

Fue sábado, 24 de enero de 2015, cuando se iluminó el cielo de La Boca. Por única vez se fue testigo en Buenos Aires de un evento artístico efímero, pero trascendente, que trazó un camino a través de la historia del tango y el país durante el siglo XX.

Imagen: La Jiribilla
 

La obra, concebida en tres tiempos, según palabras del propio Cai, comenzó con  dibujos en el cielo, inspirados en los movimientos de la danza y de las oscilaciones del bandoneón. Luego, se recreó un momento para el ritmo; y finalmente, en la tercera parte, se abordaron las etapas históricas de la típica danza.

El bandoneón fue reverenciado como el corazón del espectáculo, como lo es del tango mismo. Se diseñó una tecnología única de disparo controlada por computadora con el objetivo de imprimir en la noche bonaerense destellos que se movieran y bailaran imitando un bandoneón gigante de 180 por 60 metros. Por otra parte, las luces alcanzaron en su punto máximo los 160 metros de altura sobre la Vuelta de Rocha, donde se construyó una plataforma de tres mil metros cuadrados para instalar la pirotecnia.

Los coreógrafos argentinos José Garófalo, Omar Viola y Federico Elguero, junto a una orquesta de músicos y un cuerpo de bailarines, conformaron el equipo de inspiración y asesoramiento que le permitieron al creador chino analizar e investigar las características rítmicas y los movimientos esenciales. Fueron jornadas de baile e interpretación musical en las cuales descubrió los rasgos e impresiones evocados en La vida es una milonga.

La observación cuidadosa de los movimientos de los danzantes, mediante diversas cámaras colocadas en posiciones estratégicas, le permitió a Cai identificar y clasificar los compases de las parejas de baile y la coordinación de su coreografía. Capturó, desde ángulos diferentes y con la mayor precisión posible, las convulsiones de un bandoneón y los desplazamientos en la pista, para luego replicar esa expresividad en el movimiento de los fuegos en el aire. De esta manera, recopiló el material necesario y esbozó el programa de fuegos artificiales que mantuvo la admiración de los asistentes por más de 80 minutos.

Imagen: La Jiribilla
Photo by Tatsumi Masatoshi, courtesy Cai Studio
 
La vida es una milonga no es un espectáculo de fuegos artificiales de celebración.
Voy a utilizar fuegos artificiales para representar la exuberancia, la pasión,
la felicidad y emoción del tango y, al mismo tiempo, voy a tratar de usar
fuegos artificiales para expresar la melancolía, la incertidumbre, la decepción
y los suspiros de duelo presentes en el tango. Los fuegos artificiales
son una encarnación en su título. También simbolizan la era
en que vivimos, la cual está llena de incertidumbre, complejidad y caos.”

 

Para reflejar esa proximidad artística a la música y coreografía arrabalera, así como lograr un acercamiento a otros aspectos de la vida cultural del país suramericano, Cai Guo-Qiang realizó dos viajes por las provincias argentinas de Misiones y Salta. A partir de sus exploraciones creó una serie de pinturas a gran escala consumadas con pólvora sobre papel, que reúne elementos inspirados por distintas fuentes: la música, la fauna argentina y los retablos religiosos del sur de Europa. Además, ideó una instalación realizada en cerámica y suspendida en el espacio de los salones de la Biblioteca de la Fundación Proa, institución que acogió su muestra en la ciudad de Buenos Aires.

Estas ideas conformaron la exposición Impromptu (improvisación), en las cuatro salas de la sede de Proa, en el barrio de La Boca, a la que se suma, a manera de consumación final, el proyecto inspirado en la conocida pieza de Rodolfo Sciammarella y Fernando Montoni, “La vida es una milonga”.

La acción de clausura se concibió como una salida a las calles del testimonio que Cai interpretó de la esencia del país; fue su conexión con la gente, con el barrio, y la caída de las fronteras entre el público y el creador, entre el arte y la vida.

Imagen: La Jiribilla
Fotografía: Cai Studio
 

Las obras, creadas in-situ, fueron realizadas con la asistencia de estudiantes de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y del Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda. El artista compartió el proceso de construcción y los resultados a través de un método artístico abierto que acogió además la participación de los asistentes como elemento creativo.

La interacción con el público se tradujo en diálogo entre culturas, en el que Cai Guo-Qiang dirigió el “acontecimiento” cual maestro de la escena. La manifestación reveló su naturaleza impromptu dado el carácter impredecible de los elementos que se integraron.

“Aunque no sé lo suficiente sobre el tango, soy alguien
que ha sido profundamente conmovido por él. La música y el baile
han reverberado en mí, así que estoy reinterpretándolo como si fuese
un nuevo método de expresión artística, porque el tango
es algo que puede ser compartido por toda la humanidad.”

 

Y así se hizo la luz. Ese pedacito de ciudad, que fuera uno de los primeros puertos de entrada de los inmigrantes que luego complementarían la identidad del país, dio testimonio de las esperanzas, las dudas, también las ilusiones y la exaltación de sus legados contemporáneos. En ese anochecer, el público disfrutó, se estremeció, gritó y bailó a lo largo del Riachuelo, transformando los márgenes del Río La Plata en centro vibrante de energía creativa. Se entretejieron culturas diversas para generar nuevas tradiciones y creaciones artísticas.

Todo bajo la magia de Cai Guo-Qiang, “quien al dominar el fuego como elemento antiguo, como factor de constante formación geológica, ritual social y purificación religiosa, y de destrucción de la vida, expresa su profundo interés por la cosmología antigua y moderna, y una visión más intensa del arte como una ciencia de la transformación. Sus espectáculos de una energía primigenia producen una experiencia de dislocación temporal, un trance momentáneo en el que nos sentimos como al comienzo y al final de la vida en la tierra.”.

Imagen: La Jiribilla


Bibliografía consultada:
 
Catálogo de la exposición Cai Guo- Qiang. La vida es una milonga: Tango en fuegos artificiales para Argentina. Fundación PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929, CABA, Argentina, 2015.
 
Catálogo de la exposición Cai Guo- Qiang: Quiero Creer. Munroe, Alexandra, “Proyectos de fuegos”, pp. 131-132. Bilbao, Guggenheim Bilbao, 2009. 
 
Sitio web oficial del artista: www.caiguoqiang.com

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