El devenir de Heráclito en un libro de Leymen Pérez

Alberto Marrero • La Habana, Cuba

Las ideas de la filosofía clásica griega han sido fuente de inspiración no solo para los estudiosos de esta esfera del conocimiento, sino para artistas y escritores a lo largo de los siglos. Pocos son los que no han sido seducidos por la belleza de sus aforismos y la pujanza de sus imágenes, por la lógica impecable de sus observaciones. No importa si fueron idealistas o materialistas. Eran seres inteligentes que engendraron todo un cosmos de ideas y conceptos que son la base de la llamada cultura occidental.

Leyendo El libro de Heráclito, del poeta Leymen Pérez (Matanzas, 1976), que acaba de ser publicado en la colección Manjuarí de Ediciones Unión, experimenté el hormigueo característico de las buenas lecturas, o mejor, del intercambio enriquecedor, porque en definitivas leer buenos libros es eso: un intercambio entre el autor y el lector que al final produce una suerte de epifanía.El célebre filósofo griego Heráclito de Éfeso, llamado el Oscuro (también el melancólico), de cuya obra De la naturaleza solo se conservan fragmentos, es tomado por Leymen como referencia para estructurar un discurso lírico de una intensidad visceral, rasgo que desde su primer libro ha venido identificando toda su poesía. Cada verso parece cincelado hasta la saciedad, buscando su mayor eficacia, vuelo o amplitud. No hay un solo verso que desentone. La coherencia del lenguaje subyuga y en no pocas ocasiones estremece por su crudeza, sin caer en efectismos banales o en esos fárragos verbales de que hablaba Borges.Ni hermético ni demasiado directo, su discurso es decantado, preciso.Las imágenes se abren en múltiples asociaciones y comunican, si bien requieran de un lector atento.Hay en este poemario una infrecuente conexión entre lo cotidiano y lo trascendental, entre la parte y el todo,entre la cercanía y la infinitud.  El poeta lo anuncia desde un principio: La tierra que tengo en mi ojo atrae / lo que hay de tierra en lo que veo. Y en el poema titulado “Maderas” insiste:La sombra de una astilla oculta mucha historia. Es decir, una simple partícula de tierra es toda la tierra, una astilla es toda la madera.

El diálogo con Heráclito atraviesa el poemario. Unas veces lo niega y otras simula coincidir con él. La idea del devenir como movimiento ininterrumpido, no solo de las cosas materiales, sino también del espíritu humano en perpetua lucha con sus circunstancias, podría ser una de las claves de que el poeta se apropia. El devenir contradictorio, paradójico, con avances y retrocesos, jamás en línea recta sino en espiral, en agónica espiral que a veces parece que se muerde la cola como una serpiente.Las antítesis matizan, le dan a los poemas un signo de ambigüedad sutil, de sorpresa ascendente o descendente (Todo fluye Heráclito, / en contra y favor de mis manos) y rompen cualquier sentido de certeza rotunda. Leymen sabe que las certezas son engañosas, porque hay demasiadas cosas ocultas bajo la naturaleza/hay demasiadas cosas transformándose en su opuesto, dice el poeta en el “Vendedor de agua”.Y no se trata de repetir miméticamente las ideas del griego, sino de utilizarlas (reciclarlas, dice el poeta Israel Domínguez en una de las notas de contracubierta) para iluminar otra realidad. Cualquiera que lea con detenimiento comprenderá que el poeta dirige su mirada a zonas opacas denuestra existencia. Dígase asfixia, desfachatez, simulación, desencanto, sueños o deseos podridos.Y en efecto, vivimos en una época de cambios abrumadores, donde los remolinos de hojarasca y la ausencia transitoria de perspectivas a veces nos producen una sensación de ahogo o estancamiento. Tal vez siempre fue así. Tal vez lo que sucede hoy no es otra cosa que el ciclo interminable que anticipó, tempranamente, el filósofo melancólico y oscuro de Éfeso. Pero el poeta se rebela, no tranza con esos deslizamientos y manifiesta su dolor, sus dudas y saturaciones con un ímpetu que, aun cuando el lector pueda o no comulgar con ciertos presupuestos que enarbola, nunca quedará impasible y sí profundamente conmovido por su sinceridad.

El libro se divide en cinco secciones tituladas primera, segunda, tercera, cuarta y quinta naturaleza. Semejante estructura, a mi juicio, no es casual. El cinco, en todas las culturas conocidas, goza de un enorme simbolismo. Según los Pitagóricos es el número del centro, de la armonía. Es también el símbolo del hombre (con los brazos en cruz y las piernas abiertas parece dispuesto en cinco partes). En los poemas iniciales de Segunda Naturaleza, Leymen introduce el tema de las Antillas y Cuba, el cual aparecerá de una formau otra durante todo el libro. «Islas como existencia», cito de nuevo al poeta Israel Domínguez. El testimonio de estar en un lugar llamado Antillas donde la tierra era pobre y exótica como la que un día caerá sobre mí sin tocarme, nos da la medida de la profunda conexión del poeta con su espacio vital y, por supuesto, con su tiempo. Lo interno y lo externo se funden en perfecta armonía, si bien la angustia sea el pegamento que media entre ellos.

Hacia qué profundidad debemos mirar, dice en el poema “Tiburones” de esta misma sección. Y he aquí otro rasgo esencial del libro: la interrogación como arma filosa para tantear la realidad. ¿Heráclito comía vacas gordas o vacasflacas?, pregunta con incisivo humor. ¿Heráclito comía carne?, pregunta más adelante. En el excelente poema que cierra la sección titulado “Poema que gotea o poema donde todos los muertos ─cabeza abajo─ gotean”, Leymen se mueve entre el binomio vida-muerte y el simple goteo del agua;entre lo sublime ylas filtraciones de un techo que puede desplomarse en cualquier momento; entre lo aparentemente insignificante y la gravedad de la existencia, como un goteo que no cesa, como el movimiento pendular que nos sitúa siempre en dos planos.«Palabras que gotean formando un corpus:anulación y ventaja a un mismo tiempo», escribe con acierto el poeta y editor Alfredo Zaldívar en otra de las notas de contracubierta del libro.

En los poemas de Tercera naturalezaaparece el tema del dolor; no el físico, sino el ontológico, ese que el hombre sufre por cosas que tal vez no están en sus manos resolver, o simplemente no entiende, o no se siente apto para enfrentarlas. Dolor por el pasado irremediable, por el presente y el futuro, por el agua con cenizas que alguna vez le dieron a beber, por el país antes del disparo de Mayakovski, por el país después del disparo de Mayakovski, dice en el poema titulado “Siembras”. Esta sección quizá sea una de las más agudas y desgarradoras del libro. A diferencia de Heráclito que al final de su vida se cansó de los hombres y de la ciudad (cuentan que se refugió en un monte), Leymen comparte su dolor con los demás y lo asume con inteligencia.

Los poemas agrupados en Cuarta y Quinta Naturaleza abarcan disímiles contenidos como la ciudad de Matanzas, la agonía de la tierra estéril, la tragedia del exilio, la caída y el ascenso, el amor, las heridas, la paternidad, el trauma de la boca reseca, la fatiga, ladesilusión y otras experiencias personales del autor. No es un libro amargo como alguien pudiera suponer, sino reflexivo y en cierto sentido provocador. Para ello no se vale de escupitajos y exabruptos a la cara del lector. En general, la unidad de todas sus partes es admirable. Al respecto, el poeta y Premio Nacional de Literatura Antón Arrufat comentó: «Este es un libro de poesía, no un conjunto de poemas reunidos».

Leymen Pérez es un poeta prolífero,con una gran sensibilidad para captar esencias, cuya obraenriquece la actual poesía cubana. Su distinción estriba en un cuidadoso trabajo con el lenguaje, la calidad intrínseca de sus textos caracterizados por una ferviente capacidad de asombro, la hondura, lucidez y autenticidad de sus propuestas. Ha publicado los libros:Números del escombro (2002), Pared con grabadodePollock (2004), Circo artesanal (2005), Hendiduras (2005),Tallador de ruidos (2005), Transiciones (2006), y Corrientes coloniales (2007). Ha recibido los premios José Jacinto Milanés, Calendario, la Beca de Creación Prometeo y el Premio de Poesía de LaGaceta de Cuba en el 2012.

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