Un guateque eterno para Celina

La Jiribilla • La Habana, Cuba

La cultura cubana y la música campesina, en particular, tuvieron en Celina González, a su mejor embajadora. En las letras de sus canciones y en su voz el campo cubano reverdecía y se llenaba de colores y sonoridades nuevas, que no eran sino las enseñanzas del tiempo en que el laúd y el tres la encandilaron para siempre, y el guateque era la mejor forma de alejar la tristeza de los tiempos duros.

Esta sencilla mujer cubana, desde adolescente cantó a la vida, a la naturaleza cubana, a su amor por la patria, con la música raigal nacida en nuestros campos.

Celina  logró tener a fuerza de tesón y fidelidad  a sus orígenes y  su lugar en el tiempo, una larga carrera artística que la avala como la representante más distinguida de la música campesina, criolla, característica de lo más entrañable de nuestro pueblo.

Recorrió su  patria primero, cantó en todas las ciudades principales en dúo con su compañero Reutilio, fue Reina de la Radio, fundadora de la Televisión Cubana y de su programa estelar Palmas y Cañas. Formó parte de varios conjuntos: Campo Alegre, que dirigía el laudista Raúl Lima y Palmas y Cañas, que dirigía Miguel Ojeda.  Compuso obras en las que se refleja su cubanía y su dedicación, como “Yo soy el punto cubano”, y adquirió fama internacional con “Que viva Changó”; además incluye en su repertorio otros muchos autores. Se consideró la mejor intérprete de las composiciones de Radeúnda Lima, Miguel Ojeda, Raúl Lima, Sergio Siaba, Eduardo Saborit, Joseíto Fernández y muchos más.

Fue fundadora de las Jornadas Cucalambeanas en Las Tunas y de los Festivales campesinos que organizaba el Frente Campesino del Movimiento de Aficionados. Su labor docente impulsó  la carrera artística de muchos jóvenes incorporados a este movimiento, entre ellos, su hijo Lázaro Reutilio. Grabó numerosos discos que son testimonio de su excelencia como cantante cubana.

Celina mereció numerosos premios y homenajes, quizá el más importante es el lugar que supo alcanzar entre los cubanos, quienes le retribuyeron su amor a Cuba con muestras múltiples de respeto, admiración y cariño. Alcanzó el Premio Nacional de la Música, la ANAP y el ICRT  le otorgaron en varias ocasiones  medallas y reconocimientos, como la Distinción Antero Regalado y la Medalla del ICRT,  también recibió la Distinción por la Cultura Cubana, del Ministerio de Cultura, y la Medalla Félix Varela de Primer Grado otorgada por el Consejo de Estado, la réplica del Machete de Máximo Gómez que otorga el Ministerio de las Fuerzas Armadas, el Premio Internacional Fernando Ortiz, y múltiples diplomas y reconocimientos de los Festivales a los que asistió a lo largo de su trayectoria musical.

 “Desde niña viví en un guateque perenne. Éramos nueve hermanos y vivíamos en la mayor humildad, pero con aquellas fiestas entre los vecinos del campo lográbamos alejar la pobreza”, así recordaba los tiempos en su natal Matanzas.  Ya el rasgueo de las guitarras, las controversias y las décimas empezaban a formar parte de su esencia como ser humano.

Un guateque eterno, le deseamos a donde quiera que vaya, para que su voz se alce para decirnos que ella es el punto cubano, o lo que es lo mismo, la música de los campos de esta Isla. 

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