Cinemateca de aniversario, 
nueva sede y estreno

Joel del Río • La Habana, Cuba

La Cinemateca de Cuba celebra el 6 de enero su aniversario número 55 estrenando nueva sede, ahora en el cine 23 y 12, a media cuadra de su antiguo aposento, el cine Charles Chaplin. Fiel a su noble y útil función de resguardar el fondo audiovisual con valor patrimonial, y además exhibir los filmes cubanos y extranjeros con altos valores estéticos o sociológicos se organizó una función especial —con motivo del aniversario y de la nueva sede— que incluye El parque de Palatino (1906), el corto soviético La fiebre del ajedrez (1925) y el estreno del largometraje polaco Ida (2013), de Pawel  Pawlikowski.

De las películas realizadas por el fundador del cine cubano, Enrique Díaz Quesada solo ha llegado a sobrevivir, su primer cortometraje documental, El Parque de Palatino, porque la mayor parte de su producción fue devorada por un incendio en 1923. José Rodríguez Feo cuenta sobre el origen de este cortometraje fundacional en el texto El cine documental cubano 1897-1958: “en 1906 el director y fotógrafo Enrique Díaz Quesada inicia el reportaje turístico en Cuba con unas vistas de la ciudad de La Habana, que consta de un rollo y lleva por título La Habana en agosto de 1906. (…) En 1906 Manuel Martínez Illas dirige y filma el primer corto didáctico sobre la fabricación del azúcar y, por supuesto, la productora no es otra que la Manatí Sugar Company. En 1909 Díaz Quesada hace el primer corto de temas religiosos al filmar las tradicionales fiestas en honor de la Virgen de la Caridad en Camagüey. De todas estas primeras producciones, el único corto que se conserva en Cuba es El parque de Palatino”.

El investigador y crítico Mario Rodríguez Alemán quiso ser mucho más específico sobre los valores de El parque de Palatino y su realizador. En Bosquejo histórico del cine cubano, revista Cine Cubano, No. 23-24-25, Rodríguez Alemán asegura que “los historiadores recuerdan este filme por contener algunas audacias técnicas. En 1913, el propio Díaz Quesada realizó el primer largometraje cubano cantando las hazañas de Manuel García, un bandolero cubano que, por entonces, era considerado héroe nacional. Díaz Quesada continuó trabajando hasta 1919 y realizó algunos filmes con temas de inspiración popular basados en temas históricos y sociales entre los que se cuentan El capitán mambí, Sangre y azúcar y La manigua, etcétera. Estos filmes abrieron la brecha hacia un cine nacional que desafortunadamente nadie seguiría en los 40 años siguientes”.

Respecto a La fiebre del ajedrez, se trata de una comedia silente soviética, dirigida por Vsevolod Pudovkin y Nikolai Shpikovsky, que está considerada todo un clásico del cine silente por su ritmo enloquecido y lo trepidante de un montaje que se las arregla para construir una anécdota consagrada al humor en estado puro. La fiebre del ajedrez combina partes actuadas con documentales sobre el Torneo Internacional de Ajedrez, celebrado en Moscú, en 1925, y concebido como una manera de mostrar al mundo los logros de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El liza de los trebejos supuso un evento de repercusión mundial cuyo invitado de lujo fue el Gran Maestro cubano José Raúl Capablanca, cuya imagen aparece varias veces en este corto soviético incluido en las celebraciones por el aniversario 55 de la Cinemateca.

El filme polaco Ida (2014, Pavel Pawlikowski) nominado al Oscar como mejor película de habla no inglesa, y premiado por la crítica especializada en Toronto y Londres, entre muchos otros festivales, cuenta la historia de una novicia huérfana, a quien le ha tocado vivir toda su vida en un convento y está a punto de hacer los votos monásticos, pero antes debe conocer a su única parienta viva, una jueza de vida bohemia que le da a conocer su origen judío y su verdadero nombre: Ida.

Sin trascendentalismo inútil ni estruendosos gestos revisionistas, Pawlikowski traza el itinerario de descubrimientos de la joven e inocente muchacha, en el intento por aclarar su origen, y descubrir lo que ocurrió con su familia durante la guerra. De este modo, el filme todo se transforma en una exploración de la capacidad humana para la maldad, en tiempos de conflagración, que recuerda no solo a La lista de Schindler, de Steven Spielberg, sino también El pianista, de Roman Polanski, por solo mencionar clásicos contemporáneos comparables con Ida por la riqueza compositiva de sus encuadres, y por la tremenda valentía de asumir las zonas más turbulentas y dolorosas del pasado nacional.

El hecho de haber sido rodada en blanco y negro, que se ambiente en los años 60, y que su protagonista sea una monja, una mujer, enfrentada a los traumas de un pasado problemático y culposo, también favorece la comparación con dos de las mejores películas polacas de todos los tiempos: Madre Juana de los Ángeles (Jerzy Kawalerowicz, 1960) y La pasajera (Andrzej Munk, 1963). Y en esa tradición de filmes polacos y europeos marcados por los devastadores descubrimientos de sus protagonistas respecto a los horrendos pecados de sus predecesores, y por un modo de concebir el cine desde la inspiración, la espiritualidad y la belleza, se forjó Ida. Este tipo de cine tendrá su sede habitual, de ahora en adelante, en el cine 23 y 12, porque el Chaplin se consagrará a exhibir, sobre todo, los estrenos cubanos y las semanas de cine.

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