Manuel Licea (Puntillita), la voz del marañón

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

…si el marañón aprieta la boca,
has tú, en el baile, una imitación

 

Podías o no corear el estribillo, podía no gustar incluso, pero su interpretación llamaba la atención ―para bien― en momentos que la creación musical cubana andaban pletórica de creadores e intérpretes originales, que para desgranar sones, guarachas, boleros o chachachás, partían de la gracia criolla, de la vivencia cotidiana o de sublimes momentos de amor o desengaños.

Ese podía ser el caso de Manuel Licea Lamouth, quien con el sobrenombre de “Puntillita”, sonaba en la radio de mi mocedad con un tema llamado “El marañón”, para siempre inscrito en el florilegio musical nacional.

La picaresca del tema tomaba tierra en la lexicología de nuestra adolescencia para darle sentido al término “apretar” con forma, función y significado.

Licea habían nacido en la entonces provincia de Oriente, hoy Holguín ―Yareyal, 4 de enero de 1921― y había iniciado su carrera artística como parte de la banda Los Boys Scouts. Y en Camagüey, en la década del 40, integraba la orquesta Hermanos Licea.

Era época difícil los años 40-50, porque rutilaban en el pentagrama nacional muchas voces de calibre, que tenían un largo listado como patrón y que empezaba con Miguel Matamoros y su trío y terminaba con Benny Moré, pero igual tenía referentes en Carlos Embale, en el cuarteto Maisí o Ninón Modéjar, con su orquesta América, por solo citar algunos ejemplos de diversa suerte, sobre los cuales habría que partir en cualquier análisis.

La relación de voces destacadas que por aquellos tiempos copaban al panorama musical cubano solo puede ser recogida con justicia en una larga antología en la que Licea cabe con toda justicia.

…Aprieta, aprieta
lo mismo que el marañón…
 

En Camagüey Manuel Licea entraría como cantante en la orquesta Escorcia, dirigida por Jorge González Allué. Después fue percusionista de la Orquesta Tentación. En 1945 se trasladó para La Habana, para sumarse a la orquesta del famoso trompeta Julio Cueva, con la que aseguran, adquiriría el sobrenombre que lo hizo más conocido, gracias a la canción “Son de la puntillita”. Alternó por aquellos tiempos con actuaciones en la Orquesta de los Hermanos Castro y el conjunto Casino. En 1951 se inició como solista, presentándose en Radio Cadena Habana y otras radioemisoras.

En México actuó en El Patio, y con La Gloria Matancera se presentó en el cabaret Antillano.

 

…Cuando yo era chiquitico y del mamey
…y que del mango me chupaba la semilla…
 

Para los que a principios de los 60 ―y en los 20 años siguientes― entrabamos en la adolescencia o ya en la etapa juvenil, y estábamos más interesados en  el rock anglosajón o aceptábamos como buena lo que luego se llamó la década prodigiosa, las «voces» de la música cubana eran en aquel tiempo los inigualables —pero no los únicos— Tito Gómez, José Tejedor o Barbarito Diez; eran tiempos en que brillaban las combinaciones de Planas-Macías en la orquesta Rumbabana o chispeaba la gracia de Ñico “Saquito” y Faustino Oramas, El Guayabero.

Y entre Pacho Alonso y Roberto Faz había poco espacio para entrar en la liza. Era difícil incorporarse y… mantenerse.

Sin embargo, pasados los años llegó una segunda oportunidad, merecida,  para Licea.

El “rescate” de Puntillita fue posible gracias al proyecto Buenavista Social Club —bajo criterio mercantilista “lleno de buenas intenciones” (o al revés…cada quien tendrá sus argumentos) —, agrupación que reuniera a varios viejos instrumentistas e intérpretes a los que las nuevas tendencias artísticas habían postergado. Todos ellos grabaron un disco homónimo, que obtuviera un Grammy en 1998.

Buenavista Social Club presentó aquellos veteranos en una actuación considerada “histórica”, en el prestigioso Carnegie Hall de Nueva York del que saldría un segundo disco: Buena Vista Social Club live at Carnegie Hall.

A finales de 1999, luego de una gira a Japón con otros miembros del grupo Afro-Cuban All Stars, Manuel Licea (Puntillita) sufriría una crisis de diabetes. Fatigado por la edad y su estado de salud muere de neumonía en La Habana, el 4 de diciembre de 2000.

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