Laura de la Uz

Un reality show y un vestido de novia

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba

En tiempos recientes, la actriz Laura de la Uz ha tenido varios importantes desempeños. En el cine, además de la película La pared de las palabras, otra vez bajo la batuta de Fernando Pérez, está la cinta Vestido de novia, de Marilyn Solaya, que ya despierta comentarios y debates. Por su parte, Reality show, un espectáculo muy singular concebido por la propia Laura, es una puesta simpática, aguda y cómplice, que a pesar de sus pocas presentaciones puede catalogarse de muy exitosa. De ambos proyectos, de algunas de sus repercusiones e historias, conversamos con la artista para estas páginas.

Imagen: La Jiribilla
 

Llegaban al 70, con el sueño del millón…
La obra teatral Reality show, al sentir de este escriba, una suerte de conjura setentera por sus asuntos y cauces, y en especial por la música, fue nuestro primer tema. Nacida para la clausura del festival Ellas crean, se trata de una estupenda puesta que fluye con suma agilidad. Cuenta con invitaciones de lujo, entre ellas Beatriz Márquez, Telmary, la Camerata Vocal Sine Nomine, Lyn Milanés y Frank Delgado, así como la actuación de Luis Alberto García, además de la aparición especial de la hija y la mamá de la propia Laura. La banda sonora, con el hilo conductor de canciones como “Marilú”, “Para Bárbara”, “Yolanda”, entre otras, lleva un gran peso en la historia. Laura nos amplía:
“Los años 70 implican de alguna manera contar mi vida. Esa era como la base de Reality show, que cuenta un día de mi vida. No te sé decir un porqué preciso, pero me gusta mucho ese período. Sobre todo me gusta mucho la música de esos años. Es la década de mi nacimiento, de mi generación, de muchos de mis colegas que hacen arte y cultura en este país ahora mismo. Vivo muy orgullosa de pertenecer a esa generación de artistas. Ahora, musicalmente esos años conllevan los recuerdos de toda mi infancia. De esa casa de mi niñez en Los Sitios, con toda la familia, con todo girando alrededor de nosotros los niños. Lo pasábamos muy bien y esa maravilla de la memoria siempre la asocio a la música, son sensaciones de mi vida. La música negra norteamericana me recuerda a mi papá. KC and The Sunshine Band es la memoria de mis bailes, de mis amigas y de mi prima, de las fiestas, de los discos de vinilo que escuchábamos juntas…”  
Sin embargo, dada la complejidad de la puesta, ¿habría planes de convertirla en un unipersonal?
Las cosas llegan a uno porque uno las desea, sino no te las encuentras. Yo tenía muchas ganas de hacer un unipersonal. Tenía textos escritos, archivos, música, documentos, de todo tengo guardado. Un montón de ideas pero no sabía por dónde empezar, de qué hablar. Un buen día, a partir del festival Ellas crean, viene Darci Fernández y me ofrece hacerlo. A partir de ahí, me monté en una idea, que no era exactamente la que yo tenía, pero funcionó. Salió y ya. No tiene más ciencia, ni más complicación que yo ahí, contando un día de mi vida, más la idea de las canciones. Fue un trabajo muy intenso y quedó. Cumplió su objetivo. Después del festival me lo pidieron muchas veces e hice dos funciones más. Pero ya estoy pensando en ir más allá de ese espectáculo. Si lo versiono, terminará siendo otra obra, algo diferente. Para un unipersonal tendría que buscar otros recursos. No se me ocurre la versión B del Reality. Si no están mi mamá, mi hija, los invitados que tuve, ya no es el Reality. Contar mi vida, que era el motivo original de donde comencé, lo hice de esa forma. Si lo cambio, sería regresar a donde estaba encasquillada antes de que esta oportunidad se diera. Y yo hago las cosas según me nacen. No por dinero o para complacer a nadie. Es como me salga del corazón. Ese cambio todavía me suena un poco absurdo, la verdad.

Imagen: La Jiribilla

Cuéntame tu vida… ¿sin avergonzarte?

Sabido es que la actuación implica siempre cierto desnudarse el alma, mucho más allá de la piel. En este caso, Reality Show justamente se basa en contar un día de su protagonista. Es su propia historia la materia prima para el arte. ¿Habrá algún recato a la hora de hacerlo?
“Después que bajo del escenario quizá me da un poco de pudor. Pero en el momento de actuar no. Los seres humanos, por inseguridad, tendemos a esconder mucho, a tener muchos secretos, a ocultar lo que en verdad somos. No es que yo sea tan segura, ni nada por el estilo. En buen cubano, yo soy un tronco de inseguridad, creo que eso es humano. Enfrentarse a lo que vendrá, a la vida, en fin, genera miedos, eso es lógico. Pero pocas veces uno habla con total franqueza, más allá de la familia, de los amigos. Eso va bien, la discreción está bien. 
“Sin embargo, si contando tu vida le puedes aportar algo a los demás, hacer que se encuentren, que se descubran un poco también, pues adelante. Además, me gusta mi vida, lo que he pasado, las personas que he conocido y lo que he visto. Hasta sirve un tanto para revisarse. Pero, sobre todo, en el Reality hay un intensión de pasarla bien, de que las personas recuerden momentos agradables, de que se diviertan. Crear esa complicidad y no con filosofías complicadas ni nada en esa cuerda. Esa intención creo que es lo que más agradeció el público.

“Si el Reality sirvió de algo, fue para eso. Yo sentí que el público se divirtió mucho con la obra, se alegró la vida. Que se rió, no del chiste tonto, sino de los recuerdos, de las cosas bonitas, de que eso lo he vivido o lo puedo vivir yo también. Yo busco la complicidad con el público. No te puedo explicar cómo es, porque tiene que ver hasta con algo espiritual, hasta religioso, no sé. Es sentirte en la piel del otro. Y decirle al otro, mira, somos iguales”.
 

Un muchacho de manos azules, vestido de novia…
Salido de un verso de un poema de Norge Espinosa, el título de la cinta Vestido de novia, trae consigo aguaceros de criterios y opiniones. La difícil situación de sus personajes, en especial ante la hostilidad ajena, debe movernos hacia la sensibilidad, la comprensión y el respeto. Laura comenta algunas de sus visiones sobre esta película.

Imagen: La Jiribilla

“Hoy una vendedora, una persona ya mayor, me dijo algo en el agro. Quizá no le quiso dar ese sentido, pero le quedó un poco despectivo y es lo primero que me han dicho en ese tono. « ¡Qué degeneradita tú eres!», me dice, para hablarme del personaje. Me cambió la cara y parece que ella se dio cuenta. Pero al momento me vino la idea a la mente: Así mismo pensarán de los transexuales. Me quedé callada, no le respondí. De verdad eso me dejó en una pieza. Ese es el reflejo de un pensar. Incluso lo hizo a lo mejor hasta por meterse conmigo, para bromear con la actriz que conoce. Pero no deja de ser un pensamiento muy fuerte. Está juzgando a esas mujeres transexuales. O a los travestis, a las lesbianas, a los gays, a todo lo que sea diferente. Si la película sirve para que esas personas se sienten de frente a esas circunstancias. Para que empiecen a revisarse esas ideas preconcebidas, heredadas de otras generaciones, esos estigmas, esos esquemas, esas formas de ver la vida, pues valió la pena. Estoy muy orgullosa de haberla hecho. Es muy dura sí, pero son realidades que conviven con nosotros, aunque no nos acerquemos a ellas. Igual, si bien algunos han dicho que la película les perece morbosa, otros muchos me han dado las gracias y me felicitan. La gente también me lo agradece, me halagan, y se alegran por este trabajo. La mayoría de las veces han sido mensajes muy bellos.
“La violencia de género se obvia, pero está ahí. Y por provocar esas respuestas, bravo, por Marilyn Solaya y por todos nosotros. Estos casos de transexuales, para el común de las personas son muy difíciles de entender. Aquí ni siquiera está aprobado el matrimonio homosexual, imagínate entonces la reacción ante quienes viven en esa circunstancia. La transexualidad existe, tú no la eliges, la naturaleza lo puso ahí y esos seres humanos necesitan ser entendidos, atendidos, cuidados, por toda la sociedad. Pero como son temas asociados a la moral, a esa moral que nos domina a pesar de nuestra condición socialista, esa eterna visión de mamá, papá y nené que nos ha legado la historia como modelo de familia, la religión, en fin, pues todavía llevamos esas limitaciones en la médula. Hasta los revolucionarios más revolucionarios, todavía llevan esas ideas consigo.
“Yo agradezco a la película porque me ha ayudado a entender esa realidad. No te imaginas las historias que escuché cuando investigábamos antes de filmar. A más de uno le acabaron la vida, incluso por causa de dos o tres hombres de mucha, mucha, supuesta moral. Sé de transexuales que son muy valientes, que han enfrentado sus realidades, aunque también han sido muy maltratados. La película se refiere a anécdotas reales, se basa en sucesos que ocurren entre nosotros. Te aseguro que la realidad supera la ficción, por eso hay que insistir en esos temas y mostrarlo todo”.

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