Noventa veces Estorino

Omar Valiño • La Habana, Cuba

Me gusta denominarlo como se merece, como siempre lo vi, a la vieja usanza de un traje que le queda como a su amado José Jacinto Milanés, matancero como él: poeta dramático cubano. Lo ubica en la literatura, su verdadero reino y el del teatro en tanto dramaturgia. La palabra fue su arma. Escribió en español de Cuba, con hondura, calidad y gracia. Con musicalidad.

Imagen: La Jiribilla

El lenguaj​e fue para él un horizonte permanente y un habitual territorio de transformación.

El lenguaje fue para él un horizonte permanente y un habitual territorio de transformación. En la palabra, en los choques de estructuras y filosofía e ideas, en los cambios de arquitecturas estructurales, él logró renovarse siempre a sí mismo. Su gran telón de fondo para todas esas operaciones fue la nación. A la manera del gran cineasta polaco Andrzej Wajda, se sirvió de la historia, de sus polémicas y oquedades, para devolvernos una imagen rica, compleja, histórica y actual de cubanas y cubanos.

A intercambiar sobre esas 90 aristas de Abelardo Estorino, volvimos a Matanzas a fines de este enero, y a Unión de Reyes el día 29 en su onomástico exacto, para dejarle una lápida en el cementerio de su pueblito natal, también cuna importantísima de buena parte de su obra, donde quiso descansar para siempre. Una lápida que reza:

 

Abelardo Estorino

(Unión de Reyes, 1925-La Habana, 2013)

Poeta dramático cubano

“Yo creo en lo que está vivo y cambia”

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