Ella es la música guajira

Sonia Pérez Cassola • La Habana, Cuba

Este 4 de febrero de 2015 la cultura cubana, y esencialmente la música se vistió de luto. Murió Celina González Zamora; cantante y compositora, portadora de las tradiciones musicales más genuinas de nuestras áreas rurales.  Cuando decimos “música guajira”, invariablemente aparece ligado su nombre.

Nació un 16 de Febrero de 1928,  en la localidad de La Luisa, en Jovellanos, provincia de Matanzas; una  tierra prolífera y de gran arraigo en tradiciones poéticas y musicales, tanto la décima y el punto, como los cultos sincréticos afrocubanos,  sobretodo de procedencia Arará.

A la edad de ocho años, su familia se traslada a la ciudad de  Santiago de Cuba, llevando con ellos sus costumbres, y compartiendo y asimilando también los de esa otra tierra fértil para el desarrollo de tradiciones musicales tan importantes en nuestra cultura como el son, la guaracha, la canción trovadoresca, las que más tarde conformaron lo más representativo de su repertorio musical.

Proviene de una familia campesina. Desde pequeña creció en un ambiente musical. Vio a sus padres Gregorio y Benita cantar en los guateques domingueros que se realizaban en su casa.  Su hermano Jesús tocaba el laúd y  su hermana Ángela,  el tres y cantaba. Allí siempre sonó la música campesina: las tonadas, el punto libre y el fijo, las controversias. Eran guajiros de verdad en un ambiente citadino, reflejando sus modos de “decir” y “hacer” bien definidos y particulares, sosteniendo la memoria, sentimientos y costumbres de sus espacios y sus tiempos, y de esta manera, sin proponérselo, iban forjando esos procesos internos en que se vinculan y entrelazan, a la vez que se imprimen y sintetizan una amplia diversidad de concreciones que formarían parte de lo más genuino de nuestra música, y que perdurarían manteniéndose en intercambio dinámico, interactivo y abierto.

Su madre Benita Zamora fue practicante portadora de la religión afrocubana, lo que también heredó. Fue en uno de estos guateques en su casita de madera de la calle Santa Rosa en Santiago, donde conoció a Reutilio Domínguez Terrero, un muchacho que tocaba la guitarra  y cantaba rancheras, guarachas y sones montunos en la emisora radial de Guantánamo; quien sería después su compañero en la vida y en el arte. Con Reutilio formó una familia y un dúo criollo que gozó de la simpatía y aceptación de los todos los  públicos ante los que se presentaron.

En el año 1947 debutan en la Cadena Oriental de Radio, conquistando gran cantidad de público tanto para sus programas radiales como para sus presentaciones en vivo en la provincia; y a fines de 1948, a instancia de otro grande de nuestra música;  Ñico Saquito, graban un disco a manera de demo, para mostrar su arte en La Habana y  buscar  un contrato más ventajoso. “Cuál no fue la  sorpresa de nosotros —como diría Celina— cuando Ñico Saquito nos dice que nos aceptó Radio Cadena Suaritos;  y nos dio un contrato de 700 pesos por una semana para Reutilio y para mí”. Radio Cadena Suaritos era  una emisora de onda larga, de clave CMBL en los 750 kilociclos, que tenía sus estudios en calle 25, número 1115, en el Vedado.

Esta radioemisora había puesto de moda la música afrocubana, presentando los fines de semana toques y cantos con intérpretes como Celia Cruz (La Habana, 1925-New Jersey, 2003) y  Merceditas Valdés (La Habana, 1928-1996). Con la modestia y la sencillez que caracteriza a todo gran artista, llegan a La Habana Celina y Reutilio y debutan el 2 de noviembre del mismo año 1948, y para esta ocasión componen especialmente una obra que se convertiría en éxito rotundo y les abriría las puertas de la fama: “A Santa Bárbara”.

Junto a esta nueva forma de decir y hacer, cantando a la vida, a las costumbres y tradiciones cubanas, a la naturaleza, al imaginario religioso del pueblo, se daba también la utilización de la guaracha, el son, las décimas y tonadas con el punto.La acogida del público se debe no sólo a lo textual, donde se cantaba a la devoción del pueblo por esta virgen vinculándola también a Changó, tal como se conoce en la religión afrocubana;  ni  a lo novedoso de la tonada que utilizaron; existen otras varias razones por lo que este tema ganaba adeptos en diferentes auditorios, así como el resto de las composiciones de este dúo. Junto a esta nueva forma de decir y hacer, cantando a la vida, a las costumbres y tradiciones cubanas, a la naturaleza, al imaginario religioso del pueblo, se daba también la utilización de la guaracha, el son, las décimas y tonadas con el punto. El dúo combinaba la "restallante”  voz de Celina —al decir de nuestra musicóloga María Teresa Linares— , con el sonido de la guitarra producido por Reutilio en su acompañamiento, con un estilo de toque muy peculiar, donde se oían claramente los bajos en los bordoneos, al mismo tiempo que el acompañamiento armónico, con un rasgueo fuerte y lleno que parecía provenir no de una, sino de dos o más guitarras.

Reutilio Domínguez era poseedor de una desarrollada técnica guitarrística, basada en la flexibilidad  de dedos, muñeca y antebrazo que le permitían tocar la prima y bordonear al mismo tiempo, de manera que el dúo de Celina y Reutilio sonaba fuerte y grande. A esto debemos  sumar el virtuosismo y la gracia que mostraban ante el público; Reutilio,  al ejecutar la guitarra de diferentes formas no convencionales; acostado en el escenario, con la guitarra puesta en el suelo y la púa entre los dientes, sacándole sonidos al instrumento; o tocándolo de espalda. Por su parte Celina hacía gala en sus actuaciones de su fuerza expresiva, muy  criolla, así como de su nivel de improvisación, aprehendido desde los diez años de edad, por tradición oral.

En sus primeras presentaciones en Radio Cadena Suaritos contaron además con el apoyo de un afamado bongosero, Marcelo González, al que apodaban ‘El Blanco’. Uno de esos muchos practicantes portadores de tradiciones musicales que viven y se desarrollan en las comunidades; era nativo del barrio de Los Sitios en La Habana. Marcelo ‘El Blanco’ había adquirido una justa reputación como destacado percusionista, primero con el conjunto sonero de Macucho, un músico de su  mismo barrio, y más tarde, como  bongosero de la Orquesta de Julio Cueva. Cuando Marcelo sonaba el bongó detrás de la guitarra de Reutilio y la voz de Celina, los radioyentes pensaban que se trataba de un conjunto completo con cinco o seis integrantes.

Tras el estreno de  “Que viva Changó”, como también se le conoce al tema “A Santa Bárbara”, se abre un mundo de posibilidades para el dúo; comienzan a escucharse en todas las emisoras de la capital cubana, y ya en 1950, Amado Trinidad, dueño de la emisora radial de alcance nacional Radio Cadena Azul (RHC) les propone un ventajoso contrato que los coloca como exclusivos de esta emisora. La RHC, fundada en 1940, y con sede en Paseo del Prado, número 53, en La Habana, se preciaba de la difusión de los mejores valores de la música cubana de la época. A esta planta radial se trasladan de inmediato Celina y Reutilio, comenzando además a grabar los números favoritos del público. En la primera grabación del tema  “A Santa Bárbara”, contaron con la participación del pianista, compositor y arreglista Obdulio Morales, gran conocedor y cultor de la música afrocubana; y el bongó de otro distinguido percusionista habanero conocido como “Papá Gofio”.

En poco tiempo Celina y Reutilio se convirtieron en favoritos nacionales. La fórmula de combinar las décimas y cuartetas típicas del cantar guajiro con temas de las deidades de los panteones yorubas y congos de la religión y la música afrocubana tuvo gran respuesta del público, y el dúo comenzó a producir toda una serie de números similares como "A la reina del mar", "El hijo de Eleguá", "A la Caridad del Cobre" y otros. Además grabaron una cantidad de guajiras, guarachas y sones montuno de otros autores, como "Lágrimas negras", de Miguel Matamoros; "El cuarto de Tula" de Sergio Siaba, "Me tenían amarrao con P"—compuesto por Ñico Saquito—, a quien siempre reconocieron como una persona determinante para su desarrollo profesional. Celina expresó en entrevista a la periodista Mayra A. Martínez, publicada en Revolución y Cultura, número 1, de 1986: “…Por eso siempre agradeceré la confianza y el desinterés de Ñico Saquito, que fue determinante para nuestra carrera. Aparte de esto, él nos ayudó mucho a dominar los ritmos populares, a profundizar en la guaracha, en los sones. Nos enseñó de verdad lo que era la clave del son y la guaracha”.

También  en 1950 debutan en la televisión, en el programa musical variado “El show del mediodía”. Y en este propio año emerge otra de las grandes obras de su talento creador: “Yo soy el punto cubano” con la que llevan la décima al son. De esta obra dijo Celina en entrevista a la citada  periodista: “…Mira, ese número lo hicimos para llamar la atención sobre el punto cubano, que era despreciado por ciertos sectores de la sociedad, igual que el guajiro, que era decir la última carta de la baraja. Guajiro era lo ridículo, para algunas gentes. Y eso nos dolía mucho. Por eso planteamos en el número que el mambí cantaba el punto cubano en la manigua. Y esa raíz debía conservarse…”. Este tema ha llegado a ser casi un himno dentro de  la música popular cubana.

 La década del 50 fue para Celina y Reutilio una etapa de madurez como creadores y al mismo tiempo como intérpretes. Por esa época viajan a  Nueva York, donde se presentan en el Teatro Puerto Rico, acompañados de Benny Moré, en el año 1952, y junto a Barbarito Diez en 1958. Visitaron también la República Dominicana, donde su música era conocida desde 1947 que transmitían por  la emisora CMKR en Santiago de Cuba. En Cuba el prestigio del dúo aumenta; a partir de 1951 emergen sus primeras grabaciones discográficas lanzadas al mercado por el sello Puchito.  Celina y Reutilio  aparecen en dos largometrajes, Rincón criollo y Bella la Salvaje, en unión de Paco Alfonso, Candita Quintana, Carlos Pous,  el Trío Los Panchos, Alicia Rico, entre otros actores y músicos. Cantan en programas radiales dedicados a la música guajira; aparecen en televisión debutando en el programa musical variado “El show del mediodía”; se presentan en  grandes escenarios nacionales compartiendo con destacados artistas como los mejicanos Pedro Vargas y Miguel Aceves Mejías, el argentino Lucho Gatica, el grupo español Los Chavales de España, Daniel Santos, Rosita Fornés, entre otros. Se destacan en actuaciones en los grandes cabarets de la capital, incluyendo el legendario, Tropicana; graban en 1956, respaldados por una de las más cotizadas agrupaciones del momento, la Orquesta Sensación; se vinculan con todos los demás cantantes de punto guajiro y poetas de la Isla como Ramón Veloz, Coralia Fernández, el Indio Naborí, Raúl y Radeúnda Lima, siendo altamente demandados  dentro del mundo musical del momento.

La colaboración de Celina y Reutilio duró hasta su separación en 1964. Reutilio falleció en el año 1971. Desde 1964 y hasta finalizar la década de los 90, Celina González prosiguió su carrera como solista. A partir de 1981 comienza una nueva etapa en su vida. Su hijo Lázaro Reutilio terminaba sus clases formales de música en la Escuela de Superación Profesional y madre e hijo deciden retomar el trabajo del dúo y  lanzar una nueva versión de Celina y Reutilio. Para ello se apoyan en el acompañamiento musical del conjunto Campo Alegre, dirigido primero por el destacado laudista y compositor Raúl Lima, y con posterioridad por el músico Félix Martínez, alias “Chiquitico”. Más tarde, el laudista Barbarito Torres crea su Piquete Cubano (1992), para acompañarla en sus presentaciones internacionales y nacionales, en su espectáculo musical El show de Celina y Reutilio Jr., que se presentaba cada fin de semana en el Restaurante La Rueda, situado en El Chico, Wajay, del municipio Boyeros, dirigido artísticamente por quien redacta estas notas.

En el año 1984  viajan a Bogotá y a la Feria de Cali en Colombia, debutando en el Estadio Pascual Guerrero, el 25 de diciembre ante unas 25 mil  personas; en esta oportunidad recibió el galardón a la Mejor Cantante de la XXVII Feria Internacional de Cali. Allá graban dos programas con diecisiete números que fueron trasmitidos en el espacio estelar de la televisión colombiana Todos Estrellas. La presencia de Celina causó una profunda conmoción en el auditorio colombiano. Uno de los diarios en Cali expresó: “Fue subyugante oír en Cali a la gran Celina. A Celina González. La misma de  “Yo soy el punto cubano”, “La cañabrava” y otros éxitos. Los veteranos cultores de la música cubana, que en Cali se encuentran por decenas de miles pudieron recrearse a sus anchas y admirar a esta maravillosa mujer, que llevó a la cúspide los ritmos campesinos”.

Desde entonces se repitieron casi todos los años las actuaciones en las principales ciudades de Colombia: Cali, Palmira, Bogotá, Popayán, Pereira, Manizales, Cartagena, Barranquilla, Montería. En 1985 y 1986 participaron en el Festival del periódico Voz de Bogotá, y en 1987 los acoge la Feria Internacional de Orquestas de Cali, donde comparten escenarios con notorias figuras de la música latina y caribeña, como Oscar D’León y  Cheo Feliciano de Venezuela,  El Gran Combo y La Sonora Ponceña de Puerto Rico. En todas estas presentaciones han presentado el repertorio de su autoría, así como la obra de destacados valores de nuestra música tradicional como Miguel Matamoros, José Antonio Pinares, el Guayabero, Reinaldo y Lorenzo Hierrezuelo, Sergio Siaba, entre muchos otros. En Colombia se reconoce a Celina como La Doña o La Diosa de Cuba.

Europa también acoge a la cantante. En el año 1988, World Corcuit, conocida discográfica inglesa que gusta difundir la música cubana, y que lanzó el famoso proyecto Buena Vista Social Club, realiza el lanzamiento de su álbum Fiesta guajira de 1982, que rápidamente alcanzó el segundo lugar de ventas a nivel del país, ocupando la música de Celina el segundo lugar en el hit parade nacional en Inglaterra. Viajan por primera vez a este país, presentándose en importantes salas, como el Moseley Dance Center de Birmingham, el Leadmill Theatre de Sheffiel,  The Green Room y Warwick Arts Center Theatre, en Manchester, en el Gardner Center de la ciudad de Brighton ,  en el Hackney Empire de Londres, entre otras.  La aceptación del público y la crítica especializada  fue de alta magnitud, la nombran como La reina de la música campesina, apelativo que la ha acompañado siempre.  En la ciudad de Bridgetown, cada 28 de febrero, en aniversario de la muerte de Reutilio, se reúnen miles de fans, para rendir homenaje a su memoria y a la  música de este dúo.

En el año 1998 Celina se presentó en el festival Divas`98 celebrado en Estocolmo, Suecia, donde fue escogida para inaugurar la sala de conciertos donde se entregarían los Premios Nobel, y se presentarían después las grandes figuras del bel canto. Durante toda su carrera se presentó en un sinnúmero de escenarios de diferentes países, además de los ya mencionados: EE.UU., Francia, Grecia, México, Ecuador, Perú, Panamá, Argentina, Angola, Mozambique, entre otros.

Su discografía fue vasta y con grandes éxitos de venta. Obtuvo cuatro Discos de Oro en Colombia, uno en África en el año 1991. En 1995 la compañía Kubaney, Bongó Latino, lanzó su disco Celina y Reutilio, con éxitos de los años 50; en 1997 Intenational Music lanzó Celina y Reutilio. Con sus más grandes éxitos;  su disco De mi rica cosecha, grabado en Medellín, Colombia en el año 1994 se presentó en Londres, a través de la revista colombiana Cromos, y consiguió vender  110 mil copias en solo dos días. En 1997 grabó para Tumi Music, su Cd De la Habana te traigo, presentado también en Londres en el año 1998; Discos Fuentes en 1999 lanzó Añoranza de Cuba: Sol y Son; su  CD 50 años como una reina, grabado en año 2000, por EMI-ODEON S.A, en España y licenciado en Cuba por BIS MUSIC fue Premio Especial de CUBADISCO 2001, y obtuvo la nominación del Grammy en EE.UU., ese mismo año. Realizó grabaciones y compartió escenarios con grandes de la música cubana, como Adalberto Álvarez y Frank Fernández, con quien grabó un disco para la EGREM que lleva su nombre. A esta discográfica también pertenece su disco Que viva Changó.

Nunca nos sorprendió los éxitos de esta mujer de complexión menuda y pequeña estatura, pero tan grande de sentimiento y amor por lo cubano. Cuando cantó en cualquier escenario, su fuerza expresiva fue capaz  de asombrar, conmover y verla como gigante. Y es que su canto fue su razón de ser. Celina declaró en entrevista a Tomás Barceló en 1996: “…He actuado con fiebre, con gripe, muy enferma. Y es que cuando empiezo a cantar siento un fuego, una fuerza; algo superior a mí. Es como si renaciera. Todo en mí se renueva”.

Celina ha influido sobre un sinfín de cantantes de la música campesina dentro y fuera de Cuba. Su impacto en la música cubana es pródigamente reconocido. Celina es  la música guajira.  No hay mejor imagen para cerrar estas notas que las décimas que nuestro poeta Jesús Orta Ruiz, el  “Indio Naborí”, dedicó a esta gran artista y mujer cubana: Celina, flor que Changó /hizo brotar en el llano/ tú diste al punto cubano/ embrujo de guaguancó. /Por tu ritmo de bongó / y tu gracia de bembé / mulato el guateque fue / como si en tu voz sonora / se hubiera la Mateodora / fundido al Cucalambé. Celina, nuestra Reina, no ha muerto, vive y vivirá siempre en el corazón de los cubanos.

 

 

Fuente:
Pérez Cassola, Sonia: En “Notas discográficas” del álbum doble Grandes Éxitos de Celina González. EGREM, la Habana, 2008.

 

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