No te puedes separar de Fidel

Un colega y amigo común, Gustavo Robreño, llegó a decir de nuestro entrevistado: «Si lo pones ante la disyuntiva de caerle atrás a una noticia y cumplir con una cita con la mujer más hermosa del mundo, no lo duda: se va detrás de la noticia».

Chanza aparte, lo dicho retrata lo muy a pecho que Luis Báez (La Habana, 1936-2015) se ha tomado el periodismo. Nada ni nadie se le escapa a este veterano reportero, un verdadero maestro de la entrevista, que ha escrito varios de los libros más leídos de este género en nuestro país. Ahí están, por citar algunos, Los que se fueron (1991), Los que se quedaron  (1993), Secreto de generales (1997), Miami, donde el tiempose detuvo (2001), Junto a las voces del designio (2003) y Más esperanza que fe (2006), estos dos últimos sobre los poetas Pablo Armando Fernández y Roberto Fernández Retamar, respectivamente.

En torno a la personalidad de Fidel Castro escribió el testimonio El mérito es estar vivo (2005) y compiló el libro de opiniones  Absuelto por la Historia (2006). En colaboración con Rosa Miriam Elizalde entregó dos voluminosos tomos acerca del presidente venezolano Hugo Chávez.

Ha entrevistado a figuras de renombre mundial como Omar Torrijos, Salvador Allende, Ho Chi Minh, y Juan Pablo II. En 2008 viajó junto a este redactor a Bolivia, donde hicimos una amplia indagación en torno al proceso de cambios encabezados  por el presidente Evo Morales, reflejada en el libro Evo, espuma de plata. De modo que la conversación que sigue  fue un pacto inter pares.

¿Dónde estabas el primero de enero de 1959? ¿Recuerdas las vivencias de aquel día?

Acababa de terminar la carrera de Periodismo. Me encontraba trabajando en el diario Avance como cronista deportivo. Este periódico circulaba en horas de la tarde y su redacción e imprenta se encontraban en las calles Consulado y Virtudes. En el local también se editaba el diario El Nacional, que era matutino. Llegó el año 1959. Cuba estaba en Revolución. Eran tiempos convulsos y La Habana estaba revuelta, con barbudos por todas partes. Fidel era el centro de atención de la prensa nacional y extrajera, por lo que todos los periódicos de la capital decidieron asignar a un periodista de su redacción para que acompañara al líder de la Revolución a todas partes: por Cuba y el extranjero.

Avance, también tenía que nombrar a un reportero para que informara de cuantos pasos diera Fidel. Me llamó el director del periódico, Jorge Zayas — murió en Miami, estaba contra la política de los EE.UU. hacia Cuba y antes de su fallecimiento visitó la patria que lo vio nacer—, a su despacho y me dijo: «Mira Luis, aunque tú no tienes mucha experiencia, me la voy  jugar contigo. Eres novato todavía pero sé de tu talento y ganas de triunfar. Te voy a escoger como el corresponsal del periódico al lado de Fidel. De ahora en adelante no te puedes separar ni una pulgada de él. A donde quiera que vaya, ahí tienes que estar. Si va al campo, allí tienes que ir. Si viaja al extranjero, tienes que acompañarlo también. En fin, Luis, no te puedes separar de Fidel. Él es la noticia. Sigue mi consejo. Tú eres joven y estoy seguro de que vas a triunfar». Cumplí con la orden del director. Si en aquella ocasión seguí un consejo por profesión, durante 50 años —toda mi vida— he mantenido una actitud por convicción: todavía sigo al lado de Fidel.

¿Cuándo te encontraste por primera vez con Fidel?

En los primeros días de enero de 1959, en la ciudad de Santa Clara, donde acudí a reportar la llegada de la Caravana de la Libertad. Ahí conversé con él por primera vez. Nunca se me ha olvidado que pidió un batido de chocolate y comentó: «Qué rico está. Hacia mucho tiempo que no me tomaba uno». Posteriormente  fui designado por la dirección del periódico para cubrir los viajes de Fidel a Venezuela, y luego a los EE.UU., Uruguay, Argentina y Brasil. Unos meses después, pasé a trabajar en el periódicoRevolución. Allí también estuve a cargo de las informaciones relacionadas con Fidel en el país y en exterior.

¿Qué te impresionó entonces del líder de la Revolución? ¿Qué has ido descubriendo en él con el tiempo?

Su grandiosa sencillez, su genialidad política y su altísima calidad humana; son virtudes que lo convierten en una personalidad sin precedentes. La Historia ya se ha encargado de consignarlo.

También has acompañado a Fidel en diferentes viajes al exterior.

En mi calidad de periodista, he tenido el privilegio  de acompañar al líder de la Revolución en alrededor de 40 viajes al exterior. Como te dije hace un momento, desde el primero, en  enero de 1959, a Venezuela; también, en diversos viajes por América Latina, que incluye la histórica visita a Chile en 1971. Igualmente formé parte de la comitiva periodística en sus giras por Asia, Europa Occidental, Europa del Este, Naciones Unidas y otros países.

¿Cuál es tu anécdota favorita en tu larga relación con el Jefe de la Revolución?

Son numerosas las vivencias que pudiera narrar relacionadas con Fidel, pero hay una que no he olvidado: Cómo el Jefe de la Revolución previó el desembarco mercenario por Playa Girón y cómo dirigió las tropas en combate. Era la primavera de 1961, cuando el máximo líder cubano recorría la Ciénaga de Zapata, apartada región al sur de la provincia de Matanzas, olvidada desde siempre por los gobiernos cubanos y que, desde el triunfo de la Revolución dos años antes, cobraba nueva vida. Una madrugada, mientras aspiraba en Playa Girón, ese aire fresco que lleva al mar los olores de tierra adentro, al joven líder lo asaltó un presentimiento. Nos encontrábamos viendo las obras en construcción que se levantaban  en el centro turístico, en Playa Girón. Era cerca de la una de la madrugada, cuando Fidel, mirando al firmamento exclamó: « ¿Y si esos hijos de puta se lanzan por aquí? Vamos a tener que instalar dos ametralladoras calibre 50,  una en el tanque de agua y otra frente a la pista de aviación», le comentó a sus acompañantes antes de que la conversación se perdiera por otros rumbos. Tres semanas después, una noticia recorría el mundo: Tropas  mercenarias reclutadas por el gobierno de los EE.UU. atacaban la Isla, ni más ni menos que por aquel mismo lugar. No hubo tiempo para situar las armas.

Acabas de mencionar los acontecimientos de Playa Girón. Sé que fuiste el primer periodista en llegar a la zona del desembarco. Han pasado 48 años de esos hechos. ¿Qué no has olvidado?

Yo trabajaba en el periódico Revolución,  cuando el 17 de abril, como a las dos de la mañana me llamó mi jefe de información,  Elio Constantín, para enviarme a reportar la noticia del desembarco. Cogí mi Chevrolet del  58. A las seis y pico ya estaba en la Ciénaga.Al llegar, me encontré con el entonces capitán José Ramón Fernández, que ya estaba al frente de las tropas, y me explicó la situación. Era el primer periodista en llegar a la zona de operaciones. Me moví sin ningún tipo de restricción, superé  el temor, movido por la curiosidad y el sentido de la profesión, impresionado siempre. Recuerdo, en la Laguna del Tesoro, el momento  en que Fidel ordenó que salieran los tanques, y lo escuché insistir más de una vez en la necesidad de aniquilar a los invasores en menos de 72 horas, como efectivamente sucedió. Estaba en Playa Larga cuando atacaron los aviones norteamericanos y tuve tanto miedo que me metí en un frigidaire (refrigerador comercial) con mi colega Dora Alonso. Por suerte no lo habían puesto a funcionar, porque nos hubiéramos muerto. ¡Qué cosa más grande es el miedo! Yo nunca había visto a un hombre acabado de morir y vi a los dos pilotos norteamericanos que fueron derribados. Luego estarían largos años congelados en Cuba hasta que reclamaran sus cadáveres. Tampoco he olvidado, después que la invasión fue liquidada y los mercenarios caían prisioneros como racimos, como, en medio del calor que había producido el combate, algunos milicianos comenzaron a insultar a los detenidos, entonces el Jefe de la Revolución se paró encima de una caja y les gritó: “Cojones, no los insulten, que no se puede desmeritar la victoria”.

¿Conociste al Che? ¿Cómo lo recuerdas?

Sí, y era muy singular. Tú ibas a cubrir una noticia donde él estuviera, y primero tenías que participar en el trabajo voluntario, y después buscar los datos para escribir la información. Muchas veces trabajamos juntos Liborio Noval y yo. Él tomaba la fotografía y yo hacía la nota para Revolución. Él Che nos veía aparecer, y decía: «Ah, muy bien dos hombres más. Primero trabajen, que yo después hablo con ustedes». En general, había un entendimiento y un gran respeto hacia nuestra profesión, y yo sentía que él nos exigía lo mismo que a los demás trabajadores.  Era su manera de decirnos que no nos sintiéramos superiores, sólo porque éramos periodistas. Y muchas veces bromeó con nosotros. Una vez fuimos al buque tanque Habana. Allí estaba él. Se inauguraba el primer viaje de ese barco insignia, y nos confesó que después del tercer brindis él se ponía «a hablar basura». Al rato, levantó la copa para hacer el brindis y dijo: «Yo quiero brindar por la prensa cubana, por lo objetiva que es, por lo bien informado que tiene al pueblo». Nos miró, se rió y agregó con picardía: « ¿Ya se olvidaron de lo que dije antes?».

Supongo que has tenido diversos intercambios con Raúl Castro. La entrevista que le hiciste gustó mucho y fue muy comentada. ¿Cómo definirías su estatura política?

Eso ocurrió hace tres años, pero indiscutiblemente, pesó muchísimo el carácter y la dimensión de la personalidad del entrevistado, su historia, sus altas responsabilidades y la vigencia y necesidad de los conceptos, análisis y conductas que aborda. Me impactó mucho el nivel de conocimiento  que tanto Fidel como Raúl tienen de lo que pasa en el país. No te lo puedes imaginar. A veces uno piensa que no, que no saben de esto, o lo otro; pero sí lo saben. Lo que pasa es que ellos ven todo mucho más integralmente, con más luz. Esto le da a uno tremenda seguridad. Además, en la historia de la humanidad, Raúl desempeñó el papel de segundo sin ambicionar jamás al primero. Es un caso único.

Sé que has tenido la posibilidad de hablar con personajes que se pudieran catalogar como adversarios del proceso cubano. ¿En quienes has advertido, pese a las diferencias, la nostalgia y el respeto por los cambios que hemos emprendido?

En mi libro Los que se fueron se refleja muy bien la respuesta a tu pregunta. Por primera vez los entrevistados ponen al descubierto interioridades del exilio, la forma en que se ve la  Revolución Cubana desde el exterior; cómo la nostalgia por el suelo patrio está siempre presente. Te pondré algunos ejemplos. El periodista Luis Ortega, quien visitó a Cuba después de una ausencia de 40 años, comentó que «había visto gente nueva. Un nuevo país. La semilla del futuro. No veo odio en Cuba; ni siquiera contra los EE.UU.». A su vez, José Suárez Núñez, periodista que se fue junto con Fulgencio Batista, ha confesado que se siente orgulloso de ser cubano, de haber  nacido en una nación que hoy es respetada por todo el mundo. «Hoy el cubano es un hombre político, es una doctrina. Se le respeta donde quiera que va, aunque no se tengan sus mismos criterios». La nostalgia es algo que golpea profundamente a los que se fueron. GoarMestre, magnate de la radio y la televisión cubanas en los años 50, declaró en una  ocasión: «Me entra una gran flojera cuando pienso en nuestras playas, en nuestras ciudades; caminar por La Habana, ver nuestras palmas, mi casa en Country Club, mi casita en Varadero. Eso no tiene precio. Es muy difícil adaptarse a la pérdida de estas cosas». Él llegó a visitar Cuba en unión de su familia, en medio de la mayor discreción, para  que los ultras de Miami no se enteraran. René Cabel, conocido internacionalmente como El Tenor de las Antillas, al mencionar el tema de la nostalgia, afirmó: «En el exilio todo el mundo tiene nostalgia. Yo mismo lo extraño todo. ¿Cómo no lo voy a extrañar? Nunca he dejado ni dejaré de ser cubano». Mientras tanto, José Pardo Llada, famoso periodista  radial y político, al referirse a Fidel, afirmó: «Siento admiración por Fidel. No lo puedo negar. Los cubanos que tuvimos su amistad, en el fondo, sentimos aquella etapa como un grato recuerdo, pero con nostalgia. No lo podemos olvidar aunque queramos. Él nos ganó, de eso no hay dudas. Nos ganó, y por muchos pasos, la carrera: pero nunca he tenido ni odio ni resentimiento contra el máximo líder cubano».

Una Revolución no es un camino fácil. Habrás visto muchas deserciones. ¿Qué opinión tienes de aquellos que han abandonado el camino?

Hay un verso de José Martí que refleja muy bien la respuesta a tu pregunta: «Para los fieles, vengan tarde o temprano, guarda Cuba todo su amor. Para los incapaces de amarla y servirla, basta con el olvido».

Tú, como tantos otros, debes haber tenido momentos difíciles en medio de un proceso tan radical. ¿Cómo los has encarado?

Durante estos 50 años no he vivido dentro de una pompa de cristal. Lo único que he hecho es ejercer mi profesión de periodista: con aciertos y errores como todo ser humano. Lo importante en los momentos difíciles — y yo los he tenido— no es perder la confianza en la Revolución y, sobre todo, tener mucha fe en Fidel, y esa fe es la que nunca me ha faltado.

¿Te has propuesto escribir tus memorias?

Varios compañeros me han planteado ese interés. Es bueno dejar a las futuras generaciones los recuerdos y las experiencias. Además, no tengo ningún secreto en mi vida. Lo estoy pensando seriamente.

¿Se te ha escapado algún personaje de la política o de la cultura que no hayas podido entrevistar?

Siempre he soñado con hacer un libro-entrevista con Fidel. Además, me lo prometió. Tengo una dedicatoria de él donde escribió: «Luis, ten paciencia, una día serás reivindicado, y yo antes de morirme espero responderte 180 preguntas. Mientras tanto, mil felicidades por la investigación histórica, agosto 26 de 2004». La investigación histórica es relacionada con el libro Chávez nuestro. Todos  los libros de entrevistas a su persona, realizados hasta ahora, han sido de autores extranjeros.

¿Cómo te gustaría que fuera esta Revolución dentro  de otros 50 años?

Con el entusiasmo de los primeros años del triunfo y la experiencia obtenida en el transcurso del proceso.

Algunos te tildan de periodista oficialista.

Eso no me ha quitado nunca el sueño. Si ser oficialista es ser leal a los principios revolucionarios, soy oficialista. Si ser oficialista es ser leal a Fidel y a Raúl, que me pongan en la lista.

¿Cómo quieres que te recuerden?

Como un periodista durante las 24 horas del día. Un periodista que no dejó nunca de ser leal.

 

 

Esta entrevista integra el textoComo el primer día de Pedro de la Hoz,  Editorial Letras Cubanas, 2009.

                          

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