De pronto la Historia se reitera mujer

Daniel Céspedes • La Habana, Cuba
Recuerda todas las fechas.
Recuerda todas las cosas.
Limita con blancas nubes
el jardín de tu memoria.
Muérete debajo de ella,
bajo su sombra.
                       Manuel Altolaguirre

El libro de Memorias viene a evidenciar lo que cada lector busca en la palabra escrita: el reconocimiento propio desde otras vivencias humanas.  Pero, mientras que en otros géneros literarios la experiencia o el saber se dan como secretos y hasta simbólicamente, las Memorias suelen presentar un recorrido de primera mano que raya en la confesión. Parece autobiografía por sus intenciones, si bien no solicita la descripción más puntual, ni pretende las conquistas estéticas o estilísticas de aquella. Aunque hay sus excepciones, como en todo.  ¿Y ante el diario? Bueno, el diario le gana a las Memorias no solo en pormenores, sino en el dato fresco de todos los días, mas no en su orden resuelto y espontáneo. No obstante, vale una acotación: lo espontáneo es fugaz. Pues el ir hacia atrás entraña la selección de cuanto más ha repercutido —para bien o para mal— en la persona. La memoria nunca es ingenua porque  además de ser selectiva, improvisa;  y ello supone que se parte de cuanto ya se tiene acumulado y merece revelarse. No obstante, uno revela lo que le place.

Imagen: La Jiribilla

¿Y por qué se recorre la memoria?  Porque somos seres de arsenal y de aprendizaje de oído;  porque —como expone Ortega y Gasset, tan apático a las Memorias,  incluso las de sí mismo—,  «el hombre no tiene naturaleza sino Historia», que es como decir también, que es un ser en la Historia y para ella. Y en el recuerdo que se manifiesta tanto oral como escrito, sobre todo escrito, está la clave de nuestra comprensión en el presente. Vamos hacia el futuro, esa es nuestra mayor pretensión; pero somos hoy por un pasado. Eso sí, un pasado que debiera visitarse con cautela, no con nostalgia por lo perdido: «La nostalgia vive de las galas de un pasado confrontado a un presente carente de atractivos», nos recuerda el mexicano Sergio Pitol. Y el presente —no se engañe nadie—, consigue agradar según las razones y sentimientos que le vamos dando en nuestro

Sin embargo, la alegría de vivir no se limita a levantarse en la mañana y agradecer el nuevo día; la alegría de vivir obedece, además, a cuanto uno pudo hacer en su momento para recordar bien en el presente, tan compartido y único para cada persona. Así se asiste a los postreros instantes con dignidad. ¿Arrepentirse en la vejez? No. Se arrepiente quien, desconcentrado en vivir como puede, se la ha pasado aspirando a una vida que no le va a llegar. Ese raramente quiere recordar porque en el fondo le duele tener poco que referir. ¿Vivir como se quiere? Eso es un privilegio de pocos. ¿Contar lo vivido? Es un derecho de todos.  Mas la mayoría quiere asistir a un relato repleto de curvas de interés o peripecias inesperadas, cuando no a lo particular y atrevido. ¿Y si se trata de una mujer como María Elena Molinet? No se dude, la audiencia está garantizada en favor de su discurso y enseñanzas. Tal parece que ella ha venido a pedir como un filósofo de la antigüedad: «No me escuchen a mí, sino a la palabra» Atendamos entonces a la voz de su escritura.

Imagen: La Jiribilla

La periodista Estrella Díaz García supo —desde la entrevista seductora— provocó a una prolífica diseñadora para que contara su rica jornada vivida. De lo personal a lo profesional y del consorcio de ambos va —en una rápida hojeada— María Elena Molinet. Diseño de una vida. Ahora, después de advertir el minimalista y sugerente diseño de cubierta de Katia Hernández (difícil esquivarlo), la lectura avanza en el libro de Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y sorprende desde un inicio por varias razones. En primer lugar por cuanto, sin procurar la Molinet la ubicuidad histórica, goza de haber estado de múltiples maneras en acontecimientos notables del devenir de la nación cubana. De linaje catalán y ya criollo en el Camagüey del siglo XIX, luego la distinción mambí y más tarde la mudanza para La Habana coloca a esta mujer en futuros escenarios sorprendentes de la República, donde tienen ecos la historia regional y se construye al mismo tiempo un enorme flanco de la macro. A continuación continúa y va recordando su paso por San Alejandro y sus posteriores colaboraciones como diseñadora en el teatro y el cine, así como su magisterio directo e indirecto, pero siempre extendido y generoso para tantas y tantas generaciones.  De los aciertos de Diseño de una vida, vuelvo a decirlo, resalta que Estrella Díaz no fracciona el libro para distanciar lo íntimo existencial de María Elena Molinet de su llamativa profesión. No hay uno sin lo otro.

De cómo ha evolucionado la imagen de lo cubano desde la colonia hasta el presente, sin desprenderse de la colectividad, va a ser testigo el lector de Diseño de una vida. Asimismo, asistirá a un relato en el que María Elena Molinet convoca una suerte de lenguaje desenfadado y certero, elegante y coloquial.  En este sentido, el libro está muy poblado de imágenes simpáticas que matizan hasta las anécdotas más formales como la que da inicio al acápite “Sobre colegios y periplos”, de donde vale recordar: «Las fiestas de quince se hacían para presentar a niñas “en sociedad”, pero el verdadero sentido era poner a la hija en venta para conseguir marido con más dinero posible. Era una verdadera exhibición. Mis quince años los celebré en  la “Loma del Mondongo”, en Lawton, porque me negué rotundamente a hacer una fiesta, ¡de eso nada! Y me fui con un grupo de amigas a un picnic» Ah, el fenómeno de los quince, que ha variado en el fin, pero no en la muestra ostentosa de puertas hacia fuera que pretenden casi todas las quinceañeras de los hogares cubanos. María Elena Molinet sabía que las fiestas de quince modernas continúan siendo una despampanante exhibición de caras muy chulas y a veces de “chulas muy caras”.

Del lenguaje de la Molinet se agradece, además, el no temer a la palabra campechana, esa que a ella le viene en gana y tiene a bien colocar en su discurso, así construya un cuadro osado de una provincia nacional: «Lo que más me impactó fue la prostitución: Guantánamo era una gran prostituta con las piernas abiertas para los hombres de la Base, ¡y eso fue real! Yo tenía idea de lo que era un prostíbulo en La Habana y también fuera de Cuba, pero no a ese nivel, a ese grado máximo».  A propósito de su decir, valen sus constantes anticipos de personajes aludidos, a quienes «más adelante» abordará en profundidad en la narración. Toda una estrategia de quien no aburre cuando conversa. ¡Qué manera indirecta pero consciente de enganchar al lector! Estrella Díaz lo tiene bien claro y lo aprovecha.

Al leer Diseño de una vida una pregunta se impone: ¿Dónde radica el verdadero interés que despierta la vida ajena? El qué se cuenta importa pero el cómo pareciera ser la clave del seguimiento.  Aunque, lo ideal es la unión de ambos caminos en una sola persona. Eso sí, que solidarice sus experiencias en aras de complementarlas al plan vital del lector. Por fortuna, es cuanto ha hecho una creadora especial como la Molinet, quien corrobora que nunca es tarde cuando la evocación es buena.  ¿Lo habrá dicho todo?  Bueno, ahí está su envidiable currículo profesional. Echémosle más de una hojeada. ¿Qué decir de sus fotografías, esas sucedáneas de la memoria? No olvidar tampoco que publicó dos libros sobre particulares maneras de vestir. Dejó otros dos en preparación y uno terminado y ya entregado: Cuentos de la manigua, acaso para rememorar su mambisismo y agradecer la decisiva influencia paterna y el resguardo eterno de su patria bien llevada. Por encima de su profesión y posibles vocaciones, estaba el hecho de sentirse y reafirmarse cubana. Y conste que María Elena nunca tuvo una tentativa de patriotería ni en hechos ni en palabras. Léase al respecto su defensa de la guayabera en un atento y ameno escrito, recogido como complemento hacia el final de estas evocaciones.

Imagen: La Jiribilla

María Elena Molinet tuvo qué contar porque fue tantas en una. Vivió como muchos han soñado y sueñan en cantidad, aunque primero en calidad: ¡91 años gozados y en plena lozanía intelectual! (Ojo con el retrato de Alexis Rodríguez que cierra el testimonio gráfico del libro). Amó a su familia y a sus amigos tanto como la creación de imágenes para la escena teatral y cinematográfica. Disfrutó y aprendió de sus viajes y estancias confirmando que todo se relaciona y puede aprovecharse en la vida y el laboreo constante. Luego (o desde siempre), el gesto de compartir sus experiencias inseparables habla de su grandeza personal.  No en balde su Premio Nacional de Enseñanza Artística, seguido por el de Teatro y el bien merecido y esperado de Diseño, donde su aporte no tiene nombre.

No sé por qué esta obra de Estrella Díaz me recuerda en la atmósfera, mas no en la intención, aunque la consigue, el maravilloso libro de Antonio Núñez Jiménez: El pueblo cuenta su historia, el cual releí durante mi adolescencia. Tal vez sea por cuanto representa y aglomera la inusual entrevistada.  Estrella, ese es otro punto a tu favor.

No he querido citar el libro por cada apartado porque eso no garantiza su lectura y porque sé que me voy a quedar muy por lo bajo ante sus múltiples testimonios.  Ojalá contribuya esta reseña a reconocer que ¡hay Molinet por mucho tiempo! No importa si durante la gestación de Diseño de una vida nuestra protagonista y heroína de la Historia,  guardó más de la cuenta. Ya sus textos por publicar nos confirmarán, no solo lo imprescindible de esta figura del diseño para la cultura cubana en su inabarcable dimensión, sino su alegría y belleza eternas. De momento, he aquí una oportunidad para buscarla: revela cuanto precisamos saber.  Las gracias de nuevo a Estrella Díaz por su feliz convocatoria a tan imprescindible mujer y al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau por secundarla en el hermoso y justo libro de Memorias María Elena Molinet. Diseño de una vida.

 

 

                                                                               

                                                                                                           

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