Olga Portuondo Zúñiga

Pensar y enseñar en cubano

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

Santiago de Cuba es desde hace décadas el epicentro de los desvelos investigativos de la Dra. Olga Portuondo Zúñiga. No es de extrañar entonces que una de las personalidades a quien está dedicada la presente edición de la Feria Internacional del Libro sea reconocida como la historiadora de esa ciudad. Allí habita y predica la vocación por la historia, aunque sea oriunda de la tierra de El Mayor.

Imagen: La Jiribilla

Una de sus alumnas, la también historiadora María de los Ángeles Meriño, relató anécdotas de las enseñanzas y peculiar estilo de impartir clases de la profesora Olguita. Sus métodos pedagógicos poco convencionales suscitaron la desconfianza en su otrora discípula, por lo que al conocerla quedó un tanto perpleja, cuenta Meriño. Sin embargo, pronto los titubeos fueron zanjados. Olga Portuondo no vaciló en demostrar que su manera desenfadada de predicar el magisterio “era la mejor forma de no perder tiempo en hechos que debíamos saber al dedillo, para introducirnos en la verdadera historia de Cuba.

Autora de Manuel María Pérez, polígrafo cubano; Francia y Haití en la cultura cubana y Caribe, raza e identidad le confieren suficientes méritos para convertirla en especialista de un área devaluada de la ciencia social. Gracias al empeño que puso en el estudio de la llamada historia regional o local no se detuvo ante la malicia y la suspicacia con que eran mirados sus cultivadores, más que nada por concentrarse en esa zona sin mirar el mundo.

“Por ello no tuvo miramientos para criticar en quienes la practicaban el hecho de pasar por alto las interrelaciones y jerarquías espaciales, puesto que al aislar la localidad del resto del conjunto territorial la desvinculaban de la historia nacional”.

En el devenir de un pueblo ciertos hechos y personas permanecen ocultos, soslayados o ausentes tras un velo de absoluta injusticia, mientras otros se sobredimensionan a tal punto que terminan por opacar a los menos conocidos, convirtiéndolos muchas veces en asuntos ignotos. A vislumbrar este tipo de sucesos y pasajes de la historiografía cubana contribuye la obra de la hija adoptiva de la Ciudad Héroe.  

Olga Portuondo se permite cuestionar los más caros presupuestos de la memoria documental de la Isla con el mismo garbo con el que aleccionaba a sus discípulos frente al aula. Sin ir más lejos, nos puso a pensar sobre si la toma de La Habana por los ingleses era el acontecimiento de suma importancia que tuvo lugar en Cuba en el siglo XVIII, cuando en realidad su alcance fue muy reducido, circunscrito meramente a la villa de San Cristóbal.

Una derrota británica en Cuba, su tesis de doctorado del año 1988; La Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo de cubanía; Un liberal cubano en la corte de Isabel II o José Antonio Saco, eternamente polémico son títulos que dan fe de su espíritu inquieto, de ese indagar incisivo en los entresijos de personajes y sucesos de épocas pasadas; y de su perenne afán por develar los resortes invisibles de la fibra más sentida de la memoria colectiva.

Si hay algo que distingue lo excepcional de su obra, al decir de sus alumnos, es que no le tiemblan las manos para sostener criterio propio. De ahí que no duda en exponer a José Antonio Saco, exaltado en “el panteón de los padres fundadores de la nación”, cuando de hecho se paseaba en el bando de los que siempre huían de las revueltas y anarquías, fueran estas de índole burguesas u obreras. Dicho pues, nos muestra a un Saco controversial sí, pero más humano del que presentan los manuales de historia al uso.

Son estos unos pocos ejemplos del alcance social, literario y cultural de la obra irreverente y necesaria —más que nunca— de Portuondo Zúñiga; empero, se precisarían de muchas más cuartillas para rendirle el merecido homenaje que sus pupilos y fieles lectores le deben.

En sus páginas seguiremos reconociéndonos como cubanos, y para quienes todavía permanecen dubitativos, en los estantes de La Cabaña y librerías de la capital aguarda un título suyo editado para esta ocasión en la FIL, Pensar y existir en cubano, solo por si alguien aún descree de nuestra estirpe criolla.

 

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