Encuentro con el escritor español Andrés Sorel

“Nuestra patria es el lenguaje”

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

“Se habla constantemente de la corrupción política porque influye en la vida de los ciudadanos, pero nunca se menciona la corrupción cultural, que para mí es la más terrible y la que más afecta a la sociedad en la actualidad”, con declaraciones similares el narrador y ensayista español Andrés Sorel, expuso al público reunido en la sala Nicolás Guillén sus concepciones sobre la literatura, la vida y el ser humano.

Imagen: La Jiribilla
Magda Resik invitó al espacio Encuentro con... al escritor español Andrés Sorel
 

Aunque muchos filósofos “hablan del pensamiento único como unos de los mayores peligros de estos tiempos”, lo que verdaderamente le aterra es el “no pensamiento, que lleguemos a ser una población absolutamente sumisa, incapaz de tener imaginación, de pensar por sí misma, que repite mecánicamente no solo aquello que oye, sino lo único que es capaz de decir”. Sobre el tema concluyó: “La diferencia y la libertad estriban precisamente en que uno sea capaz de pensar, de interpretar por sí mismo y no limitarse a recitar de acuerdo a catecismos preestablecidos”.  Por esa razón, para el autor de títulos como Narraciones de amor y muerte en diez ciudades del mundo (1973) y Como la enfermedad, como la muerte (1974), “la principal labor de los intelectuales es alentar con sus dudas a que el pensamiento no se extinga, porque entonces se extingue la libertad”.

Como defensor de la identidad de cada pueblo y, por tanto, de la diversidad cultural, expresó: “Cuando se habla de patrias, normalmente las personas piensan en banderas, himnos, lugares de nacimiento. Algunos pensamos que nuestra patria es el lenguaje y además es la apuesta que hacemos por una comunicación, por la búsqueda de la utopía y de una sociedad que no esté sujeta a dominios imperiales, que escudriñe su propio destino en la diferencia. Soy contrario a los nacionalismos cerrados y excluyentes, creo que debemos buscar la interrelación de las culturas, el conocimiento de unos y otros”.

Al inicio del diálogo con la periodista Magda Resik en el espacio Encuentro con…, Sorel se declaró un “lector absolutamente compulsivo desde niño”. De sus lecturas, sin duda, surgieron sus ansias de escribir porque “un escritor se hace leyendo, más allá de la sensibilidad y el talento que tenga”. Confesó que ha leído fundamentalmente poesía pero como no puede cultivarla se ha dedicado a narrar a los poetas. De esa intención han surgido libros como Miguel Hernández, escritor y poeta de la Revolución (1976); Yo, García Lorca (2002) y Apócrifo de Luis Cernuda (2004).

Si bien ha publicado más de 50 volúmenes que pudieran calificarse como narrativa o ensayo en otros casos, este prosista tiene la convicción de que a partir de la segunda década del siglo XX, la literatura no se adscribe a un solo género literario: “es narrativa porque toca temas que pueden entroncar con determinados personajes, reales o ficticios; es ensayo, porque el autor siempre está de alguna manera interviniendo y dando a conocer su particular visión del tiempo, del mundo y de la sociedad a través de sí mismo o de los personajes que crea; y es poesía porque se debe tener un lenguaje que huya del vulgar realismo, que sea creador. A través de ese camino se puede llegar a un mundo más rico en pensamiento, en búsqueda de belleza”, sentenció.

Imagen: La Jiribilla
Andrés Sorel, importante escritor español, tuvo un momento especial en la 24 Feria Internacional
del Libro de La Habana, al presentar su más reciente novela
  

“Cuba es una amorosa obsesión para usted”, le comentó Magda Resik. De su relación con nuestro país, agregó la periodista, han nacido textos como Mañana, Cuba y Cuba, la revolución crucificada. ¿A qué se debe que insista en mirar a esta Isla?, le preguntó. Ante la interrogante, Sorel se remitió a la “época terrible del franquismo” desde la cual pertenece junto a sus grandes amigos José Saramago y Antonio Gamoneda a la “cultura de la pobreza”. El hecho de haber nacido pobres, los condujo siempre a buscar seres derrotados pero que a la vez alienten, luchen por salir de esa situación y por establecer una sociedad más justa. Precisamente, en el año 1959 “la onda expansiva que supuso que una pequeña nación se enfrentara al imperialismo más gigantesco que ha dado quizás la historia”, los llenó de júbilo, alegría y esperanza. “La utopía es siempre nuestro último reducto”, resaltó.

A partir de sus reiteradas visitas a Cuba ha podido comprobar que “una revolución no se hace fácil, no es un experimento que uno puede observar como si estuviera ocurriendo dentro de un vaso de agua, sino que está expuesta a todo tipo de peligros, coacciones, deformaciones ideológicas, culturales, que dificultan el desarrollo de ese proceso”. Aunque no deja de reconocer los errores cometidos y ciertos dogmatismos impuestos, aseguró que siempre defenderá que los cubanos “sigan su propio camino, asalten el cielo con la búsqueda de igualdad y desarrollo”.

El también Secretario General de la Asociación Colegial de Escritores de España, compartió con el público detalles de su próxima novela, a publicarse en abril, que continuará las circunstancias que llevaron a Auschwitz. Sus protagonistas serán Paul Celan e Ingeborg Bachmann, “bardos víctimas, suicidas de esos tiempos”. Refiriéndose a la obra aseguró que, como predijera la poetisa Bachmann, muy pronto se instaurará el cuarto Reich que dominará Europa. “Esta vez no será con tanques ni con aviones, será con sus bancos, los que están conduciendo a muchos de los pueblos como España y Portugal a un retroceso gigantesco, destruyendo lo que con grandes esfuerzos y luchas habían alcanzado: sus elevados niveles de equilibrio social”.

Asimismo, se refirió a la situación actual de América Latina “donde existe un poder mayor, el control económico de los EE.UU., que considera al resto de los países del continente su traspatio (…) Vivimos tiempos compulsivamente terribles donde los intereses económicos mueven la guerra”. Ante tanto descalabro, le interrogó Resik, ¿cómo ha hecho Sorel para no perder la ternura y la capacidad de amar al ser humano? El escritor expresó que en esta época de “feísmo cultural, quien ama la belleza del silencio sabe que el ruido y la velocidad destruyen. Quienes intentan huir de esta cultura del espanto, debe refugiarse en la beldad, en el silencio y la palabra no prostituida y remitirse al compromiso con el ser humano”.

Imagen: La Jiribilla
El escritor cubano Antón Arrufat presentó la novela Las guerras de Artemisa de Andrés Sorel
en el espacio Encuentro con... conducido por Magda Resik

Sobre la más reciente creación de Andrés Sorel relacionada con Cuba, también se dialogó en la en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. El reconocido escritor cubano Antón Arrufat tuvo a su cargo las palabras de presentación de Las guerras de Artemisa, proyecto que se convirtió en una obsesión durante cuatro años (2006-2010) para su colega español. El texto toma como protagonista a Manuel Ciges Aparicio, sargento del ejército español, para narrar los hechos relacionados con los tristes sucesos de la Reconcentración de Valeriano Weyler en 1896.

Arrufat relató que conocer la historia de Ciges llevó a Sorel a leer documentos; a visitar Artemisa, teatro de las operaciones que dictara Weyler; a revivir en sí mismo las sensaciones del paisaje de los antiguos cafetales: “Estuvo en las ruinas de Angerona, en el barracón de los negros esclavos, esperó la aparición del día sobre aquellas tierras. Hizo todo cuanto propiciara una singular restauración, anotaba, le indicaba a su mujer Ana que fotografiara cuanto pudiera servirle para escribir esta novela que fue redactada entre La Habana y Madrid”.

En Las guerras de Artemisa se interrelacionan diversas voces a partir de una estructura muy libre: “Intervienen de repente la voz de Valeriano Weyler, la de Ciges Aparicio, la de Juan Vives, la del Capitán Martínez”, destacó el autor de Los siete contra Tebas. Asimismo, agregó, “a la historia se suman otras voces de blancos y negros, independentistas  e integristas, españoles y cubanos,  que entran de pronto en la trama y cuentan una parte de sus vidas, hablan de sí mismos, de sus amores y odios profundos. Mientras, la voz omnisciente del narrador cuenta lo que falta, los datos históricos objetivos que  van organizando la novela”.

La obra, que la Editorial Arte y Literatura ha puesto a disposición del público en esta 24. Feria Internacional del Libro, se inicia cuando Valeriano Weyler tiene 90 años. “Sentado en su lecho el viejo homicida comienza a vestirse, ha dormido mal, víctima de sus recuerdos de la guerra de Cuba; su voz atormentada por los recuerdos va entrando en el horrendo pasado”, relató el ensayista y Premio Nacional de Literatura.

Arrufat adelantó que le esperan al lector momentos de gran erotismo, sexo y violaciones atroces, hermosas descripciones del paisaje pinareño. “El argumento está recorrido por el afán de autenticidad personal, los deseos de sus protagonistas por despojarse de máscaras que les han sido impuestas”. Finalmente, le agradeció a Andrés Sorel su pasión de artista por acercarnos al horror que durante varios meses sufrieron los soldados y campesinos implicados: “Me complace infinitamente que durante cuatro años de investigación y de sabia reconstrucción, se ocupara de un período feroz y casi ignorado de nuestra historia”.

Tras esta presentación, un Sorel conmovido concluyó: “A veces después de escribir una novela, uno descubre algo más importante que su propia escritura: el lenguaje no ha muerto todavía, la corrupción del lenguaje se salva cuando alguien es capaz de escribir un texto tan bello como el de Antón Arrufat, en el que la música de las palabras trasciende incluso lo que uno ha escrito. Su valoración sobre mi obra ha tenido una gran significación para mí, incluso más que si me anunciaran en este momento que he recibido el Premio Nobel de Literatura”.   

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