Artes Plásticas

Habana moderna: arquitectura e interiores, espíritu de una época

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Habana moderna: arquitectura e interiores es el título de la exposición fotográfica de Néstor Martí que puede verse hasta finales de marzo en la Fototeca de Cuba y que incluye 60 imágenes de mediano y gran formato.

La muestra, que sorprende por la belleza y excelencia de la arquitectura cubana del pasado siglo, nace de un libro —de igual nombre— publicado en octubre de 2014 en Nueva York por la editorial Rizzoli, según comentó en entrevista con La Jiribilla este  artista del lente que mantiene, desde hace varios años, un vínculo cercano con la Oficina del Historiador de la Ciudad.

“El libro analiza, precisamente, la arquitectura cubana del siglo XX y sus interiores. A partir de ese texto, que tiene obviamente una dinámica diferente a la de una exposición, el criterio fue revisitar un grupo de edificios que están con nosotros todos los días y que nos acompañan, pero que muchas veces no nos percatamos de sus valores”.

Es que por cotidianas no reparamos en las singulares construcciones que posee La Habana

Así es; vamos al teatro, visitamos una casa, nos alojamos en un hotel y sin embargo no  admiramos su belleza arquitectónica. El movimiento moderno tuvo gran importancia en Cuba, sobre todo, en los años 50. Incluso hay un grupo relevante de arquitectos que defiende este patrimonio que — ¡por suerte!— se ha conservado.

He querido retratar volúmenes, formas, líneas que guardan una relación subjetiva con el objeto que estamos fotografiando. También me propuse remarcar las directrices del movimiento moderno que hace énfasis en los volúmenes y en las líneas muy limpias. La arquitectura de ese momento se relaciona con la máxima de     Max Bill (1908-1994), pintor, escultor, arquitecto y diseñador gráfico suizo y uno de los exponentes más versátiles de los principios vanguardistas de la Bauhaus en Alemania tras finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918. Esa máxima de Max Bill versa: ‘menos, es más’.

En todas las fotografías están presentes nuestros colores —que son totalmente tropicales— y la vegetación cubana —que es exuberante—; de manera que la combinación de la arquitectura moderna con esos elementos ofrece un resultado visual de altos contenidos estéticos.

No es una exposición de paisajes urbanos, sin embargo incluye la ciudad; no es una exposición de detalles, sin embargo hay detalles…

Primeramente la arquitectura no es una sola cosa sino un fenómeno, una construcción que tiene una función, pero ocupa un espacio en la urbanidad y también un sitio para las personas en su interior. Igualmente tiene espacios para las artes decorativas —que la adornan y enriquecen— o sencillamente la hacen más funcional porque se demandan muebles, gaveteros; es decir, no es un acto intelectual sino social. En función de esa realidad he tratado de recrear el espíritu de esa época. 

¿Cuántas imágenes tiene el libro y cuál fue el pie forzado que le puso el autor para escoger esos edificios y no otros?

El tema es La Habana del siglo XX, pero existen antecedentes importantes —como el Art Nouveau (o modernismo) y el Art Déco— que marcan un camino en la historia de la arquitectura; por otra parte, hay siempre patrones.

En el caso de un libro con características historicistas hay edificios que son puntuales y que obligatoriamente hay que retratar. La novedad que se pretende con este volumen —que consta de unas 250 páginas—  es que la fotografía marque la diferencia y por eso se hace esta exposición.

Es un texto en el que la imagen fotográfica tiene más peso de lo usual: el autor quería drama —y cito sus propias palabras—. En lo personal, esa interpretación se tradujo en libertad creativa y una fotografía un poco más despegada de la arquitectura porque muchos de estos edificios se conocen: no necesito mostrarle a nadie o a casi nadie el Hotel Habana Libre, el asunto está en mirarlo fotográficamente de forma distinta. Ese era el interés que marcó esta nueva mirada a la arquitectura; hay muchos edificios en La Habana que si los observas de una manera diferente encontrarás sorpresas como, por ejemplo, fabulosas cajas de escalera. Lo que sucede es que la gente no mira hacia arriba y cuando te detienes y realizas esa acción encuentras líneas fantásticas, muy limpias y exactas.

Se ha dedicado con recurrencia a retratar la parte antigua de la ciudad y ahora se enfrenta a La Habana moderna. Luego de este trabajo, ¿con cuáles ojos mira a la capital cubana?

La Habana es una ciudad que me gusta descubrir y redescubrir; todas las ciudades tienen su encanto, pero esta es mi cuidad, la que habito y siento que me ha abierto sus puertas más íntimas y todos los días me sigue sorprendiendo: entrar a una casa y observar sus interiores es una sensación maravillosa.

En el libro aparece una casa que por afuera asemeja un castillito bastante sucio por cierto, sin embargo cuando penetras es casi un verdadero palacio en el que existen muebles muy antiguos: es una sensación increíble. La arquitectura doméstica cubana fue muy rica y en nuestro país existió un intenso movimiento de arquitectos con muy buen gusto que luchó por ganarse un lugar y afianzar una innovación y una estética. También esos arquitectos hicieron mucho por consolidar una ciudad elegante y eso se pone de manifiesto cuando miras con cuidado La Habana moderna.

Tiene una formación profesional desde la historia, es licenciado en Historia del Arte, ¿para qué le ha servido la historia detrás de la cámara?

La Historia del Arte te da organicidad y coherencia: no es lo mismo observar desde lo naif que mirar con toda una información previa, aunque eso no quiere decir que pierda frescura la visión. Indudablemente, el estudio te da una información y una cultura que se relaciona con otras artes: es importante el vínculo de las artes, desde una perspectiva no historicista, pero sí a través del tiempo.

Si esta exposición a color, con un rol bien definido, fuera en blanco y negro, ¿sería la misma?

Seguramente sería otra; hay una gran cantidad de imágenes que se verían espectaculares en blanco y negro, pero hay otras que requieren del color. Por lo tanto, es una exposición pensada a color que es también un personaje. Cuando se va a armar una muestra se tiene que tener claro qué se quiere decir porque el blanco y negro, por ejemplo, tiene un dramatismo mayor, pero el color aporta una riqueza puntual que tiene que ver con lo que se quiere comunicar.

¿Planes?

Muchos, pero sobre todo tratar de todos los días descubrir algo de mi ciudad. 

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