Entrevista con Olga Portuondo Zúñiga

“Me dispuse a intentar llenar esos grandes «hoyos negros» de la historia cubana”

Yunier Riquenes García • La Habana, Cuba

Buscadora en archivos, aquí y allá, Olga Portuondo Zúñiga hace libros sobre la ciudad y los hombres que han dejado en ella huellas indelebles, rescata palmo a palmo la historia de Santiago de Cuba. Es una profesora incansable, Doctora en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC y de la UNHIC. Portuondo Zúñiga investiga largos días y noches. Olguita, como muchos la llaman, tiene una reconocida trayectoria como docente e investigadora y ha publicado textos como José Antonio Saco: eternamente polémico, Una derrota británica en Cuba o Un Liberal cubano en la corte de Isabel II. Ha sido merecedora del Premio Nacional de Historia 2005, Premio Nacional de Investigación 2006, y en reiteradas ocasiones la han distinguido con el Premio de la Crítica Científico-técnica. En 2010 recibió el Premio Nacional de Ciencias Sociales y fue aceptada como miembro de número de la Academia de Historia.

Olga Sarina Portuondo Zúñiga nace en Camagüey y es la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba, ¿desde cuándo asumió la patria personal en esta urbe oriental?

Nací en Camagüey el 27 de mayo de 1944. Decía mi mamá que a las seis de la mañana. No fue casualidad, mi mamá era de allí y mi papá la conoció durante su trabajo en Minas. Mi abuelo era juez de paz en este pueblo, al que siento no haber regresado más desde que era niña. Vine a Santiago de Cuba cuando tenía año y medio de edad. De manera que, por mi ancestral familia paterna santiaguera y por el tiempo que llevo aquí, me considero de esta parte de acá. Pero no puedo olvidar que me eduqué entre mis tíos y tías abuelas camagüeyanos, que me enseñaron el voseo y la cocina propia. Al final todo es Cuba.

¿De dónde viene la vocación de historiar?

Cuando llegué a Santiago de Cuba residí en una casa de huéspedes de arquitectura colonial. Me fascinaba el patio de aquella vivienda y nunca podía conciliar el sueño porque escuchaba voces por todo el lugar. Tal vez me reclamaban que debía hacerles su historia.

Desde el bachillerato me atraían las carreras humanísticas. Me gustaba Filosofía y Letras. También leía muchos libros, pero generalmente clásicos de la literatura. Todas mis compañeras de los años matricularon carreras de ciencias, pero yo derivé hacia la Historia cuando la Reforma Universitaria de 1962 creó Letras e Historia en la Universidad de Oriente.

Su mayor peso en las investigaciones está dirigido a la región caribeña, el oriente cubano y Santiago de Cuba, ¿por qué?

Empezaré por el final de tu pregunta. Desde mis primeras investigaciones en Historia de Cuba descubrí lo pobres que eran los conocimientos en la historia de Santiago. Contenidos cruciales quedaban soslayados; y en general, ocurría así con toda la historia de la región oriental. No creo en temas insignificantes, todo depende de cómo uno los aborde. Y mira que es importante conocer las esencias económicas y políticas del oriente de Cuba para la cultura de todo el país. Así que me dispuse a intentar llenar un poco esos grandes “hoyos negros” de la historia cubana y, claro, el Caribe no podía estar ausente en mis investigaciones, por su intimidad estrecha con el extremo oriental de esta gran Antilla.

Ha trabajado varias personalidades de la Historia de Cuba, ¿cómo llega la necesidad de estudio de las figuras históricas?

Sin duda, las figuras que he estudiado son personalidades de la historia y la cultura cubanas, pero más estrechamente afines con el territorio oriental, individualidades singulares que han marcado momentos del devenir santiaguero, sin que ello implique la realización de actos heroicos. Me han interesado más bien por la complejidad de su personalidad, por sus contradicciones, cambios de posición o de pensamiento, o por su condición paradigmática. Para mí esto siempre es un ejercicio intelectual que ofrece riesgos y dificultades, por la aproximación a la verdad de una psicología que afronta las circunstancias de su época, en diálogo con el contexto de su comunidad social. Me gusta experimentar con diferentes métodos de trabajo y así descubrir aristas nuevas para el tratamiento de la Historia.

¿Qué modelo de historiador ha seguido en su recorrido de vida y qué métodos históricos asume o abandona?

Uno asume los modelos en atención a la cultura teórica que va adquiriendo y esto es cosa de mucho tiempo. El historiador, mientras más añejo, mejor, porque este requiere un vasto panorama historiográfico y científico para aproximarse al análisis más eficaz. Hubo una época en que me inclinaba por los estudios estadísticos, poco a poco derivé hacia el estudio político, y ahora intento vincular varias disciplinas de las Ciencias Sociales con el fin de mejorar mi interpretación integral de la cultura. No creo haber perdido el tiempo con el estudio del marxismo; este me acercó a teorías históricas imprescindibles para un juicio más cabal.

Durante cuarenta años ha trabajado en los procesos de formación de la identidad y de la nacionalidad cubanas: el criollo, en especial de la población rural y urbana libre de color. ¿Por qué?

Ciertamente me apasiona el estudio del criollo, tema bastante despreciado en el mundo historiográfico nuestro, centrado mayormente en la esclavitud y el régimen de plantación.

Del mismo modo, son pocos los que, como Pedro Deschamp Chapeaux y José Luciano Franco, se preocuparon por destacar el papel del libre de color en la comunidad criolla y cubana. Y esta es una pieza fundamental en el juego de ajedrez de la sociedad nuestra de todos los tiempos y, en particular, de la decimonónica: su equilibrio y desequilibrio habría de buscarse en el comportamiento de este estamento social, como es primordial analizar el proceso de toma de conciencia propia entre ellos.

Muchos consideran que el libro La Virgen de la Caridad del Cobre; símbolo de cubanía es el más importante dentro de su carrera. Sin embargo, ha afirmado en varias ocasiones que su libro más querido es Nicolás Joseph de Ribera, publicado por la Editorial Ciencias Sociales en 1986.

Nicolás Joseph de Ribera me descubrió muchas de los fundamentos de la sociedad de los siglos XVII y XVIII. Fue la llave que me abrió las puertas al entendimiento de estos períodos de la historia de la región oriental de nuestra Isla. Por tanto, es incluso antecedente de La Virgen de la Caridad del Cobre; símbolo de cubanía, donde el mejor conocimiento de la formación de la autoconciencia de un grupo tan humilde como el de los cobreros, libres o esclavos, me permitió seguir la pista de la formación de este culto popular que es el de la Virgen del Cobre.

José Antonio Saco, eternamente polémico es un libro que trabaja la figura de Saco en el siglo XXI con nuevas revelaciones, ¿será un buen método para los historiadores negar parte del pasado?

José Antonio Saco es una de esas personalidades controvertidas de nuestro pasado colonial. Una buena parte de los historiadores han destacado en él su antianexionismo, pero yo quise intentar desentrañar desde su progenie las raíces de su pensamiento y subrayar sus posiciones asimilistas y raciales. No son revelaciones, simplemente se trata de un estudio integral de su naturaleza. En este caso, como en cualquier otra valoración de personalidad y época, el historiador no es honesto consigo mismo si pretende ocultar verdades, pues el pasado es lección para el presente y negar una parte de él puede dañar la interpretación correcta de nuestra contemporaneidad.

¿Qué importancia le concede al estudio de la Virgen dentro de la historia, la sociología y la antropología?

El estudio de la formación del culto popular a la Virgen de la Caridad del Cobre me permitía aplicar conocimientos teóricos de la historiografía contemporánea y sus articulaciones con la Sociología y la Antropología, con la Historia de la Cultura. La aventura en el tratamiento de la Historia no radica solo en dedicarme a temas inexplorados, también reside en cómo aplicar nuevos métodos, sin esnobismos, claro está. El mito de la aparición de la imagen de la Virgen de la Caridad implicaba la búsqueda de los principios de su veneración y establecer diferentes momentos de elaboración en la leyenda. Este era el más hermoso testimonio cultural de ese proceso integrador humano entre el indio, el africano y el español en nuestro archipiélago, cuyo resultado es el criollo de la Isla de Cuba. Y como elaboración de conjunto, entre los humildes, mucho más bello que el tan debatido “Espejo de Paciencia” de Silvestre de Balboa.

La Virgen de la Caridad; símbolo de cubanía es un volumen editado, reeditado, próximamente reimpreso y siempre insuficiente.

Coménteles a los lectores que no han tenido acceso a él

Yo misma estoy asombrada de que este libro se haya editado en varias oportunidades. Me hace feliz que muchos cubanos puedan tener acceso a su lectura y reflexionen sobre nuestros orígenes y el significado de ser cubano. Ahí radica el interés que ha despertado. Siempre que doy una conferencia sobre el tema, la asistencia de público es numerosa. Ojalá que todas las otras intervenciones que hago tuvieran ese público. Claro que las personas asisten porque tanto católicos, evangélicos, como no creyentes se interesan por los fundamentos de la veneración a la cobrera, para conocer mejor por qué tiene esa difusión dentro de nuestro país.

El libro estudia la formación del culto a la Virgen del Cobre a lo largo de varios siglos y su extensión por todo el archipiélago cubano, hasta convertirse en Patrona de Cuba. También explica por qué es un elemento de inspiración en todas las manifestaciones artísticas de la cultura cubana y su desempeño político. En mi relato no puedo prescindir de la historia de los cobreros y sus luchas de reivindicación para su libertad como colectividad, porque la expansión y significado del culto están íntimamente relacionados con el devenir de ese pueblo.

La historia de Cuba

Busco todos los días saber más y más de la historia de Cuba porque es la mejor manera de conocer la psicología del pueblo al cual pertenezco y de conocerme más a mí misma.

Cuba

Cómo no amar el país donde se nace, donde está la raíz familiar, la comunidad que se quiere, con sus defectos y virtudes. Es amar lo que uno es, su definición. He demostrado con mi vida que soy capaz de prescindir de cualquier bienestar por conocer mejor a Cuba, por conservar su integridad y la de todos los cubanos. No me he perdido nada.

La juventud

Desdichadamente, no regresa. Mi juventud fue excepcional, aunque no siempre feliz. Estaba en plena pubertad en 1956; sin embargo, las experiencias y la madurez adquiridas valieron la pena. Hubiera sido diferente si los acontecimientos que transformaron a Cuba no se hubieran producido y quizá ni siquiera me hubiera dedicado a la Historia.

El pasado, el presente, el futuro…

El futuro se proyecta mejor en el presente si nos aproximamos y profundizamos en el conocimiento del pasado. He ahí la importancia de la Historia, porque cómo enfrentar un futuro ignorando la conciencia social, negando las costumbres, desaprovechando la experiencia adquirida.

La esperanza, el optimismo…

Nunca me abandona la esperanza. Cómo no ser optimista al cabo de tantos años de mi vida. Soy optimista por naturaleza y la mejor muestra es que he seguido escribiendo sobre los cubanos del pasado con la esperanza de publicar en el presente, pero con el sueño de ser estudiada y superada en el futuro por los historiadores de nuevas generaciones en Cuba.

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