Omara: Cuba, ¿un documental para quién?

Berta Carricarte • La Habana, Cuba

La cultura cubana se debe y le debe documentales a no pocas figuras imperecederas de la creación artística en este país. No se trata de que cada cual vaya a tener el que merece, para llevarlo bajo el brazo como se lleva un galardón o una medalla en la solapa. Un documental como el que se presentó el jueves 12 febrero en la Sala Chaplin, no es solo para congratular a Omara por más que se lo merezca. Omara: Cuba, es un documental para dar perpetuidad al regocijo de ser cubanos, para educar, para enseñar, para rememorar, para arrancar la nostalgia del pecho y hacerla imagen de la nación, orgullo de la patria, pabellón de emociones vivas. En tiempos en que las dificultades se agolpan unas a otras y por eso sobrevivimos, hay que recordar quiénes fuimos, quiénes somos, y por lo menos soñar lo que seremos.

Imagen: La Jiribilla

En 1983, Fernando Pérez nos había regalado un insuperable retrato de la diva, una joya documental inimitable, fruto de un hombre talentoso compulsado por el hechizo de una mujer extraordinaria. Otro cineasta, Lester Hamlet,  viene ahora, poseído de una sensibilidad indiscutible, a re-anudar la historia de Omara y entregárnosla con la misma naturalidad con que ella tejió los avatares de una hermosa carrera musical. No es este un documental definido por el pedantismo autoral, ni se abroga protagonismos discursivos ni malabarismos estéticos; sino una pieza estructurada a partir de las entrevistas que se alternan con fragmentos ilustrativos o ejemplificadores. Y esta forma de contar, tan explotada en el documental contemporáneo, corre aquí todos los riesgos que se derivan de su elección formal. Principalmente el abuso de los testimonios, cuestión que afecta la edición a propósito de la coherencia y el ritmo del relato. El ambiente icónico se sobresatura también por la recurrencia a la presentación de caricaturas, que debieron ser filtradas al máximo y colocadas muy esporádicamente, cuando en verdad fueran indispensables. Pero esas cosas pasan inadvertidas si el espectador se sumerge en la historia, si acepta de buen grado un pacto de absoluta complicidad. Y un documental de Lester Hamlet sobre la novia del feeling, merece todas las dispensas del mundo.

Sobre la vida artística de Omara vertieron sus criterios personajes de la talla de José María Vitier, Eusebio Leal, Pablo Milanés, Chucho Valdés, Teté Carturla y Ángel Díaz, entre otros.  Mención aparte le dedico a Amaury Pérez Vidal, de quien escuché los testimonios y alabanzas que más me conmovieron, que mejor vi brillar, en los que más profundidad emotiva percibí. Los instantes de mayor eficacia comunicativa y expresiva se consiguen en el contrapunto entre los argumentos de Amaury y la evocación visual que los corrobora a través de un montaje muy bien resuelto; por ejemplo, cuando se refiere a la interpretación que hizo Omara de la Cecilia Valdés de Gonzalo Roig. Claro, Amaury es poeta, es compositor, es intérprete, es un buen comunicador y se nota especialmente inspirado, a tal punto, que sus palabras por momentos son la oda perfecta, porque alaban a la artista, ponderan el virtuosismo pero también descubren a la mujer en su sensualidad, su campechanía, su transparencia humana, su valía moral, su cubanidad. 

Conocida figura de la creación audiovisual en la Isla, Lester Hamlet ha cursado estudios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y es graduado de Dirección en la Facultad de Arte de los Medios de la Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte.  Su currículo informa sobre una larga lista de music-videos, comerciales y spots, así como varios cortos y tres largometrajes: el segundo cuento de Tres veces dos (Lila), 2004; Casa vieja, 2010 y Fábula, 2011. Este documental es el resultado de una sabia encomienda que la discográfica Colibrí y el Instituto Cubano de la Música, pusieron en manos de Lester. De esta forma Omara: Cuba, nace de un modelo de producción independiente, acogido por los dispositivos de exhibición del ICAIC; operatoria donde sale beneficiada la memoria cultural de nuestro país.

Para dejar constancia videográfica de la carrera sui géneris de Omara Portuondo, el realizador permitió que la protagonista, a sus más de 80 años de vida, expusiera con libertad su visón de sí misma, incluyendo episodios de cuando aquella jovencita  empezó en el mundo del espectáculo como bailarina de Tropicana, hasta llegar a ser la deslumbrante y deslumbrada voz femenina del Buena Vista Social Club cantando en el Carnegie Hall de Nueva York. Es un documental sencillo en su estructura, donde la nobleza extraordinaria de esta cubana auténtica, emerge con la misma fuerza que su potencialidad interpretativa en diferentes géneros musicales.

Para mí, que un día descubrí la agradable exaltación que me producía escuchar a Omara y que me compulsa a “imitarla” cantando en la solitaria complicidad de mi casa, el documental me dejó con deseos de escuchar más, de empaparme con su música cuanto antes. No sé si ser tan singular la hace más cubana o más universal. Tiene razón Amaury: cuando Omara se apropia de una canción, no habrá quien pueda interpretarla mejor que ella. Piezas antológicas como “Dos gardenias”, “La era”, y “Vuela pena”, entre otras, están marcadas por el sortilegio fascinador que les imprime Omara, y acompañadas del demonio sugestivo que reverbera en el arte verdadero.

Si no se ha hecho, es evidente que el siguiente paso sería reunir todas las presentaciones de Omara en un material compacto, de naturaleza diferente, que permitiera su disfrute total sin la fragmentación ni los comentarios propios de la retórica documental. Son válidos todos los caminos que nos permitan justipreciar lo mejor de la cultura cubana. Cada acción, en ese sentido, no solo es para hoy, no solo es para el homenaje coyuntural, no solo para enaltecer y enorgullecernos ahora. Omara: Cuba es para todos y para siempre.

Comentarios

comentarios muy acertados y un desborde de pasion y orgullo permean este articulo, muy bueno

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