El triángulo amoroso de Bailando con Margot

Antonio Enrique González • La Habana, Cuba

Como importantes cintas de cine negro o su variante más contemporánea del neo noir, que se respete, la cinta Bailando con Margot, ópera prima del director cubano Arturo Santana, cuyo rodaje acaba de concluir con perspectivas de estreno en el venidero Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, también tiene como uno de los roles principales la enigmática y seductora femme fatale, apelando a los grandes y amables fantasmas del pasado como la Laura de Otto Preminger (1944), la pelirroja Gilda de Charles Vidor (1946), la terrible Eva de Joseph L. Mankiewicz (Todo sobre Eva, 1950) o la Cora de El cartero llama dos veces (Tay Garnett, 1946 y Bob Rafelson, 1982). En este caso, Margot de Zárate deviene también el eje central de Bailando…, cuyo presente diegético resulta el 31 de diciembre de 1958, cuando el detective privado Rafa (Erdwin Fernández) acude a investigar el robo de un cuadro en la mansión —ambientada fundamentalmente en el Museo Nacional de Artes Decorativas— de la aristocrática dama.

Imagen: La Jiribilla

De investigador, Rafa deviene confesor y celoso depositario de la tormentosa historia de esta mujer, encarnada en la “presente” etapa madura por Mirta Ibarra, quien durante esa jornada rememorará definitorios pasajes de su vida. “La Margot que hago es la Margot que ya ha vivido y sufrido toda una trayectoria vital, que amó intensamente y que vive con el recuerdo de su marido Esteban (interpretado por Niubel Ventura) en esta mansión —comenta la Ibarra—; pero es una mujer que viene de la clase pobre, se refugia en La Habana buscando mejorar su vida. Pues, de pronto empieza a bailar, empieza a tener una vida, no disipada, pero en el primer encuentro con él casi inmediatamente ella lo lleva a este lugar donde canta, donde se acuestan. Tampoco es una guajirita puritana cuando él la conoce. Ya ha evolucionado, es una muchacha que se ha integrado a La Habana, al baile, al canto, y claro, a mí me toca la parte en que ya ha vivido y perdido a ese gran amor. Es una señora prácticamente aristocrática, ya ha pasado a otro estatus social, donde mira por encima del hombro, rodeada de criados, y vive la vida con su marido pero de una manera mucho más infeliz. Además, es una persona que tiene todo el sufrimiento de haber presenciado la transformación que sufrió su marido, de una persona linda, hermosa, con valores, a un hombre capaz de cualquier cosa…”

La gran danza de los recuerdos que se desencadena, retrotrae a Margot hasta 1918, momento a partir del cual la historia avanzará a los años 1928 y 1933 hasta cerrar el círculo en el mismo 1958. En estas primeras fechas, el personaje será encarnado por la joven actriz Yenisei Soria, cuya experiencia proviene sobre todo del teatro, como integrante de las compañías Origami Teatro, Teatro de la Luna y Mefisto Teatro (también tuvo un personaje en la pieza Bent, del inglés Stephen Bailey). Ha debido estructurar su rol a dúo con la Ibarra, en una suerte de diálogo histriónico-generacional, que, al decir de Santana, “fue un reto, sobre todo teniendo en cuenta las características de Mirta, una actriz con una gran trayectoria cinematográfica. Siempre pensábamos en lo que opinaría Mirta de nuestra selección. Y cuando la vio, me dijo: ‘yo era igualita a ella cuando era joven′; y entonces nos reímos mucho. Ellas se han acercado, ha intercambiado, han ensayado juntas. Han sido puntas del mismo lazo. Ha existido un equilibrio muy bonito y creo que se han retroalimentado”.

Para Yeni, la interacción con este importante otro rostro del cine cubano, “ha sido muy buena porque también le pedí ir a algunos de sus ensayos y rodajes, porque trabajamos diferentes días. Quise estudiar, las dos juntas, la gestualidad, para que trascienda las épocas, sea el 18 o el 58, pues ya están incorporadas a las dos, pues somos la misma persona. Hemos trabajado un poco en el tono, en el timbre de la voz, porque ella tiene muchas escenas de seducción, pues en el personaje es innata la seducción. Margot tiene un aura de sensualidad tal como yo la visualizo, y las dos trabajamos sobre esa misma cuerda, para que en estas escenas donde está Margot con Esteban, de Margot con Rafa, el detective que le recuerda tanto este amor de su vida, tenga ese mismo estado, ese mismo sentimiento de seducción, el mismo timbre, el mismo ladeo de la cara… Las dos fumamos también, acordamos fumar con la misma mano; las dos bailamos un danzón y con ese danzón, ambas hemos tratado de semejarnos, a pesar de los años. Eso queda porque es una misma persona y hemos hecho un estudio para que no exista esa gran distancia entre las dos actrices, sino una sola persona, un solo personaje que es Margot”, apunta la Soria.

Imagen: La Jiribilla

La sensualidad de la joven Margot se fue construyendo sobre las bases del lenguaje corporal y gestual, que sugiere, insinúa más allá de las palabras, porque, como acotó Yeni “siempre me han parecido mucho más interesantes los silencios orgánicos y lo que pueda llevarle a imaginar al espectador; lo que pueda estar pasando por dentro de ese personaje, más que lo que se está diciendo. Hay poco texto porque así también lo concebí junto al director Santana. Hemos hecho un amplio trabajo de mesa. Hay escenas donde es tan vivo el sentimiento, que es mucho más interesante que lo que se tiene que decir. Si se habla, se rompe, se mata la magia de ese momento que está sucediendo en silencio orgánico. Y por eso hemos trabajado en algunos textos que sí, pueden decir, pero desde mi punto de vista, como actriz y de él como director, llegamos al consenso de que era mucho más interesante lo que podíamos transmitir desde el mundo interno de este personaje, tanto Esteban como Margot...siempre eso va a decir mucho más al espectador y va a provocarle mucho más sentimiento”.

Para el director, debutante en las lides del largometraje, la también principiante Yeni Soria, “es una actriz muy inteligente, muy sensible, como le digo yo, que siempre tiene una fibra despierta y muy receptiva. Su formación teatral, también desde la danza, ha encajado muy bien en la película, por su tono, que se mueve entre géneros. El intercambio conmigo también ha sido interesante, por mi gran inclinación hacia el teatro, hacia la literatura. Y esa mezcla entre ambos es lo que nos ha llevado a que el intercambio sea muy humano, increíble. Ella, te confieso, es de las actrices más sensibles que he conocido. En fin, dicen que los directores nos enamoramos de las actrices y yo estoy enamorado de las dos Margot...”    

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