Promoción de la literatura cubana:

Romper con los mecanismos impropios
de nuestro tiempo

Leonardo Padura • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Uno de los problemas esenciales y que tenemos en el panorama de la vida literaria cubana, pero que también incide en la literatura y mucho, es el reconocimiento de en qué contexto cultural e histórico nos estamos moviendo.

Hace unos años se gestó la discusión de dónde estaban los límites de la literatura cubana con respecto a la lengua, y es un problema que vamos a tener que discutir cada vez más en la medida en que se incorpore toda una literatura que de alguna forma es cubana.

Habría que ver hasta qué punto la literatura cubanoamericana entra o no en el canon nacional y tomar nuevas definiciones, a lo que nos vemos avocados creo que cada vez con más insistencia; sobre todo porque hay una parte cada vez más notable de la literatura cubana que se está escribiendo fuera de Cuba, contextualizada o no en la Isla. Un grupo muy notable de escritores cubanos vive y crea fuera, con una relación mayor o menor con el contexto insular. Son problemas que empiezan a tomar un carácter muy complejo y mucho mayor de lo que lo percibíamos hace unos años. En esas definiciones aparece otro de los problemas de la vida literaria cubana que más nos afectan y que no se tocan, como es la situación actual de la crítica literaria en Cuba.

Imagen: La Jiribilla

Con las condiciones que tiene nuestra crítica literaria, muchos de los problemas de la vida literaria y de la literatura no se van a poder resolver. La crítica pudiera decirse que es un mal necesario, pero sobre todo ratificando que es necesario, porque en el acto de categorizar, de valorar, de definir, de limpiar territorio, esta juega un papel que es muy importante. Lo que ocurre es que la crítica también tiene una apelación con una entidad que nosotros no tenemos en Cuba como es el mercado, y es algo que vamos a tener que fomentar con todo el cuidado con que hay que trabajar siempre el espacio de los productos culturales, pero creo que va a ser necesario fomentarlo.

Mientras en las artes plásticas se ha gestado un mercado que ha ido valorizando la obra de determinados artistas cubanos que viven dentro o fuera de Cuba —incluso algunos que tienen una obra que uno se pregunta cómo es posible vender esto, a quién se le vende— se ha creado una serie de estratificaciones en las que están publicados los pintores cubanos más importantes; por supuesto siempre hay ciertos advenedizos que aprovechando determinadas situaciones favorables, sobre todo en el ámbito doméstico, a veces se convierten en artistas que parecen representativos aunque para nada lo son. Existe esa caracterización con independencia de que tampoco consta una crítica notable de las artes plásticas. Se maneja alguna teoría, gente que ha tratado de sistematizar algunos movimientos…, pero en este ámbito también la crítica es inexistente.

La crítica pudiera decirse que es un mal necesario, pero sobre todo ratificando que es necesario, porque en el acto de categorizar, de valorar, de definir, de limpiar territorio, esta juega un papel que es muy importante.

Pero en el caso de la literatura es fundamental, en la medida en que la crítica sirve como un puente que relaciona a la creación con el lector, así como a la creación con el lector y el mercado. Insisto en este último porque creo que la literatura cubana no la sabemos vender porque no existen mecanismos de promoción que realmente funcionen fuera de determinadas coyunturas que pueden ser políticas, grupales, de pequeñas capillas, de intereses más o menos puros o impuros… pero fuera de eso no existe realmente una política de promoción de la literatura cubana. No existe hace muchos años. La Agencia Literaria que tenía todo el poder para decidir quién publicaba o no fuera de Cuba, creo que lo hizo muy mal. Era muy fácil vender a Lezama, Carpentier o a Virgilio y con eso se conformaban y prácticamente no existía para el resto de los escritores. Nunca hizo realmente un trabajo de promoción.

No existe un mecanismo en las editoriales cubanas que cree ese sentido de lo necesaria que es la promoción de la literatura, como es inexistente aquel que conscientemente contribuya a promover y visibilizar el trabajo literario, porque ese mecanismo de alguna manera también depende de la existencia de un mercado del libro que esté interesado en vender una cantidad de ejemplares de una obra literaria que funciona y tiene una recepción por parte de los lectores, y por eso trata de hacerla presente y de promoverla.

Estamos en el año 2015, entrando a una velocidad tremenda en este primer cuarto del siglo XXI y todavía en Cuba funcionamos con mecanismos impropios de nuestro tiempo, sin la capacidad de entender hasta qué punto los productos culturales han entrado en una dinámica diferente, que se ha hecho mucho más compleja con toda la revolución digital, la cual significa un fenómeno del cual ni siquiera tenemos idea exactamente de lo que representa, pero que ha significado y está significando un cambio enorme en toda la promoción y distribución e incluso en la creación de productos culturales en todos los órdenes.

Todavía estamos funcionando con mecanismos del siglo XX en un momento del siglo XXI en el que ha habido una revolución, un cambio de era para el cual no hemos encontrado respuestas. Sé que todas estas cuestiones pueden tener una justificación económica —por supuesto que la economía en la cultura tiene un peso importante— pero hay que ver dentro de las posibilidades económicas o de las capacidades económicas que tengamos cuánto hemos hecho por la promoción, discusión, valorización y presencia de la literatura cubana dentro y fuera de Cuba.

 

Fragmentos de la intervención del escritor en el Panel Literatura cubana: tendencias y problemas, con sede en la UNEAC

 

Comentarios

Ojo editores, en el párrafo 3, creo que debiera decir abocados = enfrentados; no avocados = solicitados ¿no?

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