A la literatura no hay que pedirle respuestas, pero sí que formule ciertas preguntas

Jorge Fornet • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Una de las claves que revela la sobreabundancia literaria en la literatura cubana es una solución de nuestro país y es un problema, una satisfacción y un escollo donde se encuentra no solo el crítico sino también el lector, lo cual es más importante aún.

La proliferación de editoriales a nivel nacional trae la ventaja enorme de que hay un acceso masivo de jóvenes escritores a la letra impresa, lo que por supuesto es loable, pero empiezan a ocurrir dos cuestiones que me parecen las más preocupantes: por una parte muchos autores no conocen la gaveta del escritor, sino que pasan directamente de su cabeza a la pantalla de la computadora, al libro y a la editorial. Entonces uno dice, le hubieran venido bien unos seis meses de enfriamiento. Por otro lado está la inexistencia de la crítica. No existe una crítica que acompañe a estos escritores.

Imagen: La Jiribilla

Más de una vez he escuchado que a los críticos solo les interesa la literatura que se produce fuera de Cuba o la de las vacas sagradas y no están al tanto de lo que se produce en provincia. La única respuesta que puedo dar ante estos criterios es que estos movimientos tienen que generar su propia crítica. Hay una especie de contradicción flagrante en el hecho de que hay un crecimiento de una literatura a nivel de provincia, no provinciana, sino con todas las capacidades y los derechos de cualquier otra y la mentalidad provinciana de esperar que venga alguien de “La Habana” o de donde fuera a descubrir a esos autores. Si le pides a un crítico que vaya a descubrir al escritor de Manzanillo, ¿quién descubre al de Camajuaní? No es así como se produce esto. El movimiento editorial que acompaña a la narrativa por ejemplo, no está al mismo tiempo acompañado de una crítica, no hemos sido capaces de que genere su propia lectura, por tanto la dispersión que hay es enorme.

Los escritores cubanos tenemos también el desafío de abordar el tiempo que estamos viviendo. En cierto sentido vivimos un momento bastante peculiar, de transición, muy atractivo pero a la vez muy complicado para la literatura.

Los escritores cubanos tenemos también el desafío de abordar el tiempo que estamos viviendo. En cierto sentido vivimos un momento bastante peculiar, de transición, muy atractivo pero a la vez muy complicado para la literatura. Sabemos que esta no se encarga de darle soluciones y respuestas a cosas que están ocurriendo hoy mismo, sino que suele digerir los procesos de otra manera o responderlos tangencialmente.

Por otro lado la literatura cubana cada vez se parece más a la latinoamericana, y sin embargo no puede desprenderse de esa especie de anclaje en la Isla. Hay una especie de tensión amor-odio con el país en el buen sentido de la palabra, en el sentido productivo de los términos. Por ejemplo en los años 90 en América Latina ocurrió que en medio de la euforia neoliberal hubo grupos dominantes que intentaron apartarse de esto, y algunos de los ideólogos de esa literatura dicen que América Latina no existe, hablemos de este como de cualquier otro territorio, sin embargo resulta que sí existe y que quienes vienen detrás no pueden evitar ser narradores latinoamericanos. Es un recurso saludable que se hace esporádicamente. Periódicamente hay un grupo que trata de olvidarse del país porque viene bien y a veces el peso de este es tremendo y ese enriquecimiento, ese aire más o menos puro que viene de afuera es muy atractivo y es literaria y culturalmente muy productivo; pero inevitablemente la realidad de alguna manera se impone.

Entonces mi pregunta es ¿qué tiene que aportar la literatura en un momento como este? La literatura a la que no hay por qué pedirle respuestas, pero sí que formule ciertas preguntas que la propia sociedad se está haciendo.

Nosotros tenemos quizá un problema adicional —cuando hay un género como es la crónica con mucha fuerza en el continente y no hay grandes cronistas entre nosotros, sino pocos—; y es que esta necesita entre otras cosas un tipo de publicación que la acoja, es decir es un género muy peculiar. Nadie escribe crónicas en abstracto para que aparezcan un día en un libro, no suele funcionar así. En Cuba impera una escasez o casi inexistencia de suplementos literarios, por lo que es muy difícil producir en ese ambiente este otro tipo de literatura, de modo que la literatura cubana tiene esa presión adicional sobre sí.

 

Fragmento de la intervención del investigador y director del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas en el Panel Literatura cubana: tendencias y problemas, con sede en la UNEAC

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