Por la danza total

Pedro Ángel • La Habana, Cuba

A punto de cumplirse 55 años de la función inaugural de la compañía grande de la danza cubana, entiéndase moderna, contemporánea y aún más, Danza Contemporánea de Cuba acaba de entregar al público habanero, en el teatro de la Calle Línea, una tríada de creaciones diferentes entre sí pero con el común de mostrar el supraestilo que viene forjando desde hace años, tendiente a un modo total de hacer la danza. Dos estrenos mundiales Tangos cubanos, del británico Billy Cowie, y Retorno, del cubano Alexis Zanetti; junto a la reposición de Reversible, reciente creación de la coreógrafa colombo-belga Annabell López Ochoa.

Imagen: La Jiribilla
Tangos cubanos. Foto: Adolfo Izquierdo
 

Voy a contarte una historia

En una decena de acontecimientos, breves, sencillos, como fotos, aparentemente poco propicios para dotar de un eje épico a la gran obra que se nos presenta… Son recuerdos, evocaciones de La Habana referidos de forma tal que casi podría decirse que no pasa nada, no es más que la vida. [1] Es que Billy Cowie en Tangos cubanos  se entrega como un poeta de la profunda sugerencia, su obra se desplaza por un universo de sutilizas, el disfrute del beso intensificado por las manos atadas, el deleite pleno; el goce de unas piernas sensuales en una danza que no permite el desplazamiento de los cuerpos, ni la desnudez del erótico pie; la respuesta del dedo irreverente ante la solicitud de un beso; la levedad del vivir; la insinuación de como se pasa la vida, tan callando [2], la imaginación desbordada y su tangencia con jirones de una realidad tan nuestra digerida y presentada en la visión de ese otro que es el coreógrafo.

Es todo un ritual de la sobriedad, es la delicadeza,  la economía de medios, el símbolo abierto con múltiples aristas significativas, es el hacer un viaje al profundis del intérprete para luego recibirlo reelaborado en cada pasaje, en cada momento. ¿Cómo logra Billy Cowie tal tenue atmósfera en un mar de 20 bailarines trepidantes por naturaleza que ajustan sus sonoridades a ese,  tan lírico y leve tañido?

Es la hazaña de un maestro en plenitud, de una voz propia bien definida, en un espectáculo conmovedor. Pero si hay una clara pericia del coreógrafo, no puede dejar de elogiarse el diseño visual, de Silke Manshol, el vestuario, de Holly Murria y el trabajo de luces, de Fernando Alonso; en plena armonía con la obra.

Y luego de disfrutar tal pieza, encaminada hacia lo más atrevido del arte de nuestros días, el cronista desea interesarse por los asuntos de la estructura y se pregunta: — ¿Qué ocurriría si probásemos a alterar el orden de los pasajes? ¿Lo resistiría la obra? Es probable que si, para ser, tal vez, una obra y otras muchas más en un surtidor de significados… ¿probamos?

O, tal vez, reversible…

Estrenada apenas un mes antes, Reversible retorna a las tablas del Mella con ligeros ajustes que la hacen una pieza más fluida pero donde el cronista siente la ausencia del pasaje de los bailarines travestidos jugando al trueque de géneros, que en la puesta de esta semana se resumió a la pareja que lleva el liderazgo de la escena.

Reversible, como todo lo que conocemos de la obra de la López Ochoa, es pieza que se deja querer por el público y con seguridad, siempre será bien recibida.

Quienes presenciaron Reversible por vez primera, habrán tenido ocasión de constatar el bien acreditado talento de su creadora. Su modo de crear, haciéndose dueña de la escena y extrayendo el extra de cada uno de los danzantes.  En este programa del aniversario, vino a jugar un papel adicional, de obra puente entre el dominio lírico de la obra de Billy Cowie y los robustos trazos de la creación de Zanetti.

Imagen: La Jiribilla
Retorno. Foto: Yuris Nórido
 

Dime si ya eres libre / como es el viento…

Retorno, la obra urdida por Alexis Zanetti, quien fuera bailarín de la Compañía es un indagación en torno al ayer y el hoy, acerca de lo vivido y lo por venir. Un negro primigenio domina la escena con su danza encabalgada en la música de Juan Sebastián Bach y concluye al galope de toques del complejo de la rumba. En él hay algo de Filomeno Golomón [3], aquel que interpelara a Vivaldi acerca de la ópera. El eterno retorno, la serpiente que muerde su propia cola, el ser quien es, con lo suyo, con lo propio. Con la simpatía cubana, folclor y tradición vivos como remedando la desafiante expresión El folclor soy yo [4], la tradición soy yo. Vivo, desgarrado  y desafiante.

Dura faena la de bailar como ellos mismos, como quienes les antecedieron y como otros que ellos no son… pero  resulta que también son, es prueba de un dominio mayor del arte de danzar y una prueba más de estar en ese farragoso camino que lleva a la sabiduría —que también está presente en este arte—, en esa larga marcha hacia una danza total.



[1] Evocando versos de Eliseo Diego de En la Calzada de Jesús del Monte.
[2] Jorge Manrique en Coplas a la muerte de su padre.
[3] Filomeno es uno de los personajes de Concierto Barroco, de Alejo Carpentier. Supuesto nieto de Salvador Golomón, el héroe de Espejo de Paciencia.
[4] La expresión es del compositor brasileño Heitor Villa-lobos.

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato