El cuento: uno de los pilares culturales
de la contemporaneidad india

Antonio Enrique González • La Habana, Cuba

En este mundo, donde la norma cultural en su sentido más amplio, es arbitrariamente regentada por las naciones de sino greco-latino y judeo-cristiano —como segunda encarnación de los primeros orígenes—, resumidos en la amplia pero canónica noción de Occidente, el Este sigue resultando exótico, incluso ignoto hasta el más absoluto desconocimiento sobre sus dinámicas de vida y expresión. Conocida la India entre los grandes públicos cubanos sobre todo por su pintoresco y fulgurante cine boollywoodense altamente kitsch, su literatura, de milenaria tradición, y mucho menos la escritura contemporánea, apenas ha calado en las preferencias de los lectores nacionales. El panel dedicado al cuento indio, en la Sala Rabindranath Tagore, en la Fortaleza de La Cabaña, integrado por la doctora Mercedes Crespo y la escritora y traductora Susana Haug, sirvió a los presentes de preliminar acercamiento, quizá provocación, para atisbar por encima de las bardas muy altas que aún se levantan entre el Occidente empoderado y el Oriente replegado.

Una literatura que además de sus centurias acumuladas, se compartimenta en más de veinte idiomas nacionales y oficiales, desde el inglés impuesto por los colonizadores británicos hasta los autóctonos Sánscrito y Urdu, ya de por sí torna compleja su cartografía, donde, como señaló la Crespo, cuya disertación se concentró en la creación dedicada a niños y jóvenes, entre todos los géneros literarios cultivados, prima “la épica, la teología, los grandes relatos cosmogónicos, el teatro y las fábulas”. Ahí están los Vedas, los Upanishads, el Ramayana, el Mahábharata, el teatro de Khalidasa (Shakuntala) y otros.

Más allá de los clásicos tradicionales, “la literatura para niños impresa en la India es aún muy joven, tiene apenas una historia de 150 años y ha tenido un lento crecimiento y desarrollo. A pesar de los escollos, lentamente se ha ido abriendo paso sobre las altas murallas de los tabúes.” Mercedes Crespo también apuntó que para muchos, “la literatura existente para los niños ha sido enfocada por algunos como un asunto de política de estado, por el hecho del trabajo manual infantil o por estudios psicoanalíticos sobre su crecimiento. También se han producido importantes trabajos sobre la crianza de los hijos varones y de las hijas hembras, dentro de un discurso de una nueva familia”.

Apuntó más adelante que “expertos en el tema consideran que la literatura existente en la India dedicada a los niños, se necesita para que fomente el desarrollo de una fuerte identidad en los infantes que están privados de otros medios que les guíen en aquellos temas tan difíciles y actuales como es la rebelión familiar, la discriminación de género y el sistema de subsistencia diaria”.

Relacionada Susana Haug —según confesó— con la “ingente y multicultural producción literaria actual de la India” por la selección y traducción parcial del volumen Cuentos indios (1900-2000), que presenta la editorial cubana Arte y Literatura a partir de la compilación original de la Sahitya Akademi, recalcó que en el escenario actual prima la publicación y promoción de autores de expresión inglesa, obligando tal circunstancia a los creadores cuya lengua natal puede ser el canarés o el guyaratí, a hacer del inglés un segundo idioma si esperan ser difundidos más cabalmente.

Por otro lado, la novela prevalece como forma fundamental, despreciándose una forma como el relato corto que “ayudó a construir la modernidad de la literatura india a través de los muchos magazines, de las muchas publicaciones periódicas que en la primera mitad del siglo XX, con una ingente capacidad para tratar de dialogar y comunicar a un público creciente, a un público de migraciones del campo a la ciudad que a su vez  necesitaba el contacto con la prensa, el contacto con la forma breve que esas publicaciones, a la manera de los folletines, al estilo de la Europa del siglo XIX, o la literatura estadounidense que incluía cuentos en las revistas de gran circulación; pues lo mismo ocurrió en la India, para darle un peso muy grande a la literatura breve. No se puede separar el crecimiento acelerado que tuvo esta forma del desarrollo cada vez más palpable de la prensa, en un país de muchos millones de habitantes, en un país de grandísimas diferencias y contrastes, en términos de costumbres, de lenguas”, en una nación donde “la cantidad de publicaciones periódicas está en el orden de las decenas de miles. La lengua hindi, solamente tiene más de diez mil”.

Respecto a la primera mitad del siglo XX, la Haug acotó que “pudiéramos trazar muchos parecidos con la literatura latinoamericana, en que las preocupaciones fundamentales van hacia los temas del realismo social. Hay una menor individualización de los personajes y un mayor espíritu de colectivismo. Los dramas de las aldeas y poblados son lo que domina dentro de estas primeras ficciones, dentro de un ambiente más rural que citadino. El cuento se centra en la denuncia, en expresar un testimonio y denunciar una realdad social oscura, miserable, llena de injusticias, de jerarquías, no solo en el caso de las castas, también en la discriminación genérica; hay muy pocas voces femeninas en esta época. El existencialismo y otras variantes de introspección psicológica, de monólogos interiores, de usos de un lirismo mucho más abstracto y menos anclado a una realidad real se van dando quizá después de la independencia de la India, después del intento de descolonizar la mentalidad y la cultura indias.

“Entre los cambios más interesantes que encuentro como lectora están que se suman a la idea de la literatura mundial contemporánea, de la obra abierta. Se prescinden de los finales cerrados, de los universos a los que no se puede escapar como una especie de destino ineluctable, para proponer finales más abiertos. Otra de las cosas muy notables es la presencia cada vez más significativa de voces femeninas.” Empiezan a aparecer temas “absolutamente tabúes dentro de la literatura india como el de las sexualidades transgresoras, la homosexualidad, el lesbianismo, las posturas gay”.

Acotó Susana Haug que en esta época sucede “una apertura ideológica a medida que la India se abre económicamente, va cambiando su sociedad con los contactos que va teniendo con la literatura occidental. Hay una cierta occidentalización que se convierte en uno de los motivos más álgidos y de mayor tensión hacia el interior de esta nueva literatura: cómo conciliar lo tradicional, ese sentido del estatismo o la pasividad de la cultura india, con el sentido de progreso y de cambio propio de la civilización occidental.” Así, “esta tragedia de como acoplar lo pasivo con lo moderno, la tradición con la inserción de la India y sus intelectuales en el escenario internacional y cómo conciliar las voces dentro de la India con esa enorme diáspora india, pues se convierte en un desafío más, dándole un sentido más posnacional a sus historias literarias”.         

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