24 Feria de La Habana

Libros navegan la crisis

Soledad Cruz • La Habana, Cuba

A pesar de la crisis que recorre el mundo y pone en jaque los más apreciados principios civilizatorios, a pesar de vaticinios pocos estimulantes, malos augurios, preocupaciones ante la suerte que correrán el libro y su lectura ante el empuje de las nuevas tecnologías, la 24 Feria de La Habana, como tantas otras que se celebran en el mundo, atrae a miles de personas que colman sus escenarios múltiples en la capital de la Isla más cuestionada del mundo.

Como en otras latitudes hay públicos para las diversas opciones. Por supuesto unas más demandadas que otras y estas encuentran su fuerte en temas tan diferentes como los libros destinados a los niños, los de utilidad práctica para el aprendizaje, los que complementan la información de los textos escolares, los que develan aristas humanas de personajes históricos, los de autoayuda, los relativos a la sexualidad, los dedicados a la cocina, las modas y los de franco aliento contestatarios, los cuestionadores de la realidad nacional, como los de Leonardo Padura.

Porque aunque se llenan páginas en el mundo proclamando la falta de libertad creativa, las producciones artísticas del país de los últimos años muestran con mayor o menor aliento estético un gran abanico de enfoques críticos sobre lo sucedido en los últimos 50 años, incluyendo el ámbito literario, lo cual, cuando menos, pone de manifiesto que los cambios que se han propuesto al interior del país no son puro maquillaje, sólo que los cambios de mentalidad, que implican los de la realidad, no se producen por decretos por muy buena voluntad que exista para acelerarlos.

El conmovedor y honesto discurso de Eduardo Heras León al recibir el Premio Nacional de Literatura 2014 puso de manifiesto contradicciones y conflictos lamentables y felizmente rectificados,  pero no inevitables en el maremagnos de un proceso social empeñado  en  profundas transformaciones a favor del bien común de manos y mentes provenientes de muy diferentes vertientes ideoestéticas, de muy diferentes concepciones sobre la sociedad que se quería edificar, aquejados de los prejuicios propios de la época, además, acosados desde dentro y fuera por aquellos que negaban a una Isla ser una nación independiente.

No todos los creadores, tuvieron el discernimiento de Heras León y Silvio Rodríguez, dos ejemplos paradigmáticos entre otros,  de sobrepasar las incomprensiones, ataques e injusticias ciertamente sufridas, más por la ignorancia que por la mala fe, ante las realizaciones colectivas notorias en los planos educacionales, culturales, artísticos que condicionan ese sentido crítico tan profundo, ese sentido de exigir derechos, esa inconformidad con el mal funcionamiento de la sociedad pero que también propiciaron sucesos como la Feria Internacional del Libro de La Habana, el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival Internacional de Ballet y tantos y tantos eventos, sostenidos a pesar de la precariedad económica del país.

No se trata de justificar los errores, sino de contextualizarlos para entender por qué se produjeron como hace ese discurso de Heras León con profundidad intelectual y generosidad humana sin abdicar de sus principios de creador, de su apego a la verdad que al decir de Martí es el mejor camino para servir a la patria. Y desde mi punto de vista este fue uno de los momentos notables de esta 24 Feria del Libro de La Habana por el reconocimiento merecidísimo al escritor y al maestro y porque rectificar es uno de los actos más sabios del devenir histórico.

Paneles y mesas redondas de la 24 feria habanera analizaron temas de la historia y de la más reciente actualidad y también hubo foros y encuentros que enfocaron su atención en la literatura que se realiza en el país, tanto para los más jóvenes lectores como para los adultos en los cuales salieron a relucir temas objeto de polémica que van desde no rehuir los temas difíciles en la escritura para los más chicos hasta la llamada sustitución del periodismo por la literatura porque aquel no asume en el cotidiano todavía temas y enfoques que la ciudadanía reclama.

Creo que, en efecto, al periodismo nacional le falta sentido de la inmediatez y profundidad en el tratamiento de muchos asuntos pero la realidad, mirada como infinitud no fácilmente apresable siempre ha sido asunto para la literatura y, por otra parte es verdaderamente notable la variedad de miradas y estilos que conviven hoy en la literatura que se realiza,  a través de la cual se expresan diferentes generaciones de escritores y tales rasgos se observan por igual en las obras para los niños que en las destinadas a otros sectores erarios.

A pesar de las limitaciones editoriales no hay dudas de que muchos y muchas escriben hoy en Cuba y los libros, las antologías, las selecciones, los premios así lo demuestran. Talleres literarios en lugares inimaginables, cursos televisivos, las editoras territoriales, el Centro Onelio Jorge Cardoso, creado y dirigido por Heras León, son factores que encauzan y estimulan la vocación por la escritura y algunos lamentan que la cantidad afecte la calidad porque en este terreno también hay un alto sentido crítico de no pocos “puristas literarios” pero como se sabe ya casi no hay nada puro en este mundo y la literatura está contaminada en todo el mundo por otras expresiones de la comunicación y comienza a tener otros soportes además del libro, la oralidad, como es la cuestión digital sobre la cual la Feria mostró ya los empeños  cubanos.

Libros están a disposición de todos en los muy variados escenarios de la Feria que confirman algunas de las aseveraciones expuestas. Pero hay que leerlos y para que sean leídos deben tener una mejor promoción, una mayor información que motive a los potenciales lectores porque después que pasa la feria y el delirio que se apodera de la ciudad, decae la atención sobre todo de los medios masivos. No son frecuentes reseñas, comentarios o crítica sobre lo que queda en las librerías que puede ser adquirido sin el sofoco de las jornadas feriales, incluyendo novedades internacionales.

Preciso también es revisar la distribución a escala nacional aunque la feria que continúa en las provincias hasta abril trasladará los nuevos títulos, pero esos libros de ferias anteriores que pueden adquirirse a bajo precio deben llegar también hasta los municipios donde igualmente hay lectores ávidos y escritores que reclaman su parte de esta fiesta que demuestra que los libros siguen navegando  a pesar de la crisis como emisarios experimentados de los saberes, defectos , virtudes, aspiraciones y contradicciones de los terrícolas. La 24 Feria del Libro de la Habana ha vuelto a demostrarlo.

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